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Fr. Julio González C. OCD TIEMPO DE PASCUA 2008 PALABRA Y ESPIRITUALIDAD Pastoral de Espiritualidad Frailes Carmelitas Viña del Mar – Chile |
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CUARTA SEMANA DE PASCUA CICLO
A LUNES MARTES MIERCOLES JUEVES VIERNES SABADO Lecturas a.-Hch. 2, 14.36-41: Dios constituyó a Jesús,
Señor y Mesías b.- 1 Pe 2, 20-25: Jesucristo, pastor de vuestras
almas. c.- Jn. 10, 1-10: Yo soy la puerta de las ovejas. d.- San Juan de Hablando a los criados, Pedro, les pone el ejemplo
de Cristo, que siendo inocente supo callar y se entregó a sus verdugos, y
puso su vida en manos de Aquel que juzga con justicia. Acumula mucho mérito
quien sufre haciendo el bien, sobre todo si sus amos son severos. Lo
importante es que Cristo llevó a la cruz nuestros pecados, a fin de que
nosotros no pequemos y vivamos para la justicia. Les recuerda que en sus
“heridas” hemos sido sanados todos. Luego de su misterio pascual Jesucristo,
ha sido constituido pastor y guardián de nuestras almas. La imagen del Jesús, buen pastor del evangelio de
hoy, nos habla de la autenticidad de su misión y de su autoridad, que
traducimos como servicio hasta entregar la propia vida. Quizás la imagen del pastor fue muy sugerente en
los comienzos de Jesús, es el pastor que entra por la puerta del
redil, no como el ladrón que asalta al rebaño para robar y hacer daño. Conoce
a cada una de ellas, las llama por su nombre y ellas le siguen porque conocen
su voz, no harán lo mismo con un extraño. Como sucede a veces, los
interlocutores no se dan por aludidos, los fariseos y saduceos, son los
bandidos y ladrones. Sólo Jesús es la puerta de las ovejas. Con motivo de la resurrección, la comunidad
apostólica comprendió el alcance de esta parábola, donde el pastor finalmente
entrega su vida por cada una de sus ovejas. Este es el kerigma que Pedro
anuncia en su primer discurso al pueblo el día de Pentecostés: Jesús ha sido
constituido Señor y Mesías por Dios su Padre. Dos realidades fundamentales
para la fe primitiva que significa reconocer a Cristo, muerto y resucitado,
como dador de vida nueva y que la
conversión y el bautismo es salvación verdadera para todos los hombres. Si Cristo es la puerta del rebaño, bueno será
hacerse a su querer, oír su voz si verdaderamente queremos tener parte en su
victoria. El dio su vida por las ovejas, ahora nos toca a nosotros dar la
vida por ÉL y el prójimo, permaneciendo en el rebaño y ayudar a que otros
reconocer su voz de pastor y guardián de nuestra almas. Entrar por la puerta, que es Cristo, significa
para el místico “angostar y adelgazar la voluntad en todas las cosas
sensuales y temporales, amando a Dios sobre todas ellas; lo cual pertenece a
la noche del sentido, que habemos dicho” (2S 7, 2). Se trata de poner en
práctica el evangelio en la existencia cristiana si queremos escuchar la voz
del Pastor y conservarnos en su rebaño.
a.- Hch. 11,1-18: Pedro explica su conducta. b.- Jn. 10, 11-18: El buen pastor da la vida por
sus ovejas. c.- San Juan de Nos centramos en el evangelio, ahora en la figura
del pastor. Jesús, es el buen pastor, con autoridad y una misión que se
confirma con la entrega de su vida para dar precisamente vida a sus ovejas.
El contexto de estas palabras deja claro que la parábola va dirigida a los
fariseos, que por cierto, no se dan por aludidos, que más que guías
religiosos, son ladrones que asaltan el redil. Todo esto provocado por la
curación del ciego de nacimiento a quien ellos expulsan de la sinagoga, los
únicos ciegos para Jesús son los guías del pueblo, mientras que el no vidente
alcanza a ver la luz del día y la fe,
que le comunica el mirar de Jesús. La puerta, símbolo de la entrada en el redil, que
es Cristo, lo que identifica al
verdadero pastor, es que entra por ella y llama a cada oveja por su nombre,
la saca a buenos pastos, camina delante del rebaño, que le sigue confiado. El
pastor ladrón sólo hace estragos en el aprisco, mata las ovejas. En el AT, la
figura del pastor se centra en el Ezequiel, donde el mismo Dios se compromete
a ser pastor de su pueblo: “Porque así dice el Señor Yahvé: Aquí estoy
yo, yo mismo cuidaré de mi rebaño y
velaré por él” (Ez. 34,11). La preocupación de Yahvé, es constante por su
pueblo, visto que muchos son malos pastores. Jesús, en cambio, desde el
comienzo se define como la puerta de las ovejas (Jn. 1, 1-10), para luego decirnos que
también es el buen pastor del rebaño. Entrar por la puerta, que es Cristo es
para formar parte de su grey, tener vida eterna, recobrar así la entrada al
paraíso que nuestros primeros padres cerraron con su pecado, en definitiva
recobrar la unión con Dios Padre y su Reino. Él ha venido para darnos vida y
vida en abundancia (vv. 10). Si la puerta está abierta, es para quien quiere
cruzar el umbral. Una vez dentro la comunidad gira en torno a la voz del
pastor que enseña y comunica el querer de Dios, su Padre, en un amor que nos
sólo une los miembros entre sí, sino que también purifica para crecer aún más
como personas y como discípulos. De este modo lo entendió y propuso la
primitiva comunidad eclesial fundada por los apóstoles: entregar el evangelio
a los judíos y paganos, fundar comunidades cristianas. La entrada de Pedro en casa de Cornelio, un pagano
y lo que allí sucedió, no supo bien a todo el mundo: “Has entrado en casa de
incircuncisos y has comido con ellos” (v. 3). Pedro, cabeza de la comunidad
tuvo que dar explicaciones de su conducta. Luego de la triple visión (v.10),
Pedro va a casa de Cornelio y nada más comenzar a predicar (v.15), desciende
el Espíritu Santo (v.15), un nuevo Pentecostés, pero esta vez pagano, si lo
podemos denominar así, y entonces bautizó a toda esa familia (v.16) e
ingresaron a Se rompe el cerco de Canta el místico la dichosa ventura que significa
la unión ganada y sufrida por el Pastor de llevar sobre sus hombros esta su
esposa, el alma cristiana, rescatada de las manos de la sensualidad y del demonio,
que la llama su corona, su esposa y la alegría de su corazón. Si esto hace
con sus ovejas fieles ¿qué esperamos para adelantar en el camino de la
perfección? Es de cristianos agradecidos dejarnos conducir en la vida por tan
buen Pastor y pedirle que nos mande buenos pastores que lo representen, mejo
dicho que lo imiten en todo. Lecturas: a.- Hch. 11, 19-26: Nace la comunidad de
Antioquia. b.- Jn. 10, 22-30: Yo doy vida eterna a mis
ovejas. c.- San Juan de La comunidad de Antioquia, nace como fruto de la
dispersión que produjo el martirio de Esteban. Muchos escapando llegaron a
Fenicia, Chipre y Antioquia, pero predicaban la palabra sólo a los judíos.
Algunos sin embargo, chipriotas y cirenenses les hablaban también a los
griegos de la “palabra del Señor Jesús” (v. 20). La iglesia madre de
Jerusalén envía a Bernabé a Antioquia y quien vio el don que había echo Dios
a esa comunidad, los exhorta a permanecer unidos en el Señor. Al poco tiempo
se agrega Saulo de Tarso a esta misión, y luego de permanecer un año allí,
muchos se agregaron a Vemos así no sólo que se incrementa el rebaño de
Cristo, sino que Antioquia se convierte en la segunda Iglesia, luego de
Jerusalén, puente para el trabajo apostólico con los griegos, como la iglesia
madre, era para los judíos. El evangelio, se centra ahora en las ovejas del
rebaño de Jesús y la comunión de vida que se establece entre ellos. El
contexto es la visita de Jesús al templo en la fiesta de su dedicación. La
pregunta de los judíos es directa: “¿Hasta cuando vas a tenernos en vilo? Si tú eres el
Cristo, dínoslo abiertamente” (v. 24). La respuesta de Jesús los remite a sus
obras, pero no creen a ellas, porque no son ovejas de su rebaño. Expone,
luego la realidad acerca de la comunión de vida eterna que establece con sus
ovejas, que se traduce, en conocimiento del pastor y escuchar su voz. Estas son las condiciones para
vivir esa comunión entre el Pastor y su rebaño. Es el propio Jesús, quien da razones para
constituirse en verdadero y único pastor del rebaño de Dios. Este pastor está
dispuesto a dar la vida por sus ovejas, a diferencia del asalariado, que no
es pastor ni dueño del rebaño y no le importan las ovejas, porque cuando ve
venir al lobo huye, y las deja (vv. 12-13). Otra razón, es que conoce sus ovejas y ellas le
conocen también. Este conocimiento no es de carácter intelectual sino un conocimiento que crea comunión de vida,
relación activa y efectiva, amorosa y familiar, personal e íntima con el
otro. Quiere Jesús llevar esta relación, al mismo grado, que hay de
conocimiento mutuo con su Padre. Finalmente, da su vida por sus ovejas para
recuperarla, la entrega libremente, por eso lo ama el Padre. Nadie le quita
la vida, la entrega libremente, por que tiene poder para entregarla y para
recobrarla (vv. 17-18). El Señor resucitado nos abre la puerta de su
rebaño para conocernos por nuestros nombres, darnos la vida nueva. La
esperanza que nace de su resurrección
transforma en testigos, como Pedro,
a sus discípulos, alegres de su fe y del amor nuevo que mueve su
apostolado en la sociedad. Llamando a
sus hermanos a formar parte de su rebaño, con la voz del único Pastor, que
resuena en nuestro interior. Juan de Lecturas a.- Hch. 12, 24; 13, 1-5: Misión de Bernabé y
Saulo. b.- Jn. 12, 44-50: Yo, la luz, he venido al mundo. c.- San Juan de La lectura de Hechos, nos sitúa en Antioquia.
Bernabé y Pablo, son contados como profetas y maestros de la comunidad. La
palabra de Dios crecía y se propagaba entre los paganos. A estos dos los selecciona el Espíritu Santo, para
una nueva misión, el primer viaje apostólico. Lo importante es que son
elegidos en el contexto de una celebración litúrgica (v.2) y la comunidad se
hace responsable de esta misión (v. 3). En ambas ocasiones la oración y el
ayuno son imprescindibles para conocer la voluntad del Señor. Une en forma
entrañable, culto a Dios y misión evangelizadora. Esto nos hace descubrir que
el culto que tributamos a Dios en forma privada o personal en el hogar y
sobre el culto público debe estar impregnado de amor, es lo que hace que sea
un verdadero culto, pero sin olvidar el amor al prójimo, comunicarles la fe. La misión
evangelizadora brota de la dimensión comunitaria, de la propia vida de los
creyentes. El mayor bien que podemos hacer a los hermanos, es llevarles la
palabra de Dios y anunciarles que Jesús ha resucitado para transformar su
existencia, si creen y contando con Dios, no están solos, pueden mejorar su
vivir. Dios nos da la vida nueva, pero es el cristiano quien tiene que
vivirla, colocando una visión nueva a las cosas que hace todos los días. El evangelio nos presenta a Jesús como luz y quien
crea en ÉL, no andará en tinieblas (v. 46). Lo que se constata al final de
este pasaje es la incredulidad de los judíos a pesar de los innumerables
signos que había dado de su identidad de Mesías, no creían en ÉL (v. 37ss).
Sin embargo, muchos de ellos habían aceptado su mensaje en secreto, pero
por temor de ser expulsados de la
sinagoga por los fariseos, no hablan en su favor, aún así, el juicio de Juan
es categórico: “prefirieron la gloria de los hombres a la gloria de Dios” (v.
43). Hay dos realidades que juzgan la incredulidad de los
judíos: la luz y la palabra. En el diálogo con Nicodemo, Jesús deja en claro
que la causa de la condenación es que la luz vino al mundo, pero los hombres
prefirieron las tinieblas, porque sus obras eran malas (Jn. 3, 19). Se agrega
ahora el tema de la palabra, quien no la acepta, ya tiene quien lo juzgue,
porque su palabra no es suya sino del Padre que lo envió (vv. 48-49). Jesús, es la única palabra del Padre, palabra
hecha hombre; escuchar su palabra, es dejarse iluminar por ella, es ver a
Dios en su persona puesto que es uno con el Padre. Creer en Jesucristo, más
que una adhesión a su doctrina es a su Persona, al Hombre-Dios, que nos
comunica la palabra de Dios. El vínculo de unión, es la fe, por la que
hacemos nuestra su Persona y su Palabra, principio de vida y comunión de amor
para el discípulo. Si Jesús se presenta como el enviado del Padre, y
la palabra que comunica es fielmente transmitida, lo mismo el discípulo,
enviado por Cristo, debe mostrar la misma fidelidad, a la hora de evangelizar
y llevar adelante la misión confiada por el Espíritu a su Iglesia, sede de
sus carismas y dones para el cristiano.
Luz, bañada de divino amor, es el soplo que el
Espíritu infunde en el alma sedienta de vida y calor, ella brinda juventud y
lozanía a nuestra fe, esperanza y caridad. Es la resurrección que actúa en la
vida, nos invade y seduce, para hacernos capaces de más y más luz divina que
reverbera en el rostro de Cristo Jesús y en nuestro espíritu. Lecturas: a.- Hch. 13, 13-25: Pablo en Antioquia de Pisidia. b.- Jn. 13, 16-20: El siervo no es más que su amo.
c.- San Juan de Los jefes de la sinagoga de Antioquia de Pisidia
invitan Pablo y Bernabé a comentar los
textos bíblicos de los profetas que se habían leído. Estaban de visita, era
el primer viaje apostólico de Pablo y Bernabé, se sabía que conocían bien las
Escrituras. La exhortación recorre la historia de salvación de Israel y una
constante era preguntarse si era este el tiempo en que se cumplirían las
promesas del AT. La respuesta a estas inquietudes, era considerada una
palabra de exhortación. Lucas, con este
discurso da inicio a la misión paulina en su obra. Pablo, comienza su
discurso refiriéndose al pasado, para suscitar la decisión sobre el presente
y fundamentar la esperanza del futuro. Empieza por la conquista de la tierra
prometida, el período de los jueces y los primeros reyes de Israel, Saúl y
David. “Depuso a éste y les suscitó por rey a David, de quien precisamente
dio este testimonio: He encontrado a David, el hijo de Jesé, un hombre según
mi corazón, que realizará todo lo que yo quiera. De la descendencia de éste,
Dios, según Pablo, quiere colocar toda su atención en David.
Según la tradición judía, Dios había prometido un rey que reinaría para
siempre; pero todavía no había llegado. La monarquía había desaparecido hacía
siglos. Los judíos llamaban Mesías y Cristo a ese rey que debía venir; de ahí
la importancia de la referencia inmediata que hace Pablo de David a Jesús. El
Bautista, dice, Pablo, precedió a la actividad de Jesús y dio testimonio de
ÉL y se consideró indigno de desatar las sandalias de sus pies (v.25). Juan
Bautista, fue su precursor y su testigo de Jesús, quien lo anunció y abrió
caminos llanos al Salvador y redentor del mundo en el corazón de los hombres. El texto evangélico nos sitúa en un clima de
servicio y de traición; Jesús siendo maestro y Señor, se humilla a sí mismo
tomando la condición de esclavo y lava los pies a sus discípulos, incluido el
traidor. “No es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que lo envía.
Sabiendo esto, dichosos si lo cumplís” (v. 16). La destinataria de esta
práctica de humildad y amor, es la comunidad cristiana. Este gesto de humildad, Jesús, lo realiza en este
contexto de despedida y traición. Le lava los pies incluso a quien lo va a
entregar, pero debía cumplirse El cristiano comprometido debe seguir el camino de
su Maestro, es decir, de servicio, de humillación y gloria. Seguir a Jesús,
en este camino de evangelio, se trata de imitar sus actitudes: amor y
servicio a los hermanos, entrega y renuncia, obediencia y humillación. No
olvidemos que el servicio y el amor tienen la otra cara es precisamente, el
sacrificio y la renuncia. Son intrínsecos al amor ya que sin ellos éste no
vale nada. Saber conjugar la autoridad y el servicio en la
comunidad eclesial, es fruto de la ascesis y de la caridad probada, como
servicio de amor. La humildad y entrega de Jesús, son palabras mayores a la
hora de querer servir a los hermanos,
sin estos sentimientos nuestro servicio y entrega en el amor, pueden
ser hipocresía delante de Dios y de los hombres. Solo el servicio humilde y desinteresado nos abre
a comprender el gesto de Jesús. El místico nos enseña que toda la libertad el
mundo y señorío, es mentira, porque en el fondo es esclavitud a los criterios
del mundo. No es tenido por hijo quien busca mayorías en este mundo, porque
ha desobedecido la voz del maestro que con su ejemplo y palabra nos manda
servir a los hermanos. Lecturas a.-Hch.13,26-33: Pablo en Antioquia de Pisidia b.- Jn. 14, 1-16: Yo soy el camino, la verdad y la
vida. c.- San Juan de En Cristo Jesús, Dios Padre ha cumplido todas las
promesas del AT, es lo que enseña Pablo a los judíos en la sinagoga de
Antioquia de Pisidia. En este primer viaje, Pablo y Bernabé, acuden al culto
de la sinagoga los sábados y si les dan la oportunidad de intervenir lo
hacen, anunciando la palabra del Señor Jesús. Las promesas hechas a David de
parte de Yahvé se han cumplido en Cristo: su padecer muerte de cruz y
resurrección estaban anunciadas y ahora Dios las cumplen en su Hijo. Ese que
ha muerto ahora está resucitado y se ha aparecido a sus discípulos y éstos
ahora son sus testigos (v. 30). No podía conocer la corrupción del sepulcro
Aquel de quien se había dicho: “No permitirás que tu santo experimente la
corrupción” (Sal.16, 10). El discurso de Pablo es una catequesis, donde el
mensaje de la resurrección de Cristo, se vive desde la experiencia, pero sin
olvidar las Escrituras, fuente perenne de cercanía con Dios y su designio
salvador (v. 27). Casa del Padre, hacia ella encamina Jesús sus
pasos a prepararnos un lugar, para venir a buscarnos y estar juntos con ÉL
para siempre. Este es el presupuesto con que el evangelio nos quiere enseñar
el cómo llegar a esta realidad que Jesús nos propone. La pregunta de Tomás es
la llave que abre el misterio de la comunión y la respuesta de cómo
realizarlo. “Le dice Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos
saber el camino? Le dice Jesús: Yo soy el Camino, La casa del Padre, ya no es el templo de
Jerusalén, es la propia Persona de Jesús y en este caso concreto la gloria
del cielo, en que dentro de poco entrará como vencedor del pecado, el demonio y la muerte, luego de su misterio
pascual. El va a preparar en el cielo,
en las muchas habitaciones que hay, en la casa de su Padre, una morada para
cada uno de sus discípulos. El único mediador para ir a la casa del Padre, es
el propio Jesús, camino de comunión con Dios. La única verdad es Jesús,
frente a la mentira del mundo, porque es la auténtica revelación del Padre.
Es la única vida digna de ser vivida, porque es la vida en plenitud, frente a
la muerte y autodestrucción que experimenta el ser humano, porque por ÉL
entramos en comunión con el Dios vivo. Es el camino porque su palabra es vida
y luz para ir hacia el Padre y poder realizarnos en nuestra condición de
hijos de Dios y hermanos de todos los hombres. Hoy el hombre cristiano camina hacia Dios, guiado
por el Espíritu Santo, que en Cristo, es el amor del Padre para el pecador. El
es “resplandor de su gloria y la impronta de sus sustancia” (Hb. 1, 3),
comunicación de su vida y realización de su voluntad, anuncio y tensión hacia
el Reino de Dios. En el Credo profesamos nuestra fe en el Hijo de Dios, pero
también creemos en el Primogénito del Padre, primer hermano de muchos
hermanos, por ÉL, nos dona su Espíritu Santo para que seamos sus hijos para
siempre. Siempre será el amor el que nos abra las puertas
de la casa del Padre, a más amor, más avanza en el conocimiento y misterio de
Dios. Es el grado de unión el que nos debe preocupar para penetrar en el
corazón de Dios y Él en el nuestro. Esos grados de amor se pueden identificar
con las mansiones celestiales en los que gozaremos para siempre de la visión
beatífica. Lecturas a.-Hch. 13, 44-52: Nos dedicaremos a los gentiles. b.- Jn. 14, 7-14: Quien me ve a mí ve al Padre. c.- San Juan de La primera predicación de Pablo trajo en la
comunidad abundantes frutos, pero también tuvo que pagar su precio, pues así
como muchos aceptaron la fe, otros la rechazaron y les mandaron salir de la
ciudad. Los que aceptaron su palabra, les pedían que siguieran hablando de
esto al sábado siguiente (vv.42-43). La reunión del sábado siguiente, al ver el número
grande de personas que querían escuchar a Pablo, los judíos organizaron la
ofensiva con blasfemias contra su palabra. La reacción de Pablo es sabia y
sensata: “Entonces dijeron con valentía Pablo y Bernabé: “Era necesario
anunciaros a vosotros en primer lugar La intención de Pablo era buena, llevar a sus
propios hermanos la fe en Jesucristo,
como cumplimiento perfecto de todo cuanto se había dicho del Mesías en las
escrituras del AT. Si ellos que eran los primeros destinatarios de las promesas
ya cumplidas en Cristo Jesús, no lo aceptan, serán los gentiles quienes se
verán beneficiados, si aceptan la fe. “Al oír esto los gentiles se alegraron
y se pusieron a glorificar El ataque de los judíos, no se dejó esperar: “Pero
los judíos incitaron a mujeres distinguidas que adoraban a Dios, y a los
principales de la ciudad; promovieron una persecución contra Pablo y Bernabé
y les echaron de su territorio. Estos sacudieron contra ellos el polvo de sus
pies y se fueron a Iconio” (vv. 50-51). Pero lo más importante, después del anuncio del
kerigma es que desde entro los animaba el Espíritu de Dios: “Los discípulos
quedaron llenos de gozo y del Espíritu Santo” (v. 52). Toda evangelización
necesita al Espíritu Santo que anime a los misioneros y evangelizadores para
que verdaderamente sea proclamado el kerigma, al igual que los apóstoles
Pedro, Pablo, Esteban, olvidar esto, es sembrar sin la simiente de la fe: la
unción del Espíritu. El conocer al Padre, pasa por el conocimiento del
Hijo y la eficacia de la fe hace que reconozcamos en Cristo, el camino, la
verdad y la vida. Conocer a Cristo es conocer al Padre, es su rostro humano
por eso dice: “Si me conocéis a mí, conoceréis también a mí Padre; desde ahora
lo conocéis y lo habéis visto” (v. 7). Si bien, Tomás le preguntó por el
camino, es ahora Felipe, quien pregunta por el Padre: “El que me ha visto a
mí, ha visto al Padre” (v. 9). Queda claro entonces que el conocimiento del
Padre, está condicionado al conocimiento del Hijo. También cabe la pregunta:
¿Qué habían conocido los apóstoles del Padre? Por la pregunta se deja ver que
era muy poco lo que sabían del Padre. Les cuesta aceptar que Jesús, es la
imagen del Padre, su Palabra más personal e íntima, hecha hombre. “¿Cómo
dices tú: muéstranos al Padre? ¿No crees
que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí?” (vv. 9-10). Precisamente porque Jesús está en Padre, es uno
con su Padre, contemplarlo es ver el
rostro de Dios. Se comprende que ese ver y conocer al Padre, va mucho más
allá de lo meramente intelectual, es una visión de fe, que es don del Padre y
responsabilidad del hombre que lo ha recibido. Durante su ministerio muchos
vieron y escucharon a Cristo, mas sin fe no lo reconocieron ni como Mesías ni
mucho menos como rostro del Padre. Sin embargo, los que acogieron la fe,
llamados por el Padre (Jn 18,24), si lo aceptaron como Hijo de Dios y camino
de unión con el Padre, porque había venido como su enviado (Jn. 13,20). A ver y conocer hay que agregar el creer, signo
eficaz de la fe, contacto y experiencia personal de Dios por medio de
Jesucristo, plenamente identificado con su Padre, uno con ÉL en su ser, en su
voluntad y su obrar. Sus palabras y obras, son palabras y obras del Padre (v.
10). La eficacia de la fe son precisamente las obras
que la corroboran la actitud de creer. “Creedme: yo estoy en el Padre y el
Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os
digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará
mayores aún, porque yo voy al Padre (vv. 11-12). La fe y el conocimiento de
Jesús, lleva a la acción, a las obras, signos de la presencia de Dios en la
sociedad. Si a esta fe, agregamos la oración, alma de la comunión con Dios,
se posee el arma para no sólo obtener gracias, sino que se permanece en la
misma unión que goza el Padre y el Hijo. Ahí es donde la oración crea un
espacio de comunión y unión con los Tres. Las obras de la fe y del amor son fruto del
ejercicio de la vida teologal y de
la gracia de Dios. Las obras serán
florecidas en su amor, enseña Juan de Fr. Julio
González C. OCD |
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Caminando con Jesus |
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