COMUNIDAD DE MADRUGADORES MONTE CARMELO DE ÑUÑOA

MADRUGADA DEL 1 DE MARZO de 2008

ESTA FUE LA JORNADA DE HOY

 

CANTO DE ENTRADA (A CARGO DE CRISTIAN)

GUIA  

AMIGUISIMOS MADRUGADORES

EN EL NOMBRE DEL PADRE DEL HIJO Y DEL ESPIRITU SANTO

ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 102, 2-3

Bendice al Señor, alma mía, y nunca olvides sus beneficios. Él perdona todas tus culpas y cura todas tus dolencias.

ORACIÓN COLECTA

Señor, alegres por la celebración de esta Cuaresma, te pedimos que, compenetrados de los misterios pascuales, nos gocemos de la plenitud de sus frutos. Por nuestro Señor Jesucristo.

INVOCACION AL ESPIRITU SANTO

Amigos, comenzamos la jornada de hoy, invocando al Espíritu Santo. Después de cada invocación, todos repetimos “VEN ESPÍRITU SANTO”

Cada madrugador hace al menos una invocación personal.

CANTAMOS: ESPÍRITU SANTO VEN, VEN

ACTO PENITENCIAL, después de cada uno, todos repetimos “PERDÓN SEÑOR”

Cada madrugador, expone libremente porque pide perdón, en especial que es lo que le impide orar. “Perdón Señor”

CANTAMOS UN CANTO DE PERDON

LECTURAS BÍBLICAS

SALMO Sal 50, 3-4. 18-21

R. El Señor quiere amor y no sacrificios.

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad, por tu gran compasión, borra mis faltas! ¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado! R.

Los sacrificios no te satisfacen; si ofrezco un holocausto, no lo aceptas: mi sacrificio es un espíritu contrito. Tú no desprecias el corazón contrito y humillado. R.

Trata bien a Sión, Señor, por tu bondad; reconstruye los muros de Jerusalén. Entonces aceptarás los sacrificios rituales: las oblaciones y los holocaustos. R.

VERSÍCULO Cfr. Sal 94, 8. 7

No endurezcan su corazón, sino escuchen la voz del Señor.

CANTAMOS: CAMINARE EN PRESENCIA DEL SEÑOR

COMENTARIO

Es importante que no perdamos de vista a quienes va dirigida la parábola: a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás. La soberbia puede llevar a creernos ya salvados y justificados, y perder justamente lo esencial de la salvación: la gracia y misericordia de Dios. Y aún cuando no la merecemos, la salvación nos viene como un regalo.

 

EVANGELIO Lc 18, 9-14

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, Jesús dijo esta parábola: Dos hombres subieron al Templo para orar; uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, de pie, oraba así: --Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas--. En cambio, el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: --¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!--. Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

REFLEXION

“Porque todo el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado” Lc 18, 9-14

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

La finalidad de esta parábola, es enseñar el valor de la oración, pero con una condición esencial de la misma: la humildad. Es condición esencial, pues todo el que pide ha de reconocer lo que no tiene. Jesús, según Lucas, dijo esta parábola “a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás.” En la oración, pues, la actitud humilde es lo que hace a Dios aceptarla, mientras que la actitud soberbia del que pide con exigencia, más o menos camuflada, Dios no la escucha. Así termina la parábola con una sentencia, citada varias veces, pero que insertada aquí comenta el sentido del intento: “Porque todo el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado.”

Dos hombres suben al templo a orar. La escena presenta más bien una oración privada. Uno fariseo: soberbio, engreído por la práctica material de la Ley; despreciador de los demás, por considerarlos pecadores. El fariseo se consideraba siempre “el justo.” El publicano, al servicio de Roma y predispuesto a negocios ilícitos, era considerado como gente “pecadora,” odiada y despreciable.

“El fariseo, de pie,” La oración de pie era normal. No ora: relata sus necedades, porque sólo lo que refiere, aunque fuese verdad, no evitaba el orgullo. Además alega obras de supererogación. Ayuna “dos veces” por semana. No había más obligación que el ayuno anual del día de Kippur, el 9 del mes de abril. Pero los fariseos ayunaban los días segundo y quinto de la semana. Pagaba, además, el diezmo de todo lo que vendía o adquiría.

"¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!" La oración del publicano, por su humildad, por reconocer lo que era ante Dios, pecador, sin levantar los ojos ni las manos al cielo, como era normal, y pedirle misericordia, era válida y adecuada. En cambio, la exhibición del fariseo, que alegaba ante Dios sus obras como si fuesen suyas, Infunde soberbia, vanidad y presunción en su complacencia, no le trajo la “justificación,” que es el único término que aquí se compara No le justifican sus obras solas. 

La parábola que expone Jesús, nos presenta dos posiciones opuestas del hombre frente a Dios, una es simbolizada por el fariseo, “la soberbia”.

Hablamos de soberbia y nos referimos a una actitud de arrogancia, y los soberbios se auto califican en sus hechos de grandiosos, magníficos, o estupendos, y disfrutan placenteramente en la contemplación de sus cualidades propias, con menosprecio a los demás.

El soberbio es orgulloso, se cree superior, por lo que trata de forma despectiva y desconsiderada a los demás, es decir es altanero, con actitud despreciativa hacia los demás en palabras, gestos y miradas. Además es vanidoso, aparenta lo que no es, todo lo que hace es una actuación para quedar bien, a costa de todo incluso de la verdad.

El soberbio no trepida y no tiene vergüenza para hacerse dueño de los meritos que no le corresponden, se apropia del éxito ajeno, y acomoda y adapta las cosas para sacar provecho de las iniciativas que no le pertenecen. Además pone todo su esfuerzo para vanagloriarse y presumir llamado la atención y arrogarse ventajas y beneficios, incluso derechos especiales que no goza todo el mundo.

El soberbio es aquel que desea imponer su propio juicio y gusto personal. Pero aún más, el quiere a toda costa que todos aprueben, acepten y apoyen sus opiniones, sus gusto e iniciativas, pero sin aceptar la de los demás. Además impone su orgullo, con cierta rebeldía, para que todo se haga como él quiere, y se molesta y muestra enojo si le contradicen.

El soberbio mira con malos ojos cualidades y éxitos de otros, entonces es envidioso y busca desanimar al que va bien, manifiesta su deseo de fracaso a otro que no es él. Pero además es egoísta, y busca ser el punto central, interesado solo por si mismo y sus bienes y cosas.

El soberbio es desconfiado, sospecha de todo, complica todo lo que puede, enreda las expresiones de los demás, es burlón e irónico, lastima y ridiculiza a otros. También su juicio es duro, terco, juzga despreciativamente al que puede e interpreta siempre mal los actos de las personas. Además vive cavilando, le da vuelta una y otra vez a las cosas y complicándola mucho mas de lo que es.

El soberbio es ambicioso, se empeña a toda costa en triunfar, pasa por encima de cualquiera que se oponga a su éxito, busca todas las formas para sentirse bien consigo mismo. Es poderoso y mejor que los demás. Es calculador y para tener beneficios, reflexiona con cuidado y atención si va a tener perjuicios. Todo lo hace por conveniencia.

La otra posición opuesta, simbolizada por el publicano, es la de una profunda humildad.

La humildad, es una actitud derivada del conocimiento de las propias limitaciones y que lleva a obrar sin orgullo: La humildad permite reconocer los propios errores. Así es, como el publicano, que con esta actitud de profunda humildad, hace un reconocimiento sincero de sus faltas, el se mira interiormente a sí mismo y lo hace con verdad y honestidad, entonces se sabe pecador, y por lo mismo, se reconoce necesitado del perdón de Dios.

El sentimiento de humildad del publicano, lo hace abrirse a sí mismo, y busca apoyarse en la infinita misericordia de Dios, así es como dice: "¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!". La suplica es con ahínco.

Somos humildes, cuando no nos fijamos en los demás y no los juzgamos, sino que los hacemos a sí mismo.

Finalmente Jesús, pronuncia una sentencia sobre la actitud de soberbia del fariseo y la humilde del publicano. El fariseo, llenos de si, se vuelve vacío de Dios, el publicano, vacío de sí mismo y se ve envuelto por el amor y la misericordia de Dios. Es decir la oración humilde justifica, es decir, nos hace aceptables a Dios, y la soberbia nos cierra las puertas de su misericordia.

Mantengámonos humildes, Dios nos va a enriquecer con lo beneficios de su gracia y de su amor.

Después de la lectura, hacemos un poco de silencio y compartimos desde nuestra propia vida la Palabra, siempre en primera persona y mientras se expone el testimonio, los demás oramos.

 

ALABEMOS A DIOS

Cada madrugador hace una alabanza y luego todos repetimos: “TE ALABAMOS SEÑOR”

HACEMOS UN CANTO DE ALABANZA

PRECES, cada madrugar hace su petición, todos repetimos “TE LO PEDIMOS SEÑOR”

CANTAMOS: SEÑOR TU QUE PUEDES ESTO

PADRE NUESTRO brazos en alto

Amigos, oremos al Padre, brazos en alto recemos la oración que nos enseño nuestro Hermano Jesus.

ABRAZO DE LA PAZ, todo repetimos “la paz sea contigo”

Amigos, la Paz del Señor, venga a nosotros y nos haga hermanos. Antes de unirnos a Cristo, Príncipe de la Paz, por la Comunión de su Cuerpo, expresemos nuestro deseo de vivir en Paz, dándonos un fraternal abrazo.

COMUNION

BENDICION FINAL y CANTO FINAL

COMUNION

BENDICION FINAL y CANTO FINAL

 

 

 

El Señor les Bendiga

Pedro Sergio