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«A QUIEN MADRUGA DIOS LE AYUDA» Reflexión de: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Mucho
de nosotros no sabemos desde cuando conocemos este refrán, pero si lo
utilizamos mucho y lo hemos oído ciento de veces. En algunas ocasiones le damos
la connotación de los meritos de haber sido capaces de levantarnos temprano,
en otras, que de esta forma sabremos aprovechar mejor el día, pero por lo
general, lo hacemos como una pequeña suplica a Dios, para que el resto del
día que viene sea muy fructífero. Rezamos
en la Liturgia de la Horas: Dios todopoderoso y eterno, humildemente acudimos
a ti, al empezar el día, para pedirte que, alejando de nosotros las tinieblas
del pecado, nos hagas alcanzar la luz verdadera que es Cristo. Que vive y
reina contigo en unidad con el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Pero
que es madrugar?, lo simple es levantarse al
amanecer o muy temprano, pero le damos el uso de anticiparse o adelantarse a
los demás en la ejecución o en la solicitud de algo, como también tener un
lugar muy pronto o al principio de algo. Es Así como el madrugador tiene
lugar muy pronto a muchas cosas y conoce muy bien el momento inicial del día,
en que aparece la primera luz antes de salir el Sol. La
palabra madrugar tiene su etimología del latín *maturicare,
y este de maturare (darse prisa, hacer madurar). Pero
no deja de ser misterioso todo lo que sucede o puede ocurrir en el instante
en que se retira las oscuridad de la noche
y el inicio del día, es un instante en el cual se oye el silencio, la
naturaleza parece que esta en suspenso y en compás de espera de la luz
sonrosada y difusa que precede a la salida del Sol, la aurora, y pareciera
que algo muy grandioso, excelso, glorioso o extraordinario esta por suceder
al momento inicial del día, en que aparece la primera luz antes de salir el
Sol. El
silencio de la noche se retira con el cantar de los pájaros con un trinar
triunfante y esperanzador, como si le anunciara al resto de la naturaleza, ya
viene el día, vine la luz, demos gracias a Dios, alabemos al Creador. Al
asomar la aurora, el aíre es mucho más puro, todo esta más despejado, la
respiración se hace mas sensible, el alma se embriaga con la suave brisa
matinal, auque resulte algo más fría, los pulmones agradecen recargarse de
vital oxigeno matinal. Dios nos entrega su creación en sus momentos más
sublimes, en la amanecida, al albor, al comienzo del día. Salmo 5:4 canta: 4 Señor, de madrugada ya
escuchas mi voz: por la mañana te expongo mi causa y espero tu respuesta. Por
otra parte en el Libro de Sabiduría 6:12-14 se lee: La Sabiduría es luminosa
y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y
encontrar por los que Job: 7:17-18 ¿Qué es el hombre para que
lo tengas tan en cuenta y fijes en él tu atención, visitándolo cada mañana y
examinándolo a cada instante? ¿Quiénes
fueron los primeros en ver a Jesús resucitado? Los primeros que vieron a
Jesús resucitado fueron las santas mujeres, que fueron de madrugada al
sepulcro, lo encontraron vacío, unos ángeles les dijeron que había
resucitado, y después el mismo Jesús se les apareció glorioso. (cf Mt
28:1-10) “Al día siguiente, de madrugada, todavía
muy de noche, se levanto, salio y se fue a un lugar desierto y allí hacía
oración” Mc 1: 35-36 (Jesús Predicando
en Galilea) QUIEN
MADRUGA, DIOS LE AYUDA. Feliz debe haber sido el minuto en el cual el hombre
esperaba con amorosa alegría hablar con su creador al albor de sus inicio,
dice el Concilio que "desde su mismo nacimiento, el hombre es invitado
al diálogo con Dios" (GS, 19). Diálogo con Dios, o como define la
oración santa Teresa de Jesus: "Tratar de amistad estando muchas veces a
solas con quien sabemos nos ama". No le cabe al hombre excelencia mayor
que poder sostener un diálogo con Dios, su Creador que, por la revelación de
Jesús, sabemos que, además, es nuestro Padre. El
hombre puede hablar con Dios y tiene derecho de hablar con Dios. Puede hablar
con Dios como ningún otro ser de la creación, porque ha sido hecho a imagen y
semejanza de Dios; el libro del Génesis nos presenta a Adán, tras el pecado,
como quien ha roto el diálogo con Dios, avergonzado de sí mismo, como si su
conciencia intranquila quisiera que Dios no existiera, porque le tiene miedo.
El pecado ha sido la causa de que Adán renunciara al derecho de hablar con
Dios. Pero
Dios busca al hombre y le habla, le interroga, demuestra que no renuncia al
diálogo con su criatura, buscándola y tomando la iniciativa: "¿Dónde
estás?... ¿Por qué lo has hecho?" El autor sagrado describe a Dios antes del pecado de los primeros padres,
paseando por el jardín y, por tanto, dialogando con ellos, pero no después de
pecar, cuando "se escondieron entre los árboles del jardín para que el
Señor Dios no los viera" (3, 8 ss). Tenemos
la posibilidad de hablar con Dios. También tenemos el derecho. Pero es que
también tenemos necesidad: somos indigentes, pobres criaturas, sujetas a mil
necesidades y carencias, y sometidas a todas las pasiones humanas, y víctimas
de tantas calamidades, enfermedades, pobrezas y muerte. Somos además
criaturas atadas con Dios por el cordón umbilical, que no podemos, auque
queramos, cortar. Pero si lo cortáramos, caeríamos en el no ser, en |