“CORPUS CHRISTI”

10 de Junio 2007

La procesión es una pública manifestación de fe; y por eso la Iglesia las fomenta y favorece hasta con indulgencias.  Pero la más solemne de todas las procesiones es la de CORPUS CHRISTI. Allí estuvimos acompañando el Cuerpo del Señor. En la fotografía, nuestro hermano Diácono Fernando sostiene la Custodia, el Palio, entre otros, lo llevan Juan Ricardo y Lucio. Padre Pancho, prepara el Incienso.

 

12:00 AM

 

A las doce del medio día, comenzó la procesión, más de 300 personas asistieron a ésta, acompañado al Señor por su caminar sobre la Plaza de Ñuñoa.

 

Fernando, junto al acolito

Lucio y Juan Ricardo

Esta fiesta se comenzó a celebrar en Europa, en Lieja en 1246, siendo extendida a toda la Iglesia occidental por el Papa Urbano IV en 1264, teniendo como finalidad proclamar la fe en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Presencia permanente y substancial más allá de la celebración de la Misa y que es digna de ser adorada en la exposición solemne y en las procesiones con el Santísimo Sacramento que entonces comenzaron a celebrarse y que han llegado a ser verdaderos monumentos de la piedad católica.

Manuel y Gerardo

Manuel y la Alegría de Participar

 

Como católicos, creemos que Jesucristo está personalmente presente en el altar siempre que haya una hostia consagrada en el sagrario. Es el mismo Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, que andaba por los caminos de Galilea y Judea. Creemos que El viene ahora como nuestro huésped personal, cada vez que recibimos la Santa Comunión.

 

La Hostia santa se convierte en «trigo que nutre nuestras almas». Como Cristo al ser hecho Hijo de recibió la vida eterna del Padre, los cristianos participan de Su eterna vida uniéndose a Jesús en el Sacramento, que es el símbolo más sublime, real y concreto de la unidad con la Víctima del Calvario.

Comienza la secuencia: “Alaba, alma mía, a tu Salvador; alaba a tu guía y Pastor con himnos y cánticos. Pregona su gloria cuanto puedas, porque Él está sobre toda alabanza, y jamás podrás alabarle lo bastante.”

 

La fiesta del Corpus Christi nuevamente nos resultó una ocasión de renovar nuestro asombro ante la humildad de Dios. Siempre nos ha asombrado es maravillosa humildad del Verbo de Dios, que se hizo un recién nacido indefenso y que nació en una humilde pesebrera. Ahora nos volvemos asombrar el poder contemplar a Dios escondido en las apariencias del Pan, frágil, a la mano de todos, que se queda recluido por amor en los Sagrarios o en las Custodias, todo esto, para que nosotros tengamos la posibilidad de vivir la fiesta que celebra la presencia de Dios, que pasa en medio de nosotros.

 

Reporteado por Pedro.

A Jesús por María

MADRUGADORES “MONTE CARMELO”

Ñuñoa, Santiago de Chile

A un día de Pentecostés, 10 de Junio de 2007