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Diácono
Permanente, Fernando Salas Mi oración va pasando por
diferentes y muy diversos camino igualmente dirigidos al mismo destino, los
cuales recorro cargando a veces pesadas mochilas, llenas de angustias,
debilidades, pobrezas, otras veces más liviana dadas las alegrías y
esperanzas encontradas en el camino, puestas allí como regalos que el Señor
me hace para recordar que un abandono en su Divina Misericordia, no hace
caminos difíciles ni mochilas pesadas. La oración diaria…Laudes… minutos fantásticos de encuentro con el Señor de
la Vida…Palabras, frases que te acercan a El y te iluminan y alegran el
inicio de la jornada pero que luego se van como adormeciendo con el correr
agitado de la horas, esa realidad que muchas veces funciona como un potente
somnífero, pero que a veces se enfrenta con la mirada de la oración matinal,
despertándote y suscitando un nuevo ardor. La oración continúa durante
el día, allí, en medio del quehacer diario, a veces suspendida por mis faltas
de comprensión, mis egoísmos, mi falta de conocimiento técnico, en fin, son
muchos los momentos de aridez y lejanía
que me hacen perder sintonía y contacto con aquel que me hace llegar
hasta aquí, pero así también, son muchos los momentos de reencuentro y allí,
la alegría y la paz brotan con un torrente de agua, aun en medio del
desierto. La oración formal, aquella
que recitamos muchas veces sin acercarnos a la fuente, rica en mensajes,
llena del misterio divino, no está ausente durante el día, a veces un
instante otras con momentos de especial recogimiento, después del esfuerzo,
un hágase tu voluntad Señor y un ruega por nosotros Santa Madre, sellan el
abandono en las manos del Padre. La expresión corporal,
llena de inconsecuencias, pero que igual hacen crecer en el reposo cuando se
toma la oportunidad de recapitular las acciones del día, la conciencia de la
gracia de Dios que se manifiesta en este su humilde servidor, hacen expresar,
“gratis me lo distes, gratis lo entrego”. La oración escrita y luego la
oración hablada que lleva el mensaje de paz y de amor, de acogimiento y
esperanza para aquel que lo necesita. Cada instante de mi vida quisiera ser
una oración, un contacto perenne con el Señor de la Vida, pero mis
debilidades, muchas veces hacen imperceptible esta actitud… pero que
maravilla, … allí donde soy débil, soy fuerte… y la
oración retorna tomando su lugar. La oración de contemplación
que me hace llegar hasta Dios con todo y sin nada, la admiración sin límites,
el abandono, el saber que todo está ante el Amor, un pregustar del cielo, del
amor sin límite, … luego, el despertar a la realidad que no es tal sino está
aquel que la hace. |