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COMUNIDAD DE MADRUGADORES
MONTE CARMELO TESTIMONIO DE LA MADRUGADA DEL 5 DE ENERO DE 2008 |
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Madrugador Ayala
(Invitado de Temuco), Cristian, Lucio, Pancho, Mario, Pedro, Ricardo, Papa de
Pancho, (invitado), Luis y Manuel |
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NUESTRO PROGRAMA
MADRUGADA DEL 5 de Enero de 2008 7:00 AM. CANTO DE ENTRADA GUIA: AMIGUISIMOS
MADRUGADORES EN EL NOMBRE DEL PADRE
DEL HIJO Y DEL ESPIRITU SANTO Hoy es nuestro
primer encuentro del año 2008, mañana celebramos la Epifania del Señor. La
palabra epifanía deriva de una voz griega que significa mostrarse, aparecer,
y también iluminar. La solemnidad de la epifanía celebra este –mostrarse-- de
Dios a todo el mundo. Él se deja ver, se deja reconocer, y recibe a todos en
derredor suyo. Con esta fiesta continuamos el clima gozoso de la Navidad,
celebrando que Dios se ha encarnado y se ha manifestado en medio de nosotros. Dios envió a su
Hijo, nacido de una mujer, para hacernos hijos adoptivos. Ya viene el Señor
del universo. En sus manos, están la realeza, el poder y el imperio. INVOCACION AL ESPIRITU
SANTO Amigos, comenzamos
la jornada de hoy, invocando al Espíritu Santo. Después de cada invocación,
todos repetimos “VEN ESPÍRITU SANTO” Cada madrugador hace
al menos una invocación personal. CANTAMOS: ESPÍRITU SANTO
VEN, VEN ACTO PENITENCIAL,
después de cada uno, todos repetimos “PERDÓN SEÑOR” Cada madrugador,
expone libremente porque pide perdón, en especial que es lo que le impide
orar. “Perdón Señor” CANTAMOS UN CANTO DE
PERDON LECTURA BÍBLICA (del domingo
6 de enero) COMENTARIO Dios se deja
reconocer por todos, Dios acepta regalos de todos. Los Magos --de Oriente--,
inmigrantes de paso en el país, representan en el texto la presencia de los
otros, los diferentes, los extranjeros, los distintos. En estos tiempos en
que tantos conflictos se generan por no aceptar la presencia de los
diferentes, la humildad de Dios nos urge a recibir a todos, a hacer lugar
para todos. EVANGELIO Mt 2, 1-12 Evangelio de nuestro
Señor Jesucristo según san Mateo. Cuando nació Jesús,
en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se
presentaron en Jerusalén y preguntaron: «¿Dónde está
el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente
y hemos venido a adorarlo». Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado
y con él toda Jerusalén. Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los
escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías.
«En Belén de Judea, le respondieron, porque así está escrito por el Profeta:
‘Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las
principales ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor
de mi pueblo, Israel’». Herodes mandó llamar secretamente a los magos y,
después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la
estrella, los envió a Belén, diciéndoles: «Vayan e infórmense cuidadosamente
acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también
vaya a rendirle homenaje». Después de oír al rey, ellos partieron. La
estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el
lugar donde estaba el niño. Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría
y, al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y
postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron
dones: oro, incienso y mirra. Y como recibieron en sueños la advertencia de
no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor
Jesús. Después de la
lectura, hacemos un poco de silencio y compartimos desde nuestra propia vida
la Palabra, siempre en primera persona y mientras se expone el testimonio,
los demás oramos, NO ES UNA PREDICA. REFLEXION DE PEDRO “¿Dónde está el rey
de los judíos que acaba de nacer?” Mt 2, 1-12 San Mateo, comienza
es fragmento del Evangelio precisando el lugar del nacimiento de Cristo, “En
Belén de Judea”, también nos sitúa cronológicamente, “Bajo el reinado de
Herodes”, Se refiere a Herodes el Grande, que reinó en años antes de Cristo.
En esa época narra la venida de unos “Magos de Oriente” a Jerusalén. San Mateo, dice
“unos magos”, no dice que sean reyes. Se sostiene que venían desde Persia,
que eran “celosos observadores de la justicia y de la virtud.” Cicerón añade
que son “la clase de sabios y doctores en Persia.” En una segunda época
tardía, después de la conquista de Babilonia, degeneraron y pasaron a ser
nigromantes y astrólogos en el sentido peyorativo. San Jerónimo dice: “La
costumbre y lenguaje popular toma los magos por gente maléfica.” Los magos
que aquí presenta el evangelio aparecen como personajes importantes y hombres
dedicados al estudio, principalmente de los astros. No eran, por tanto,
reyes. Ni por su nombre, ni por su origen, ni por el modo como Herodes los
recibe y marchan a Belén. El texto del evangelio dice que proceden “de
Oriente” o mejor aún, “de las regiones orientales.” Ellos mismos dirán
“Porque vimos su estrella en Oriente” Sin embargo, al tratar de precisar la
región, surgen las divergencias. Como exprese antes, pudiera ser Persia, el
país originario de los magos. Esta es la opinión de la mayoría de los Padres
y así son representados en varias catacumbas y aun en la iglesia de Belén,
del siglo IV. Caldea — Babilonia —, además de ser país de magos, estuvo en
contacto con Israel y pudo conocer sus esperanzas mesiánicas. Sin embargo,
para otros, no parece que sea este país. Así también puede ser Arabia, país
del Este por excelencia, porque su comercio y las invasiones a Palestina se
hacían por Moab y el Jordán. En estas regiones se encontraba el país de los
nabateos, donde residían gran número de judíos con frecuentes relaciones con
Palestina. Es probable, pues, que el relato de san Mateo se refiera a esta
gran zona de Arabia. La llegada de los
Magos a Jerusalén fue diversamente interpretada en la tradición. La opinión
más frecuente en los Padres es que fue poco después del nacimiento de Cristo.
Sin embargo, la opinión ordinaria es que se pone sobre año y medio después,
ya que Herodes da la orden de matar a los niños de “dos años abajo.” En Evangelio de San
Mateo dice; “Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo”
Nos presenta esta estrella con un carácter sobrenatural. Pues se les aparece
y desaparece; les va guiando y camina delante de ellos; llegada sobre el
lugar donde estaba el Niño, se paró. Su semejanza puede encontrarse en lo que
se lee en el Éxodo: que “una columna de fuego, en la noche, iba delante de
ellos” en el camino de Israel por el desierto (Ex 13:21). El que los Magos
conocieran que aquella estrella anunciaba el nacimiento del “Rey de los
judíos,” además de la ilustración y moción sobrenaturales que había que
suponer, se realizó por algo que estaba en el ambiente. Era entonces esperado
el Mesías, expectación que di-fundieron los judíos en su cautividad de
Babilonia y en la Diáspora. (Dispersión de la comunidad del pueblo judío) Habiendo visto la
estrella, “Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo”, se
encaminan a Jerusalén. Pensaban que el acontecimiento era del dominio
público. Por ello preguntan, sin más, dónde estaba el Rey de los judíos que
había nacido y venimos para adorarle. Y, a pesar de que su presencia en
Jerusalén no debió de llamar la atención, acostumbrada a diversas caravanas,
la noticia llegó a Herodes, quien temió que pudieran crearle revueltas y
peligros políticos. Ante este hecho, “El
rey Herodes quedó desconcertado”, Herodes convoca a todos los príncipes de
los sacerdotes y a los escribas del pueblo. El Sanedrín era el Gran Consejo
de la nación. Constaba de 71 miembros, divididos en tres grupos: príncipes de
los sacerdotes, que eran los ex sumos sacerdotes, y re-presentaban a las
grandes familias sacerdotales; los escribas, cultivadores e intérpretes de
las Escrituras, y los ancianos, representantes de los sectores importantes de
la nación. El Consejo estaba presidido por el sumo sacerdote. Y, reunidos,
les pregunta “dónde había de nacer el Mesías.” Le contestaron con el texto de
Miqueas: «En Belén de Judea -le respondieron-, porque así está escrito por el
Profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las
principales ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el pastor
de mi pueblo, Israel”». Entonces Herodes
mandó llamar en secreto a los Magos y les interrogó cuidadosamente sobre el
tiempo de la aparición de la estrella. Lo hizo en secreto, personalmente,
como era su costumbre. El historiador judío y fariseo Josefo cuenta que
Herodes mismo, “frecuentemente disfrazado con traje de hombre privado, en las
noches, se mezclaba entre las turbas para experimentar y saber por sí mismo
lo que sentían de su reinado”. Cerciorado de este dato, le interesaba actuar
con astucia, temiendo pudiera ser un enredo político, tramado contra él desde
fuera. En su mismo palacio se habían urdido conjuras, bajo el pretexto de la
aparición próxima del Mesías, que terminaron en sangre «Vayan e infórmense
cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para
que yo también vaya a rendirle homenaje» Con el consejo que les da de volver
a él para poder ir a “adorarlo,” no en el sentido religioso, sino de
acatamiento externo, se pusieron los Magos en camino hacia Belén y vieron de
nuevo la estrella. San Mateo dice; “Cuando vieron la estrella, se llenaron de
alegría” Ellos se regocijaron porque en vez de ver fallidas sus esperanzas,
fueron, por el contrario, confirmadas más y más, y porque veían recompensadas
las penalidades de un camino tan largo. Se alegra con gozo aquel que se
alegra en Dios, que es el verdadero gozo. El misterio de la estrella les
había hecho presentir que la dignidad del Rey que había nacido aventajaba a
la de todos los reyes de la tierra. San Ambrosio, dice
hermosamente de este párrafo; “Esta estrella es el camino, y el camino es
Cristo, pues por el misterio de su encarnación Cristo es nuestra estrella,
astro brillante de la mañana que no se ve donde está Herodes, pero que vuelve
a aparecer allí donde está el Salvador y enseña el camino” El Texto sigue; “Que
les guió hasta la casa donde estaba el Niño”. No es probable que fuese ya en
el pesebre, porque si ya habían pasado algún tiempo, talvez al año y medio
del nacimiento de Cristo, lo natural es que hubiesen ocupado una modesta
casa. El evangelio dice; “Al entrar en la casa, encontraron al niño con
María” “Y postrándose, le
rindieron homenaje” Allí, “postrándose” en tierra al estilo oriental, que
revestía varias formas, “le adoraron.” Y “abriendo sus cofres,” le ofrecieron
sus dones, “oro, incienso y mirra,” dones principescos, como en otro tiempo
la reina de Saba ofreció a Salomón San Agustín dice;
“Se le ofrece el oro como a un gran rey, se quema el incienso en su presencia
como delante de Dios, y se le ofrece la mirra como a aquél que había de morir
por la salvación de todos” Finalmente el texto
dice; “Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio
de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino” San Agustín dice de
este párrafo: El impío Herodes, hecho cruel por el temor, quiso desencadenar
su furor. Pero, ¿cómo la malicia había de enseñorearse del que había venido a
este mundo para extirpar a la misma malicia? En efecto, los que
habían ofrecido dones al Señor bien merecían recibir esta advertencia que
recibieron en sueños. ALABEMOS A DIOS Cada madrugador hace
una alabanza y luego todos repetimos: “TE ALABAMOS SEÑOR” HACEMOS UN CANTO DE
ALABANZA PRECES, cada
madrugar hace su petición, todos repetimos “TE LO PEDIMOS SEÑOR” CANTAMOS: SEÑOR TU QUE
PUEDES ESTO PADRE NUESTRO brazos en alto Amigos, oremos al
Padre, brazos en alto recemos la oración que nos enseño nuestro Hermano
Jesus. ABRAZO DE LA PAZ, todo repetimos “la paz sea contigo” Amigos, cuando nació
Jesus, los ángeles de Belén cantaban deseando la Paz a los hombres. Antes de
unirnos a Cristo, Príncipe de la Paz, por la Comunión de su Cuerpo,
expresemos nuestro deseo de vivir en Paz, dándonos un fraternal abrazo. COMUNION BENDICION FINAL CANTO FINAL |
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Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |