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SEMANA 1
DOMINGO
En lugar del primer domingo del Tiempo
Ordinario se celebra la fiesta del Bautismo del Señor. En todo caso, los elementos
propios de ese domingo primero, que se emplean en las misas feriales de
esta semana, son los que siguen:Entrada: «En un trono excelso vi sentado a
un hombre, a quien adora muchedumbre de ángeles, que cantan a una sola voz:
“su imperio es eterno”».Colecta (Gregoriano): «Muéstrate propicio, Señor, a
los deseos y plegarias de tu pueblo; danos luz para conocer tu voluntad y
la fuerza necesaria para cumplirla». Ofertorio (Veronense): «Dígnate,
Señor, aceptar la ofrenda de tu pueblo; que ella nos santifique y nos
alcance lo que ahora imploramos de tu misericordia». Comunión: «Señor, en
ti está la fuente viva y tu luz nos hace ver la luz» (Sal 35,10). «Yo he
venido para que tengan vida y la tengan abundante, dice el Señor» (Jn
10,10).Postcomunión (Gregoriano): «Te suplicamos, Dios todopoderoso, que
concedas a quienes alimentas con tus sacramentos la gracia de poder
servirte llevando una vida según tu voluntad».
LUNES
Años impares
–Hebreos 1,1-6: Dios nos ha hablado por
su Hijo. La primera parte de esta Carta está destinada a proclamar la
superioridad de Cristo sobre los profetas, y abarca una rápida visión de la
historia de la salvación, hasta la venida de Cristo en la plenitud de los
tiempos. Observamos en ella tres antítesis: antiguamente-últimos tiempos;
nuestros padres-nosotros; profetas-Cristo, el Hijo de Dios. En esa plenitud
de los tiempos todo queda polarizado por Cristo. Él es el centro de la
historia. ¿Lo es de nuestra vida? Dice Orígenes:«¿Cuál es, pues, la imagen
de Dios, a semejanza de la cual ha sido hecho el hombre, sino nuestro
Salvador? Él es, en efecto, el primogénito de toda criatura (Col 1,15), de
Él se ha escrito que es el resplandor de la luz eterna, la imagen clara de
la sustancia de Dios (Heb 1,3). Y Él dice también de Sí mismo: “Yo estoy en
el Padre y el Padre está en Mí” y “quien me ha visto a Mí, ha visto a mi
Padre” (Jn 14,10 y 9). En efecto, como el que ve la imagen de alguien ve a
aquel cuya imagen es, así también, quien ve al Verbo de Dios (Jn 1,1), que
es la imagen de Dios, ve a Dios» (Homilías sobre el Génesis 1,13).Y en otro
lugar el mismo autor hace decir a la Amada del Cantar bíblico:«Yo soy
aquella etíope, soy negra, ciertamente, por la condición plebeya de mi
linaje, pero hermosa por la penitencia y por la fe, pues en mí he acogido
al Hijo de Dios, he recibido al Verbo hecho carne. Me llegué al que es
imagen de Dios, primogénito de toda criatura (Col 1,15) y además resplandor
de su gloria e impronta de su esencia (Heb 1,3), y me volví hermosa»
(Comentario al Cantar de los Cantares 2). –A la Palabra de Dios, que nos ha
hablado de la excelencia y grandeza de Cristo Jesús sobre todas las cosas,
aun sobre los ángeles, respondemos con el Salmo 96, cantando a Cristo
resucitado: «El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas
innumerables; justicia y derecho sostienen su trono. Los cielos pregonan su
justicia y todos los pueblos contemplan su gloria. Ante Él se postran todos
los dioses. Porque Tú eres Señor, Altísimo sobre toda la tierra, encumbrado
sobre todos los dioses».
Años pares
–1 Samuel 1,1-8: Dios premia a los
humildes y escucha su oración. Ana, esposa estéril de Elcaná, insultada por
su rival, sufre, se humilla y ora al Señor, que escucha a los humildes de
corazón. Son muchos los Santos Padres que hacen el elogio de la humildad.
Recordamos aquí un bello párrafo de San Juan Crisóstomo:«¡Cuál es –me
preguntas– la cabeza de la virtud? La cabeza de la virtud es la humildad.
De ahí que Cristo empezara por ella sus Bienaventuranzas diciendo:
“bienaventurados los pobres de espíritu” (Mt 5,3). Esta cabeza no tiene
ciertamente preciosa cabellera ni trenzas; pero sí tal belleza que enamora
al mismo Dios... Esta cabeza, en lugar de cabellos y cabellera, ofrece a
Dios sacrificios agradables. Ella es el altar de oro y el propiciatorio
espiritual. Porque sacrificio es para Dios “un espíritu contrito” (Sal
50,19)...«Tiene también la virtud sus pies y sus manos, que son las buenas
obras; tiene un pecho de oro y más duro que el diamante, que es la
fortaleza. Todo es fácil vencerlo antes que romper ese pecho. El espíritu,
en fin, que reside en el cerebro y en el corazón la caridad» (Homilías
sobre San Mateo 47,3). –Con el Salmo 115 cantamos al Señor: «Te ofreceré,
Señor un sacrificio de alabanza. ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha
hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre. Cumpliré al
Señor mis votos en presencia de todo el pueblo. Te ofreceré un sacrificio
de alabanza, invocando tu nombre, Señor. Cumpliré al Señor mis votos en
presencia de todo el pueblo; en el atrio de la casa del Señor, en medio de
ti, Jerusalén».Este salmo de agradecimiento recuerda el cántico de Ana,
cuando por fin recibe de Dios un hijo, Samuel (1 Sam 2).–Marcos 1,14-20.
Convertíos y creed la buena noticia. La presencia de Jesús, el Salvador, es
la realización plena de la acción salvífica del Padre. Él dice a todos:
«convertíos y creed la Buena Noticia». San Máximo de Turín comenta:«Nada
hay tan grato y querido por Dios, como el hecho de que los hombres se
conviertan a Él con sincero arrepentimiento» (Carta 2).Y San Clemente
Romano: «Recorramos todas las etapas de la historia, y veremos cómo en
cualquier época el Señor ha concedido oportunidad de arrepentirse a todos
los que han querido convertirse a Él» (1 Carta a los Corintios 7).«Jesús les
dijo: “venid conmigo y os haré pescadores de hombres”» (Mc 1,17). ¡Feliz
cambio de pesca! Jesús les pesca a ellos para que, a su vez, ellos pesquen
a otros pescadores. Primero se hacen peces para ser pescados por Cristo;
después ellos mismos pescarán a otros... Observa San Jerónimo:«“Y le
siguieron”. La fe verdadera no conoce intervalo; tan pronto oye, cree,
sigue, y convierte al hombre en pescador... Yo pienso que dejando las redes
dejaron los pecados del mundo... No era, en efecto, posible que, siguiendo a
Jesús, conservaran las redes» (Comentario al Evangelio de San Marcos).
MARTES
Años impares
–Hebreos 2,5-12: Dios juzgó conveniente
perfeccionar y consagrar con sufrimientos al guía de su salvación. La
condición de Cristo en su vida terrena es aparentemente contradictoria.
Comenta San Agustín:«Considera como dicho de Él: “ha sido hecho un poco
inferior a los ángeles” (Heb 2, 7). Y si ya has puesto tus ojos en su forma
de siervo, no te quedes en ella, levántate por encima y confiesa que Cristo
es igual al Padre. ¿Por qué oyes con tanto agrado: “El Padre es mayor que
yo”? Escucha con mayor satisfacción aún: “Yo y el Padre somos una misma
cosa” (Jn 10,30).«Ésta es la fe católica, que navega como entre Escila y
Caribdis, como se navega en el estrecho entre Sicilia e Italia: por una
parte rocas que provocan el naufragio; y por otra, remolinos que devoran
las naves. Si la nave va a dar contra las rocas, se destrozan; si va a
parar al remolino, es engullida» (Sermón 229 G,4).El pensar en
Cristo o en cualquier otro punto del campo de la fe, hay que tener cuidado de ir siempre por el buen camino,
sin desviarse, sin caer ni en excesos ni en defectos. Lo conseguiremos
siempre si seguimos la doctrina de la Iglesia. Como dice el concilio
Vaticano II,«la Tradición, la Escritura y el Magisterio de la Iglesia,
según el plan prudente de Dios, están unidos y ligados de tal modo que
ninguno puede subsistir sin los otros. Los tres, cada uno según su
carácter, y bajo la acción del único Espíritu Santo, contribuyen
eficazmente a la salvación de las almas» (Dei Verbum 10).–La grandeza del
hombre adquiere su verdadera dimensión al contemplar la humanidad de
Cristo, exaltada en la resurrección. La verdadera humanidad se alcanza al
compartir la grandeza y la gloria de Jesús resucitado. Es la obra de Dios
en Jesucristo y en nosotros, cantada por el Salmo 8: «¡Señor, Dueño
nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra! ¿Qué es el hombre
para que te acuerdes de él el ser humano para darle poder? Lo hiciste poco
inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad...» Diste a tu
Hijo «el mando sobre las obras de tus manos. Todo lo sometiste bajo sus
pies».
Años pares
–1 Samuel 1,9-20: El Señor se acordó de
Ana, que vino a ser madre de Samuel. El Señor escucha la súplica de los
humildes y éstos glorifican a Dios. Siempre la aflicción será una escuela
de ferviente oración; una oración no solo de palabras, sino nacida del
corazón. Muchas veces los Santos Padres nos hablan bellamente de la
oración. Oigamos a Tertuliano:«En el pasado la oración alejaba las plagas,
desvanecía los ejércitos de los enemigos, hacía cesar la lluvia. Ahora, la
verdadera oración aleja la ira de Dios, implora en favor de los enemigos,
suplica por los perseguidores. Y ¿qué tiene de sorprendente que pueda hacer
bajar del cielo el agua del bautismo, si pudo también impetrar las lenguas
de fuego? Solamente la oración vence a Dios; pero Cristo la quiso incapaz
del mal y poderosa para el bien...«La oración fortaleció a los débiles,
curó a los enfermos, liberó a los endemoniados, abrió las mazmorras, soltó
las ataduras de los inocentes. La oración perdona los delitos, aparta las
tentaciones, extingue las persecuciones, consuela a los pusilánimes, recrea
a los magnánimos, conduce a los peregrinos, mitiga las tormentas, aturde a
los ladrones, alimenta a los pobres, rige a los ricos, levanta a los
caídos, sostiene a los que van a caer, apoya a los que están en pie... ¿Qué
más decir en honor de la oración? Incluso oró el mismo Señor, a quien
corresponde el honor y la fortaleza por los siglos de los siglos» (La
oración 29,2).–Dios manifiesta su fuerza en la debilidad de las criaturas,
como se ha visto en el caso de Ana. Ella viene a ser madre de Samuel por el
poder misericordioso de Dios, al que había implorado con una oración salida
de lo más íntimo de su corazón. Y nosotros mismos, que tenemos experiencia
de los favores de Dios, cantamos con júbilo el mismo cántico de Ana,
anunciando a todos los hombres la misericordia de Dios salvador:«Mi corazón
se regocija por el Señor, mi Salvador. Mi poder se exalta por Dios; mi boca
se ríe de mis enemigos, porque gozo con tu salvación. Se rompen los arcos
de los valientes, mientras los cobardes se ciñen de valor. Los hartos se
contratan por el pan, mientras los hambrientos engordan... El Señor da la
muerte y la vida, hunde en el abismo y levanta; da la pobreza y la riqueza,
humilla y enaltece. Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al
pobre, para hacer que se siente entre príncipes y herede un trono de
gloria».–Marcos 1,21-28: Les enseñaba con autoridad. Jesús se manifiesta en
la sinagoga, enseñando con autoridad y curando a un poseso. Los testigos de
tales acontecimientos quedan estupefactos y la fama de Jesús comienza a
extenderse. Cristo tiene todo el poder salvador del Padre, domina sobre
todas las cosas, y puede comunicar a los hombres el amor del Padre. Por eso
una de las manifestaciones de este poder es su capacidad de expulsar al
demonio, es decir, de dominar al «antipoder», al enemigo del Padre,
quitándole el señorío que tiene sobre los hombres.También nosotros estamos
dominados con frecuencia por el poder enemigo, que es todo lo que ahoga en
nosotros el amor de Dios. Y esa cautividad nuestra solo puede superarse
dejándonos dominar por el poder salvador de Cristo. Comenta San
Agustín:«¿Qué dijeron los demonios?: “Sabemos quién eres tú, el Hijo de
Dios”. Y escucharon: “¡Callad!”. ¿No dijeron ellos lo mismo que dijo Pedro,
cuando [Jesús] les preguntó [a los discípulos]: “¿Quién dice la gente que
soy yo?” Después de que escuchó lo que opinaban las gentes de fuera, volvió
a interrogarles, diciendo: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” Respondió
Pedro: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”. Lo que dijeron los
demonios, eso mismo lo dijo Pedro. Pero los demonios escucharon: “¡Callad!”
Y en cambio a Pedro le dijo: “Dichoso eres tú”.«Pues bien, distínganos a
nosotros lo que les distinguía a ellos. ¿Qué movía a los demonios? El
temor. ¿Y a Pedro? El amor. Elegid y amad. Es la fe también la que
distingue a los cristianos de los demonios... Pero si nos distinguimos en
la fe, distingámonos de igual manera en las costumbres y en las obras,
inflamándonos de la caridad de que estaban privados los demonios» (Sermón
234,3).
MIÉRCOLES
Años impares
–Hebreos 2,14-18: Tenía que parecerse
en todo a sus hermanos para ser compasivo y Pontífice fiel. El sacerdocio
de Cristo fue eficacísimo: venció al príncipe de la muerte y libró la
humanidad. El plan de salvación querido por Dios no era salvar al hombre
sin el hombre. Pero esto sólo pudo hacerlo Cristo: Dios y hombre al mismo
tiempo.Es un sacerdocio el de Cristo muy diverso al de los judíos y al de
los paganos. Cristo tomó para Sí una naturaleza humana. Comentando ese
texto de los Hebreos, dice San Juan Crisóstomo:«¿Qué quiere decir “tiende
una mano” [a los hijos de Abrahán]? ¿Por qué no dijo: asumió, sino que
utilizó esta expresión: tiende una mano? Porque este verbo hace referencia
a los que persiguen a sus adversarios, y ponen todos los medios para
capturar a los fugitivos y apresar a los que se resistan. En efecto, la
naturaleza humana había huido de Él y había huido muy lejos, porque dice
[el Apóstol] que estábamos muy lejos de Dios y “sin Dios en el mundo” (Ef
2,12). Por eso Él mismo nos persiguió y nos tomó para Sí. El Apóstol hace ver
que hizo todo esto por puro amor a los hombres, por caridad y por solicitud
hacia nosotros» (Homilía sobre Hebreos 2).–En Jesucristo, que es el «sí» a
todas las promesas, Dios nos reconcilió consigo mismo. En el realismo de su
Encarnación y muerte, Dios mismo llevó la obra redentora a su perfección.
Es la manifestación más definitiva y clara de la fidelidad de Dios a sus
promesas. Por eso cantamos con el Salmo 104:«El Señor se acuerda de su
Alianza eternamente. Dad gracias al Señor, invocad su nombre, dad a conocer
sus hazañas a los pueblos, cantadle al son de instrumentos, hablad de sus
maravillas. Gloriaos de su nombre santo, que se alegren los que buscan al
Señor. Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro».
Años pares
–1 Samuel 3,1-10.19-20: Habla, Señor,
que tu siervo escucha. Samuel es llamado al ministerio profético. Él fue
fiel al Señor. Es admirable y ejemplar la relación de Samuel y el sacerdote
Elí. Jerarquía y profetismo proceden de Dios y se completan. El profetismo
insumiso, descarado y separado de la jerarquía no es de Dios. Así lo enseña
San Ignacio de Antioquía:«Es conveniente obedecer sin ningún género de
fingimiento, porque no es a éste o aquél obispo que vemos a quien se
trataría de engañar, sino que el engaño iría dirigido contra el obispo
invisible; es decir, en este caso ya no es contra un hombre mortal, sino
contra Dios, a quien aun lo escondido está patente» (Carta a los Magnesios
1).Y San Bernardo: «¿Qué más da que Dios nos manifieste su voluntad por Sí
mismo o por sus ministros, ya sean ángeles, ya sean hombres?» (De los
preceptos y disposiciones 9).–La vocación de Samuel es modelo de prontitud
en la respuesta. Éste es el mejor sacrificio de alabanza que se puede
ofrecer a Dios. Hay que ofrecer a Dios una obediencia total y sincera, y
tener en Él plena confianza, total abandono en sus manos. Digamos, pues,
con el Salmo 39:«Yo esperaba con ansia al Señor: Él se inclinó y escuchó mi
grito. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor, y no acude
a los idólatras, que se extravían con engaños. Tú no quieres sacrificios ni
ofrendas, y en cambio me abriste el oído. No pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: “Aquí estoy”, como está escrito en mi libro, “para hacer
tu voluntad”. Dios mío, llevo tu ley en las entrañas. He proclamado tu
salvación ante la gran asamblea: no he cerrado los labios; Señor, Tú lo
sabes».–Marcos 1,29-39: Curó a muchos enfermos de muchos males. Las
curaciones milagrosas son señales del poder salvador de Cristo. Con sus
milagros manifiesta Jesucristo que el reino mesiánico, anunciado por los
profetas, está ya presente en su persona. Así atrae la atención a Sí mismo
y hacia la Buena Nueva del Reino que Él encarna; y suscita una admiración y
un temor religioso. Comenta San Jerónimo:«¡Ojalá venga [Jesús] y entre en
nuestra casa y, con un mandato suyo, cure la fiebre de nuestros pecados!
Porque todos nosotros tenemos fiebre. Tengo fiebre, por ejemplo, cuando me
dejo llevar por la ira. Existen tantas fiebres como vicios. Por ello,
pidamos a los Apóstoles que intercedan ante Jesús para que venga a nosotros
y nos tome de la mano; pues si Él toma nuestra mano, la fiebre huye al
instante. Él es un médico egregio, el verdadero protomédico. Sabe tocar
sabiamente las venas y escrutar los secretos de las enfermedades. No toca
el oído, no toca la frente, no toca ninguna otra parte del cuerpo, sino la
mano.«Aquella mujer tenía la fiebre porque no poseía obras buenas. Primero,
por tanto, hay que sanar las obras y luego quitar la fiebre. No puede huir la
fiebre si no son sanadas las obras. Cuando nuestra mano posee obras malas,
yacemos en el lecho sin podernos levantar, pues estamos sumidos totalmente
en la enfermedad» (Comentario a San Marcos 3,5).
JUEVES
Años impares
–Hebreos 3,7-14: Animaos unos a otros
mientras dura este hoy. Este texto de la carta a los Hebreos está centrado
en el Salmo 94, por medio del cual el Señor nos exhorta a la fidelidad.
Hemos de escuchar la voz del Señor en el tiempo presente, para que nuestros
corazones no se endurezcan. Debemos mantener viva la fe, para anticipar la
visión de las realidades que nos han sido prometidas.La fe garantiza a los
cristianos que su dispersión y su actual situación en el desierto del mundo
es el preludio de una bienaventurada escatología real. Los fieles han de
servirse del mundo y vivir en él, sin sustraerse de él. Es decir, han de
vivir en el mundo, como si vivieran fuera de él.Muchos Padres han tratado
del valor inmenso de la fe. Escuchemos a San Clemente Romano:«Procuremos
hacernos dignos de la bendición divina y veamos cuáles son los caminos que
nos conducen a ella. Consideremos aquellas cosas que sucedieron al
principio. ¿Cómo obtuvo nuestro Padre Abrahán la bendición? ¿No fue acaso
porque practicó la justicia y la verdad por medio de la fe?... «También
nosotros, llamados por su beneplácito en Cristo Jesús, somos justificados
no por nosotros mismos, ni por nuestra sabiduría o inteligencia, ni por
nuestra piedad, ni por las obras que hayamos practicado con santidad de
corazón, sino por la fe, por la cual Dios todopoderoso justificó a todos
desde el principio. A Él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén»
(Carta a los Corintios 31-33).–A la palabra de Dios recibida en la lectura
anterior respondemos con el mismo Salmo 94. Oigamos la llamada: «Ojalá
escuchéis hoy la voz del Señor. No endurezcáis el corazón». Ese «hoy» ha
sido ya inaugurado por Jesucristo. Estamos viviendo los tiempos
definitivos. Éste es el tiempo de la gracia y nosotros hemos de responder
con gran fe. Así entraremos en el descanso del Señor. Ese «hoy» es un grito
de urgencia:«Ojalá escuchéis la voz del Señor. No endurezcáis el corazón.
Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, Creador nuestro.
Porque Él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que Él guía».
Sólo teniendo un gran espíritu de fe podemos poner en práctica cuanto se
nos dice en este Salmo.
Años pares
–1 Samuel 4,1-11: Derrotaron a los
israelitas, y el arca de Dios fue capturada. Nuestra vida en la tierra es
un combate continuo. No basta, pues, para nuestra vida religiosa un culto
externo, como muchas veces advierten los profetas. Es necesaria la práctica
de las virtudes y la verdadera interioridad en el culto, de modo que éste
proceda del corazón.Cuando esto falta, Dios detesta el culto y el pueblo es
castigado. «No todo el que dice Señor, Señor»... (Mt 7,21) «Este pueblo me
honra con sus labios, pero su corazón está muy lejos de Mí» (Mt 15,8; Is
29,13). Por eso hemos de luchar con las armas de la fe y de la verdadera
religiosidad, como dice San Gregorio de Nisa:«El enemigo de nuestra alma
tiende muchas trampas ante nuestros pasos, y la naturaleza humana es, de
por sí, demasiado débil para conseguir la victoria sobre el enemigo... Por
eso es necesario que quien desprecia las grandezas de este mundo y renuncia
a su gloria vana, renuncie también a su propia vida. Renunciar a la propia
vida significa no buscar nunca la propia voluntad, sino la voluntad de Dios
y hacer del querer divino la norma única de la propia conducta; significa
también renunciar al deseo de poseer cualquier cosa que no sea necesaria o
común.«Quien así obra se encontrará más libre y dispuesto para hacer lo que
le mandan los superiores, podrá realizarlo prontamente con alegría y con
esperanza, como corresponde a un servidor de Cristo, redimido para el bien
de sus hermanos» (Tratado de la conducta cristiana).Quien es fiel en su
vida a la voluntad de Dios es el que le da el culto que Él merece, y que Él
no desprecia, pues ve que procede de un corazón contrito y humillado. –Los
israelitas no obraron el bien y hubieron de sufrir por mano de los
filisteos el castigo merecido. El Arca de Dios fue capturada, y así
perdieron lo más sagrado que ellos tenían. También nosotros hemos pecado.
También tenemos necesidad de la misericordia divina. Y la pedimos con el
Salmo 43:«Redímenos, Señor, por tu misericordia. Ahora nos rechazas y nos
avergüenzas, y ya no sales, Señor, con nuestras tropas; nos haces
retroceder ante el enemigo, y nuestro adversario nos saquea. Nos haces el
escarnio de nuestros vecinos, irrisión y burla de los que nos rodean. Nos
has hecho el refrán de los gentiles, nos hacen muecas las naciones. Señor,
ten misericordia de nosotros, no olvides nuestra desgracia y opresión».La
muerte del pecado se realizó ciertamente en el bautismo. Sin embargo aún
permanecen en nosotros las secuelas del pecado con sus concupiscencias.
Sentimos viva la ley del pecado, que domina nuestros miembros (Rom 7,32).
Tenemos, pues, necesidad de conversión y de un culto sincero, que proceda
de la fe y de los más hondo del corazón, y que se refleje en nuestras
obras.–Marcos 1,40-45: Se le quitó la lepra y quedó limpio. Este milagro es
signo del poder del Hijo de Dios. El hecho prodigioso se divulga, contra la
voluntad del Salvador, y se enciende el entusiasmo del pueblo.
Verdaderamente solo en Cristo está nuestra salvación.Los Santos Padres ven
muchas veces en la lepra un símbolo de la enfermedad profunda del pecado.
Así, por ejemplo, San Atanasio:«Sin contentarse con haber encontrado el
mal, el alma humana, poco a poco, se fue precipitando en lo peor... Así,
desviada del bien y olvidando que ella es imagen del Dios bueno, el poder
que obra en ella no le deja ver ya al Dios Verbo, la semejanza a la que
ella fue hecha; y saliendo de sí misma, no piensa ni imagina sino la nada.
Ella ha escondido en los repliegues de los deseos corporales el espejo que
hay en ella; por el cual solo podía ver la imagen del Padre. Y así ahora no
ve ya más aquello en lo que un alma debe pensar. Al contrario, vuelta hacia
todos los lados, sólo ve aquello que cae bajo los sentidos.«Así, llena el
alma de toda clase de deseos carnales y ofuscada por la falsa opinión que
de ellos se ha hecho, acaba por imaginarse como las cosas corporales y
sensibles a Dios, de cuyo pensamiento se ha olvidado, y da a las
apariencias el nombre de Dios. Ella no aprecia más que aquello que ve y
contempla como algo agradable. Ello es, pues, el mal, la causa y el origen
de la idolatría» (Tratado contra los paganos 2 y 8).Solo el Salvador puede
sanarnos de esta lepra. «La lepra se le quitó inmediatamente y quedó
limpio».
VIERNES
Años impares–Hebreos 4,15.11:
Esforcémonos en entrar en el descanso del Señor. Para llegar a ello es
menester evitar los ejemplos de incredulidad del antiguo Israel. Es necesario
adherirnos por la fe al mensaje de salvación que Cristo nos enseñó con su
palabra, su vida, su muerte y resurrección. Entrar en el «descanso» es
entrar en la intimidad de Dios. La paz interior del hombre es don de la
gracia de Dios recibida en una colaboración ascética fiel. Comenta San Juan
Crisóstomo:«Pensemos que nuestra vida no es otra cosa que un combate, y
nunca buscaremos el reposo. Nunca consideremos la aflicción como algo
extraordinario. Hemos de parecemos al atleta, que no mira la lucha como
algo inesperado. No es todavía tiempo de descansar; hace falta que nos
perfeccione el sufrimiento» (Homilía sobre Hebreos 5).Así llegaremos a la
unión con Dios. Por la cruz a la luz, por el combate a la paz eterna, al
gozo espiritual.–Todo el Antiguo Testamento se escribió para lección
nuestra. La historia del pueblo de Israel fue la historia de su negativa a
los beneficios de Dios. Por eso, no entraron en su descanso. Se olvidaron
de los preceptos del Señor. No cumplieron sus mandatos. Ahora nosotros tenemos
acceso a la íntima unión con Dios gracias a Cristo, siguiendo sus ejemplos,
obedeciendo su doctrina.Así lo confesamos en el Salmo 77: «No olvidéis las
acciones de Dios. Lo que oímos y aprendimos, lo que nuestros padres nos
contaron, lo contaremos a la futura generación: las alabanzas del Señor y
su poder. Que lo cuenten a sus hijos, para que guarden Sus mandamientos.
Para que no imiten a sus padres, generación rebelde y pertinaz, generación
de corazón inconstante, de espíritu infiel a Dios».
Años pares
–1 Samuel 8,4-7.10-22: Gritaréis contra
el rey, pero Dios no os responderá. El pueblo quiere tener un rey, pero
Samuel ve ese deseo con reticencia: Yavé es el único rey de Israel. De
hecho, la monarquía sólo se impuso y consolidó con David. También nosotros
hemos de poner nuestra confianza en la autoridad del Señor, ejercitada en
las autoridades de la Iglesia, evitando apoyar nuestra esperanza en poderes
humanos. Escuchemos la exhortación de San Ireneo:«Siendo nuestros
argumentos de tanto peso, no hay para qué ir a buscar de otros la verdad
que tan fácilmente se encuentra en la Iglesia, ya que los Apóstoles
depositaron en ella, como en una despensa opulenta, todo lo que pertenece a
la verdad, a fin de que todo el que quiera pueda tomar de ella la bebida de
la vida. Y ésta es la puerta de la vida; todos los demás son salteadores y
ladrones. Por esto hay que evitarlos, y en cambio hay que poner suma
diligencia en amar las cosas de la Iglesia y en captar en ella la tradición
de la verdad» (Tratado contra las herejías 3,4).La misma doctrina viene
dada por San Vicente de Lerin:«El verdadero y auténtico católico es el que
ama la verdad de Dios y a la Iglesia, cuerpo de Cristo; aquel que no
antepone nada a la religión divina y a la fe católica. No les antepone la
autoridad de un hombre, ni el amor, ni el genio, ni la elocuencia, ni la
filosofía; sino que, despreciando todas estas cosas y permaneciendo
sólidamente firme en la fe, está dispuesto a admitir y a creer solamente lo
que la Iglesia siempre y universalmente ha creído» (Conmonitorio 20).–A
pesar de la contumacia del pueblo, que exige un rey humano, Yavé será
eternamente el Rey de Israel. Ése es el gran privilegio del Pueblo elegido,
por haber pactado una alianza con Dios. Pero Israel muchas veces es infiel a
la alianza con Dios, y en la plenitud de los tiempos no acoge al Mesías,
Cristo Jesús. Para el nuevo Israel, la Iglesia, no hay mayor honor y
bienaventuranza que tener a Cristo como Señor, pastor y guía. Así lo
rezamos en el Salmo 88:«Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.
Dichoso el pueblo que sabe aclamarte: caminará, oh Señor, a la luz de tu
rostro. Tu nombre es su gozo cada día, tu justicia es su orgullo. Porque Tú
eres su honor y su fuerza, y con tu favor realzas nuestro poder. Porque el
Señor es nuestro escudo y el Santo de Israel, nuestro Rey».–Marcos 2,1-12:
El Hijo del hombre tiene potestad para perdonar los pecados. Él es Dios. El
vino para eso, para quitar el pecado del mundo. Por eso nosotros nos
presentamos ante el Señor como pecadores, como pobres paralíticos, cargados
de pecados. Y Cristo nos sana y nos perdona. El establece en la Iglesia un
sacramento: el de la penitencia o reconciliación, para perdonar los pecados
de todos los que con buena disposición se acerquen al sacerdote. Comenta
San Ambrosio:«El Señor es grande: a causa de unos perdona a otros, y
mientras prueba a unos, a otros les perdona sus faltas. ¿Por qué, oh
hombre, tu compañero no puede nada en ti, mientras que en cambio ante el
Señor su siervo tiene un título para interceder y un derecho para impetrar?
Tú que juzgas, aprende a perdonar; tú que estás enfermo, aprende a
implorar. Si no esperas el perdón de faltas graves, recurre a los
intercesores, recurre a la Iglesia, que ora por ti y, en atención a ella,
el Señor te otorgará lo que El ha podido negar.«Hemos de creer que el
cuerpo de este paralítico ha sido curado verdaderamente, y reconocer
también la curación del hombre interior, a quien le han sido perdonados sus
pecados. Por su parte, los judíos, afirmando que solo el Señor puede
perdonar los pecados, confesaron vigorosamente la divinidad del Señor, y
con su juicio traicionaron su mala fe, puesto que a la vez exaltan la obra
y niegan la persona.«Es, pues, gran locura que este pueblo infiel, habiendo
conocido que sólo Dios puede perdonar los pecados, no crea en [Cristo]
cuando perdona los pecados. El
Señor, que quiere salvar a los pecadores, demuestra claramente su divinidad
por su conocimiento de las cosas ocultas y por sus acciones prodigiosas»
(Comentario a San Lucas lib. 5,11-12).
SÁBADO
Años impares
–Hebreos 4,12-16: Acerquémonos con toda
confianza al trono de la gracia. La palabra de Dios es viva y eficaz: juzga
a quien la escucha. Llenos de la fuerza de Jesús, Hijo de Dios y Sumo
Sacerdote, en todo semejante a nosotros menos en el pecado, permanezcamos
firmes en la fe para alcanzar la misericordia de Dios. Dos verdades
preciosas se nos revelan en ese texto: el valor de la Palabra de Dios y la
condición de Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Así contempla San Gregorio
Nacianceno a Jesucristo, como Palabra y como Pontífice, al tiempo que le
reconoce otros altos títulos:«Tú eres llamado Palabra y estás sobre todas
las palabras; tú, que estás sobre toda luz, eres llamado Luz (Jn 1,9; 8,12;
12,46). Tú eres llamado Fuego, pero no porque incides sobre los sentidos,
sino porque purificas la materia ligera y viciosa (Dt 4,24; Heb 12,29). Tú
eres Espada, porque divides y separas el mal del bien (Ef 6,13; Heb 4,12);
Bieldo, porque limpias y quitas aquello que es ligero y llevado por el
viento, y guardas lo que está lleno en los graneros de arriba (Mt 3,12; Lc
3,17); Hacha, porque, habiendo tenido paciencia tanto tiempo, cortas la
higuera estéril (Mt 3,10; Lc 3,9; Lc 13,6-9); Puerta, porque introduces (Jn
10,7-9); Camino, para que nosotros andemos por el camino recto (Jn 14,6);
Oveja, porque eres la víctima (Is 53, 7); Pontífice, que ofreces tu Cuerpo
(Heb 4,14; 8,1-9; 9,11); Hijo,
porque lo eres del Padre (Mt 3,17; 17,5; Mc 1,11; 9,7; Lc 2,22;
9,35)» (Sermón 37,4).–Reconocemos la eficacia de la Palabra de Dios, que es
espíritu y vida, descanso y alegría, luz y felicidad, con el Salmo 18: «La
ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es
fiel e instruye al ignorante. Los mandatos del Señor son rectos y alegran
el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos; la voluntad
del Señor es pura y eternamente estable; los mandatos del Señor son
verdaderos y enteramente justos».
Años pares
–1 Samuel 9,1-4.17-19–10,1: Saúl regirá
a su pueblo: Dios lo escogió. Pero esta elección exige de él un
comportamiento digno. De lo contrario le retirará su favor, como así fue.
Hay que corresponder, pues, a la gracia divina, a los dones del Señor.
Cuando no hay una correspondencia fiel, el corazón se endurece y la vida se
hace triste y estéril. San Juan Crisóstomo dice:«Si eres obediente a la voz
de Dios, ya sabes que te está llamando desde el cielo; pero si eres
desobediente y de voluntad torcida, aunque le oyeras físicamente, no te
bastaría. ¿Cuántas veces no le oyeron los judíos? A los ninivitas les bastó
la predicación de un profeta. Aquellos, en cambio, permanecieron más duros
que piedras en medio de profetas y de milagros continuos. En la misma Cruz
se convirtió un ladrón con sólo ver a Cristo y, junto a ella, los que
habían visto resucitar muertos, le insultaban» (Homilía en honor de San
Pablo 4).El Señor nos da constantemente gracias para ayudarnos en el
cumplimiento del deber de cada momento. Al cristiano le corresponde acoger
fielmente esa gracia y así dar el fruto que Dios quiere darle. –En todos
los momentos de su historia supo Israel, llevado por sus profetas,
descubrir la presencia del Señor. Cuando comenzó la monarquía, descubrieron
en el rey la presencia protectora de Israel. Las victorias, los éxitos, la
vida, las bendiciones que recaen sobre el rey son manifestaciones del
cuidado del Señor que dirige a su pueblo.Así continúa hoy la historia de la
Iglesia, y con ella, los que reconocemos a Cristo como Rey, rezamos el
Salmo 20: «Señor, el rey se alegra por tu fuerza y ¡cuánto goza con tu
victoria! Te adelantaste a bendecirlo con el éxito y has puesto en su
cabeza una corona de oro fino. Te pidió vida y se la has concedido, años
que se prolongan sin término. Tu victoria ha engrandecido su fama, lo has vestido
de honor y de majestad. Le concedes bendiciones incesantes, lo colmas de
gozo en tu presencia». El salmo, pues, se refiere a Cristo, a su reino de
santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz.–Marcos 2,13-17: No he
venido a llamar a los justos sino a los pecadores. A la vocación del Leví
siguió un banquete en el que los puritanos se escandalizan porque Cristo
come con los pecadores: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos».
Cristo ofrece siempre a los pecadores la posibilidad de salvar sus vidas.
Sólo quiere que acojan la gracia del arrepentimiento. Que se adhieran a su
persona y al Padre por la senda del amor. Comenta San Agustín:«Allí estaban
[los fariseos], allí mostraban su crueldad: ellos eran quienes le lanzaban
reproches y le decían: “Ved que come con publicanos y pecadores”. Formaban
parte del mismo pueblo que daba muerte al médico, a aquel que con su sangre
les preparaba el antídoto. Como el Señor no sólo derramó sus sangre, sino
que hasta se sirvió de su muerte para confeccionar el medicamento, del
mismo modo resucitó para dar una prueba de la resurrección. Con paciencia
padeció para enseñarnos la paciencia a nosotros, y en su resurrección nos
mostró el premio de esa virtud» (Sermón 175,3).La verdadera justicia se
compadece de los pecadores, pero la falsa justicia se aparta de ellos. Por
eso Cristo recibió con amorosa compasión al publicano y a la Magdalena, la
pecadora. ¡Con qué magnífica plasticidad nos pinta Jesús su infinito amor
hacia los pecadores en las parábolas del Buen Pastor y del hijo pródigo!
¿Dónde estaríamos si el Señor no nos hubiera reconciliado con su infinito
amor?
SEMANA 2ª
DOMINGO
Entrada: «Que se postre ante Ti, oh
Dios, la tierra entera; que toquen en tu honor, que toquen para tu nombre»
(Sal 65,4).Colecta (Gregoriano): «Dios todopoderoso, que gobiernas a un
tiempo cielo y tierra, escuche paternalmente la oración de tu pueblo, y haz
que los días de nuestra vida se fundamenten en tu paz».Ofertorio
(Veronense): «Concédenos, Señor, participar dignamente de estos santos
misterios, pues cada vez que celebramos este memorial del sacrificio de
Cristo, se realiza la obra de nuestra redención».Comunión: «Preparas una
mesa ante mí y mi copa rebosa» (Sal 22,5). «Nosotros hemos conocido el amor
que Dios nos tiene y hemos creído en Él» (1 Jn 4,16).Postcomunión (como las
dos oraciones anteriores, se encontraba en el Misal anterior, y ésta ha
sido retocada según el Veronense): «Derrama, Señor, sobre nosotros tu
espíritu de caridad, para que, alimentados por el mismo pan del cielo,
permanezcamos unidos en el mismo amor».
CICLO A
La finalidad de la Encarnación del
Verbo se manifiesta en el ansia profunda del Corazón de Cristo Redentor
para llevar a los hombres, purificados de sus pecados, hasta la condición
de hijos de Dios. Para conseguirlo, los ilumina primero con su palabra y su
vida, y los santifica, al fin, con su propio sacrificio, como Cordero
destinado a expiar los pecados de todos los hombres. Así lo vemos en las
lecturas siguientes:–Isaías 49,3.5-6: Te hago Luz de las naciones, para que
seas mi salvación. Todo hombre, de cualquier condición y origen, necesita
de la salvación. Jesús es el Siervo de Dios, que tiene poder para iluminar
y reconciliar a todos los hombres hasta el último confín de la tierra. El
Siervo, en su condición difícil, pero preciosa, experimenta la dureza del
corazón del Pueblo elegido. Pero sufre pacientemente, para que todos
podamos ser como Él. Comenta San Gregorio Nacianceno:«Vengamos a ser como
Cristo, ya que Cristo es como nosotros. Lleguemos a ser dioses por Él, ya
que Él es hombre por nosotros. Él ha tomado lo que es inferior para darnos
lo que es superior. Se ha hecho pobre para que su pobreza nos enriquezca (2
Cor 8,9); ha tomado forma de esclavo (Flp 2,7) para que nosotros recobremos
la libertad (Rom 8,1); se ha abajado para alzarnos a nosotros; aceptó la
tentación para hacernos vencedores; ha sido deshonrado para glorificarnos;
murió para salvarnos y subió al cielo para unirnos a su séquito, a nosotros
que estábamos derribados a causa del pecado» (Sermón 1,5).–Con el Salmo 39
unimos nuestra voz a la de Cristo y cantamos: «“Aquí estoy, Señor, para
hacer tu voluntad”. Yo esperaba con ansia al Señor: Él se inclinó y escuchó
mi grito; me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios...
He proclamado su salvación ante la gran asamblea».–1 Corintios 1,1-3:
Gracia y paz os dé nuestro Padre y Jesucristo, nuestro Señor. Es por
Cristo, Salvador por quien el Padre nos ofrece la gracia que nos reconcilia
y la paz que nos salva. En la Carta a Diogneto leemos:«Nadie jamás ha visto
ni ha conocido a Dios, pero Él ha querido manifestarse a Sí mismo. Se
manifestó a través de la fe, que es la única a la que se le concede ver a
Dios. Porque Dios es Señor y Creador de todas las cosas, que todo lo hizo y
todo lo dispuso con orden, no sólo amó a los hombres, sino que también fue
paciente con ellos. Siempre lo fue, lo es y lo será: bueno, benigno, exento
de toda ira, veraz; más aún Él, es el único bueno. Después de haber
concebido un designio grande e inefable se lo comunicó a su único
Hijo.«Mientras mantenía oculto su sabio designio y lo reservaba para Sí,
parecía abandonarnos y olvidarse de nosotros. Pero, cuando lo reveló por
medio de su amado Hijo y manifestó lo que había establecido desde el
principio, nos dio juntamente todas las cosas: participar de sus beneficios
y ver y comprender sus designios. ¿Quién de nosotros hubiera esperado jamás
tanta generosidad?«Dios, que todo lo había dispuesto junto con su Hijo,
permitió que hasta el tiempo anterior a la venida del Salvador viviéramos
desviados del camino recto, atraídos por los deleites y concupiscencias, y
nos dejáramos arrastrar por nuestros impulsos desordenados... Nos dio a su
propio Hijo como precio de nuestra redención: entregó al que es santo para
redimir a los impíos, al inocente por los malos, al justo por los injustos,
al incorruptible por los corruptibles, al inmortal por los mortales...«¡Oh
admirable intercambio, mediación incomprensible, beneficios inesperados:
que la impiedad de muchos sea cubierta por un solo justo, y que la justicia
de uno solo justifique a tantos impíos!» (Diogneto 8).–Juan 1,29-34: Éste
es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Tras proclamar la
necesidad de la penitencia y de la conversión, el Bautista coronó su misión
de Precursor, señalando en Jesús la presencia santificadora del Cordero de
Dios. Unas ocho veces ha comentado San Agustín este pasaje evangélico
:«Demuestra que tienes amor al Pastor amando a las ovejas, pues también las
ovejas son miembros del Pastor. Para que las ovejas se conviertan en
miembros suyos, fue conducido al sacrificio como una oveja (Is 53, 7); para
que las ovejas se hicieran miembros suyos, se dijo de Él: He aquí el
Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Jn 1, 29). Pero, grande es
la fortaleza de este Cordero. ¿Quieres conocer cuánta fortaleza mostró
tener? Fue crucificado el Cordero y resultó vencido el león. Ved y
considerad con cuánto poder rige el mundo Cristo, el Señor, si con su
muerte venció al diablo. Amémosle, pues; nada tengamos en mayor aprecio»
(Sermón 225,1-2).Jesús es el único justo en
medio de aquella muchedumbre que confesaba sus pecados. Él es «el
Cordero de Dios». ¿A quién se refiere esta imagen?: ¿Al cordero sacrificado
en el templo?, ¿al cordero pascual?, ¿al Siervo de Yahvé? A los tres al
mismo tiempo. Y esa imagen significa que Él es inocente, lleno de
mansedumbre, de perfección ritual y de santidad, y que será sacrificado en
la Cruz para salvar a todos los hombres de sus pecados, para irradiar en
todas partes la Luz sin ocaso con su palabra y con su vida.
CICLO B
Dios nos ha hablado con impresionante
realismo en la Encarnación de su Verbo eterno, hecho hombre como nosotros,
igual a nosotros en todo, menos en el pecado. Por eso todo diálogo
auténtico entre el hombre y Dios se ha de hacer a través de Jesucristo.
Quien rechaza a Cristo, rechaza a Dios y se coloca fuera de la salvación
redentora.–1 Samuel 3,3-10.19: Habla, Señor, que tu siervo escucha. El
episodio de la vocación del profeta Samuel es un claro exponente del
derecho de Dios a condicionar decisivamente la vida del hombre con su libre
llamamiento. Y es también un ejemplo de la auténtica respuesta humana ante
la vocación divina. Oigamos a Casiano:«Hay tres géneros de llamamiento. Uno
cuando nos llama Dios directamente; otro, cuando nos llama por medio de los
hombres; y el tercero, cuando lo hace por medio de la necesidad»
(Colaciones 3).«Muchos son los caminos que conducen a Dios. Por eso, cada
cual debe seguir con decisión irrevocable el modo de vida que primero
abrazó, manteniéndose fiel en su dirección primera. Cualquiera que sea la
vocación escogida, podrá llegar a ser perfecto en ella» (ib. 14).«Aquí
estoy, dice Samuel, porque me has llamado». San Jerónimo escribe al monje
Heliodoro:«Recuerda el día en que entraste en filas, cuando sepultado con
Cristo en el bautismo, juraste las palabras del sacramento: que por el
nombre del mismo Cristo, no tendrías cuenta con padre ni madre. Mira que el
enemigo tiene empeño en matar a Cristo en tu pecho. Mira que el donativo o
soldada que, al entrar en la milicia, recibiste es codiciado por los
campamentos contrarios... Secos los ojos, vuela al estandarte de la cruz.
En este caso, es verdadera piedad ser cruel» (Carta 14).–Con el Salmo 39 le
decimos al Señor una vez más: «“Aquí estoy, para hacer tu voluntad”. Yo
esperaba con ansia al Señor; Él se inclinó y escuchó mi grito; me puso en
la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios... Dios mío, lo quiero,
llevo tu ley en mis entrañas».–1 Corintios 6,13-15.17-20: Vuestros miembros
son miembros de Cristo. La vocación cristiana es integral. Afecta también a
nuestro cuerpo para la santidad. No se es cristiano con sólo el pensamiento
y el alma. Dios llama al hombre entero, le reclama hasta lo más íntimo de
su corazón. Así lo explica San Gregorio de Nisa «Considerando que Cristo es
“la luz verdadera” (Jn 1,9), sin mezcla posible de error alguno, nos damos
cuenta de que también nuestra vida ha de estar iluminada con los rayos de
la luz verdadera. Los rayos del sol de justicia son las virtudes que de Él
emanan para iluminarnos; para que “dejemos las actividades de las tinieblas
y nos conduzcamos, como en pleno día, con dignidad” (Rom 13, 1) y,
apartando de nosotros las ignominias que se cometen a escondidas, obrando en
todo a plena luz, nos convirtamos también nosotros en luz y, como es propio
de la luz, iluminemos a los demás con nuestras obras.«Y si tenemos en
cuenta que “Cristo es nuestra santificación” (1 Cor 1,10), nos abstendremos
de toda obra y pensamiento malo e impuro, con lo cual demostraremos que
llevamos con sinceridad su mismo nombre, mostrando la eficacia de esta
santificación, no con palabras, sino con los actos de nuestra vida.«Además,
cuando decimos que Cristo es nuestra redención, lo consideramos como el
precio que nos gana la inmortalidad y nos hace posesión suya, comprados a
la muerte por su vida (1 Tim 2,6). Y si somos de Aquel que nos redimió,
sigamos en todo al Señor, de manera que ya no seamos dueños de nosotros
mismos, sino que el Señor es Aquel que nos compró (1 Cor 6,20) y nosotros
somos sus siervos. Su voluntad es, pues, para nosotros ley de vida»
(Tratado sobre el perfecto modelo de cristiano 4.6).–Juan 1,35-42: Vieron
donde vivía y se quedaron con El. En toda vocación cristiana Cristo es el centro,
y es quien pone al hombre en sintonía garantizada con la voluntad de Dios,
que así le elige y le llama. Jesús quiere que los dos discípulos vean y
contemplen personalmente. Lo que ellos «vieron» debió de ser algo
impresionante, según deducimos de lo que después «hicieron». Estos
apóstoles comunican a otros su inmenso gozo, para ganarlos también para
Jesucristo. Comenta San Agustín:«Los dos discípulos, al oírle hablar así,
van en pos de Jesús. Se vuelve Jesús, ve que le siguen y les dice: “¿qué
buscáis?” Responden ellos: “Maestro, ¿dónde moras?” Ellos todavía no le
siguen, como para quedarse a vivir con Él... Pero Él les muestra dónde
vive, y ellos están con El. ¡Qué día tan feliz pasan y qué noche tan
deliciosa! ¿Hay quien sea capaz de decirnos lo que oyeron de la boca del
Señor?«Edifiquemos también nosotros mismos y hagamos una casa en nuestro
corazón, adonde venga El a enseñarnos y hablar con nosotros» (Sermón
203,2).
CICLO C
La Iglesia nos invita en estos domingos
que hoy comienza a seguir al Corazón de Cristo en los primeros pasos de su
vida pública, y nos enseña a escuchar su palabra, asimilarla y seguirla; y
también a recibir sus hechos, es decir, a aprender lecciones de vida y de
santidad evangélica. Ser cristiano no consiste solamente en recordar unos
hechos y conocer unas doctrinas, sino en aprender a vivir una vida nueva,
la misma vida de Jesús, según el Evangelio, identificándonos con Él.–Isaías
62,1-5: El marido se alegrará con su esposa. Este texto ha sido escogido en
razón de la lectura evangélica: las bodas de Caná. La obra de la salvación
es fruto de una elección de Dios absolutamente libre y gratuita. El Señor
se eligió un pueblo, como el esposo elige a su esposa en una alianza
perpetua. Escribe Casiano:«“La alegría que encuentra el marido con su
esposa, la encontrará Dios contigo”. Éste y otros textos bíblicos, como los
de Oseas y Jeremías, han sugerido a los místicos el matrimonio espiritual
del alma con Dios. Es una doctrina elevada a la que todos estamos llamados.
Es una intimidad perfecta con Dios.«Éste ha de ser nuestro principal
objetivo y el designio constante de nuestro corazón: que nuestra alma esté
continuamente unida a Dios y a las cosas divinas. Todo lo que le aparte de
esto, por grande que pueda parecernos, ha de tener en nosotros un lugar
puramente secundario o, por mejor decir, el último de todos. Inclusive
debemos considerarlo como un daño positivo» (Colaciones 1).–Con el Salmo 95
proclamamos: «Contad a todos los pueblos las maravillas del Señor. Cantad
al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor toda la tierra; cantad al Señor,
bendecid su nombre. Proclamad día tras día su victoria, contad a los
pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones. Familias de los
pueblos, aclamad al Señor, aclamad la gloria y el poder del Señor, aclamad
la gloria del nombre del Señor. Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda. Decid a los pueblos: “el Señor es
Rey, Él gobierna a los pueblos rectamente”».–1 Corintios 12,4-11: El mismo
y único Espíritu reparte a cada uno como a Él le parece. Dios mismo es
quien, con la riqueza de su Espíritu y con la variedad de sus dones, trata
de hacer de la Iglesia su Esposa santa, la madre única de todos los
redimidos por Cristo. El Espíritu Santo ha obrado siempre en la Iglesia de
un modo nuevo, intenso y creativo. Así lo muestra la historia de la
Iglesia. Ministerios y carismas han sido siempre para ella un don continuo,
en medio de gozos y penalidades. Oigamos a San Juan Crisóstomo:«El tiempo
que ha precedido al bautismo era un campo de entrenamiento y de ejercicios,
donde la caídas encontraban su perdón. A partir de hoy, la arena está
abierta para vosotros, el combate tiene lugar, estáis bajo la mirada
pública, y no sólo los hombres, también innumerables ángeles contemplan
vuestros combates. Pablo confiesa en su Carta a los Corintios: “nosotros
hemos sido presentados como espectáculo al mundo, a los ángeles y a los
hombres” (1 Cor 4,9). En efecto, los ángeles nos contemplan y el Señor de
los ángeles es el que preside el combate. Para nosotros no sólo es un
honor, sino también una seguridad. Cuando el juez de estos asaltos es
precisamente Aquel que ha entregado su vida por nosotros ¿qué honor y qué
seguridad no habremos de tener?» (Ocho catequesis bautismales 3,8).–Juan
2,1-12: En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos por intercesión de la
Virgen María. Jesús eligió, como marco de su primera manifestación
redentora, la ceremonia de unas bodas. Más tarde elevaría el matrimonio
cristiano a signo sacramental de la unión de Él mismo con su Iglesia. Éste
es el primer milagro público de Jesús. Oigamos el comentario de Fausto de
Riez:«Por obra de Cristo se produce en Galilea un vino nuevo, esto es, cesa
la ley y sucede la gracia; es retirada la sombra y se hace presente la realidad;
lo carnal viene a hacerse espiritual; la antigua observancia se transforma
en el Nuevo Testamento. Como dice el Apóstol: “lo antiguo ha pasado, lo
nuevo ha comenzado” (2 Cor 5,17). Y del mismo modo que el agua contenida en
las tinajas, sin mermar en su propio ser, adquiere una nueva entidad, así
también la ley no queda destruida con la venida de Cristo, al contrario,
queda clarificada y ennoblecida.«Como faltase el vino, Cristo suministra un
vino nuevo. Bueno es el vino del Antiguo Testamento, pero el del Nuevo es
mejor. El Antiguo Testamento que observan los judíos se diluye en la
materialidad de la letra; mientras que el Nuevo, al que pertenecemos
nosotros, nos comunica el buen sabor de la vida y de la gracia» (Sermón 5 sobre la Epifanía).
LUNES
Años impares
–Hebreos 5,1-10: A pesar a ser Hijo,
aprendió, sufriendo, a obedecer. La perfecta humanidad de Cristo entre los
hombres se subraya ahora con la definición de «sacerdote», que solo en Él
se verifica plenamente. En efecto, Jesucristo, elegido por Dios entre los
hombres, los representa en el culto a Dios, y ofrece dones y sacrificios
por los pecados. El sacrificio de Cristo fue en realidad el que consiguió
el perdón de los pecados, y Él no lo ofreció por Sí mismo, pues no tenía
pecado alguno. Oigamos a Orígenes:«Fijémonos en nuestro verdadero y sumo
sacerdote, el Señor Jesucristo. Él, habiendo tomado la naturaleza humana,
estaba con el pueblo todo el año, aquel año, a saber, del cual dice Él
mismo: “Me envió a evangelizar a los pobres y a proclamar el año de gracia
del Señor”. Y una vez durante este año, el día de la expiación, “entró en
el Santuario”; es decir, cumplida su misión, penetró en los cielos, y entró
en la presencia del Padre, para hacerle propicio al género humano y para
interceder en favor de todos los que creen Él...«En el Antiguo Testamento
se celebraba el rito de la propiciación ante Dios; pero tú, que has venido
a Cristo, verdadero sumo sacerdote, que con su sangre te hizo a Dios
propicio y te reconcilió con el Padre, transciende con tu mirada la sangre
de las antiguas víctimas y considera más bien la sangre de Aquél que es la
Palabra, escuchando lo que Él mismo te dice: “Esta es mi sangre, que será
derramada por vosotros para el perdón de los pecados”.«El hecho de rociar
el lado oriental tiene también su significación. De Oriente nos viene la
propiciación, pues de allí procede el varón cuyo nombre es Oriente, el que
ha sido constituido Mediador entre Dios y los hombres. Ello te invita a que
mires siempre hacia el Oriente, de donde sale para ti el sol de justicia,
de donde te nace continuamente la Luz para que no camines nunca en
tinieblas, ni te sorprenda en tinieblas aquel día último; para que no se
apodere de ti la noche y la oscuridad de la ignorancia, sino que vivas
siempre en la Luz de la Sabiduría, en el pleno día de la fe, bajo la Luz de
la caridad y de la paz» (Homilía 9 sobre el Levítico 5,10).–Con el Salmo
109 proclamamos el sacerdocio de Cristo. Constituido por Dios Sumo y Eterno
Sacerdote, Él ha realizado en su vida, compartida con la de sus hermanos,
los hombres, el puente de unión entre el cielo y la tierra. Él, víctima de
su propio ofrecimiento, se ha convertido para todos en autor de la
salvación eterna:Dios le dice por eso: «“tú eres sacerdote eterno según el
rito de Melquisedec”. Desde Sión extenderá el Señor el poder de su cetro:
somete en la batalla a los enemigos. “Eres príncipe desde el día de tu
nacimiento; entre esplendores sagrados yo mismo te engendré como rocío,
antes de la aurora”», antes de la aurora del mundo, desde toda la
eternidad.Cuanto más miserables seamos por nosotros mismos, más debemos
volvernos hacia Él, más debemos unirnos a sus súplicas, a su alabanza, a su
acción de gracias. Y el Señor, haciéndonos suyos, nos escuchará y nos
librará. Depositemos todo en Él: nuestro yo, nuestra esperanza y nuestros
temores, nuestro presente, nuestro pasado y nuestro porvenir... Él es
Sacerdote eterno.
Años pares
–1 Samuel 15,16-23: Obedecer vale más
que un sacrificio. El Señor rechaza como rey a Saúl, que le ha sido infiel.
San Agustín dice:«La obediencia con toda verdad ha de decirse la virtud
propia de la criatura racional, que actúa bajo la potestad de Dios. Y
también ha de decirse que el primero y el mayor de todos los vicios es el
orgullo, que lleva al hombre a querer más potestad para su ruina, y tiene
el nombre de desobediencia» (Tratado sobre el Génesis 8).El cristiano ha
de rechazar la tentación de
interpretar la obediencia como un sometimiento indigno del hombre, propio
de personas con escasa madurez. Quienes piensan así no han considerado que
Cristo «se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz» (Flp 2,8). –La
sinceridad de vida es el mejor sacrificio. La Escritura y los Padres
insisten una y otra vez en que el culto externo sin interioridad de corazón
no es por Dios querido, sino rechazado. Por eso el Señor nos dice en el
Salmo 49: «No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus
holocaustos ante Mí. Pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito
de tus rebaños. ¿Por qué recitas mis preceptos y tienes siempre mi alianza
en tu boca, tú que detestas mis enseñanzas y te echas a la espalda mis
mandatos? Esto haces ¿y me voy a callar? ¿Crees que soy como tú? Te
acusaré, te lo echaré en cara. El que me ofrece acción de gracias ése me
honra; al que sigue el buen camino le haré ver la salvación de Dios».Es
verdad que nuestra ofrenda, Cristo, es infinitamente más preciosa que todos
los costosos sacrificios del Antiguo Testamento; pero no olvidemos aquellas
palabras: «no todo el que dice: “Señor, Señor”...» Hemos de sacrificar a
Dios todo lo que no sea compatible con Su voluntad. Hemos de ofrecerle
sacrificios que nos cuesten algo real y sensible. Hemos de morir a nosotros
mismos, al pecado, y procurar «tener los mismos sentimientos que tuvo Cristo
Jesús» (Flp 2,5).–Marcos 2,18-22: El novio está con ellos. La observancia
de la ley mosaica no está ya vigente para los discípulos de Cristo, que son
amigos del Esposo. El ministerio salvador de Jesús proclama unos principios
fundamentales de vida, que no encajan en el sistema religioso entonces
vigente entre los judíos.La doctrina de Jesús tiene una gran fuerza
renovadora. Cristo declara aquí su divinidad y llama a sus discípulos «los
amigos del Esposo», sus amigos. Están con Él y por eso no necesitan ayunar.
Sin embargo, cuando no esté Él presente visiblemente, será necesario el
ayuno y la mortificación para poder verle con los ojos del alma. Dice San
Agustín:«La penitencia purifica el alma, eleva el pensamiento, somete la
propia carne al espíritu, hace al corazón contrito y humillado, disipa las
nebulosidades de la concupiscencia, apaga el fuego de las pasiones y
enciende la verdadera Luz de la castidad» (Sermón 73).Y San Basilio:«Al ser
nocivo para el cuerpo el demasiado cuidado y un obstáculo para el alma, es
locura manifiesta servirle y mostrarse sumiso con él» (Discurso a los
jóvenes 3).Con razón, pues, dice la Iglesia al Señor en un prefacio de
Cuaresma: «con el ayuno corporal refrenas nuestras pasiones, elevas nuestro
espíritu, nos das fuerza y recompensa».
MARTES
Años impares
–Hebreos 6,10-20: La esperanza que se
nos ha ofrecido es para nosotros un ancla segura y firme. Hemos de llevar
una vida auténticamente cristiana, pues Dios es fiel a sus promesas y nuestra
esperanza es como un ancla que nos aferra a él, Cristo Jesús, nuestro Sumo
y Eterno Sacerdote. El ancla siempre ha sido desde los primeros siglos del
cristianismo un signo de la firmeza y seguridad de la fe. Muchas veces
aparece pintada en las catacumbas. Los cristianos somos hombres que
esperamos la futura gloria que se revelará en nosotros. San Basilio
dice:«Un único motivo te queda para gloriarte, oh hombre, y el único motivo
de esperanza consiste en hacer morir todo lo tuyo y buscar la vida futura
en Cristo» (Homilía 20, sobre la humildad).San Agustín afirma que toda
la esperanza del hombre «estriba
solo en la gran misericordia de Dios» (Confesiones 10). Y San Juan
Crisóstomo: «No desesperéis nunca. Os lo diré en todos mis discursos, en
todas mis conversaciones; y si me hacéis caso, sanaréis. Nuestra salvación
tiene dos enemigos mortales: la presunción, cuando las cosas van bien, y la
desesperación, después de la caída. Éste segundo enemigo es mucho más
terrible» (Homilía sobre la penitencia). –Dios es siempre fiel a sus
promesas salvadoras. Él se ha comprometido y no miente. Por eso, con gran
ánimo y fortaleza, cantamos con el Salmo 110: «El Señor recuerda siempre su
alianza. Doy gracias al Señor de todo corazón, en compañía de los rectos,
en la asamblea. Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los
que las aman. El Señor ha hecho maravillas memorables, es piadoso y
clemente; Él da alimento a sus fieles, recordando siempre su alianza. Envió
la redención a su pueblo, ratificó para siempre su alianza; su nombre es
sagrado y temible; la alabanza del Señor dura por siempre».
Años pares
–1 Samuel 16,1-13: David es ungido y la
acción del Espíritu le invade. Dios muestra su benevolencia hacia David y
su pueblo. Los planes de Dios no son los de los hombres (Is 55,8), y así lo
comprueba Samuel, que se ve obligado a rechazar uno a uno todos los
hermanos mayores de David. El cumplimiento de la voluntad del Señor es
siempre la guía más segura para el cristiano. Esta voluntad de Dios, que se
va manifestando a lo largo de la vida, puede ser acogida con resignación,
con generosidad o con pleno abandono en Él, que es lo más perfecto.
«Cualquier cosa que te suceda recíbela como un bien, consciente de que nada
pasa sin que Dios lo haya dispuesto» (Carta llamada de Bernabé 9). Y San
Agustín: «El Señor conoce mejor que el hombre lo que le conviene en cada
momento» (Carta 138).–Cantamos la elección y unción de David con el Salmo
88. En lo más pequeño se ha revelado el poder del Señor. Así se ve más
claro que es Dios el que da la fuerza, el valor y la victoria a los que
siguen plenamente su voluntad:«He ceñido la corona a un héroe, he levantado
a un soldado sobre el pueblo. Encontré a David, mi siervo, y lo he ungido
con óleo sagrado; para que mi mano esté siempre con él, y mi brazo lo haga
valeroso. Él me invocará: “Tú eres mi Padre, mi Dios, mi Roca salvadora”, y
yo lo nombraré mi primogénito, excelso entre los reyes de la tierra».Como
es obvio, David es figura de Cristo, y lo que dice el Señor de aquél lo dice más plenamente de Cristo, Rey del
universo. Él es el cumplidor exacto de la voluntad del Padre, como lo
confesó varias veces: «mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y
acabar su obra» (Jn 4,34). El camino que Él nos señaló es el cumplimiento
de la voluntad divina: oír la palabra de Dios y practicarla. Es ahí donde
se demuestra realmente el amor a Dios, y donde se expresa de verdad nuestro
grado de unión con El: «no el que dice: “Señor, Señor”..., sino el que hace
la voluntad de mi Padre» (Mt 7,21).–Marcos 2,23-28: El sábado se hizo para
el hombre, y no el hombre para el sábado. La salvación, tema central del
mensaje de Jesús, no es cuestión de antiguas observancias legales, sino de
relación personal con Dios, que sólo es posible por el camino del amor.
Cristo, como Hijo de Dios, es «Señor del sábado». A la nueva alianza entre
Dios e Israel ha sucedido una alianza nueva entre Dios y la humanidad. Esta
alianza, nueva, perfecta y definitiva, está fundada en Cristo Jesús.
Comenta San Ambrosio:«No sólo por la ternura de sus palabras y por el
ejemplo de su actos, el Señor Jesús comenzó a despojar al hombre de la
observancia de la ley antigua y a revestirlo del nuevo vestido de la
gracia. Así lo conduce ya en día de sábado por los sembrados, es decir, lo
aplica a obras fructuosas. ¿Qué quiere decir sábado, mies, espigas? No se
trata de un misterio sin importancia. El campo es todo el mundo presente;
la mies del campo es, por la semilla del género humano, la cosecha
abundante de los santos; las espigas del campo son los frutos de la
Iglesia, que los apóstoles remueven por su actividad, nutriéndose y
alimentándose de nuestros progresos.«Se levantaba ya la mies, fecunda de
virtudes, con muchas espigas, a las cuales son comparados los frutos de
nuestros méritos; pues, como a ellas, el mal tiempo los deteriora, o los
quema el sol, o los humedecen las lluvias, o los destrozan las tempestades,
o bien los segadores los amontonan en los depósitos de los graneros
dichosos.«La tierra ha recibido ya la palabra de Dios, y sembrada con la
semilla celestial, ha producido en el campo ubérrimo una mies abundante.
Los discípulos tenían hambre de la salvación de los hombres, y [arrancando
espigas] parecían extraer el alimento de las almas y atraer a la luz de la
fe por los prodigios deslumbrantes que realizaban. Pero los judíos pensaban
que “eso no estaba permitido en sábado”. Cristo, sin embargo, por un nuevo
beneficio de su gracia, subraya la ociosidad de la ley y la acción de la
gracia» (Comentario al Evangelio de San Lucas 5, 28-29).
MIÉRCOLES
Años impares
–Hebreos 7,1-3.15-17: Tú eres sacerdote
para siempre según el rito de Melquisedec. Quedan perfilados los rasgos del
sacerdocio de Cristo: será el suyo un sacerdocio totalmente nuevo, cuya
imagen puede ser la figura misteriosa de Melquisedec. De éste no se conoció
su ascendencia ni su descendencia (Gen 14,17-20). Por eso es tipo del
sacerdocio eterno de Cristo. Era rey de Salén, esto es, rey de paz. Abrahán
lo considera superior.Todo esto es propio de Cristo. Por Él, que es nuestro
Mediador, nuestro Sumo y Eterno Sacerdote, la Iglesia puede ofrecer y
ofrece al Padre una acción de gracias, una eucaristía, perfecta y digna de
Él. En la maravilla sagrada de la Eucaristía se actualiza sacramentalmente
el sacrificio único de Cristo. Oigamos a San León Magno:«Está presente el
Señor Jesucristo en medio de los creyentes. Por eso nuestra confianza no es
temeraria, sino fiel. Pues, aunque Él está sentado a la derecha de Dios
Padre, hasta que ponga a todos sus enemigos por escabel de su pies (Sal
109,1), sin embargo, no falta nunca el Sumo Pontífice de la asamblea de sus
pontífices, y con razón se le canta por boca de toda la Iglesia y de todos
los sacerdotes: “Tú eres sacerdote para siempre según el orden de
Melquisedec”.«Él mismo es Aquel cuya figura presignificaba el pontífice
Melquisedec, que no ofrecía las oblaciones judaicas, sino que inmoló el
sacrificio de aquel sacramento que nuestro Redentor consagró en su Cuerpo y
en su Sangre. Él mismo es aquel cuyo sacerdocio no había de pasar con el
tiempo de la ley, como pasó el establecido según el orden de Aarón, sino
que fue instituido con la firmeza de un juramento indisoluble, que había de
celebrarse perennemente según el orden de Melquisedec. Pues, así como entre
los hombres el juramento que se presenta con estas fórmulas queda
sancionado como pacto perpetuo, así también la declaración del juramento
divino, que se encuentra en estas promesas, fijadas en decretos
inconmovibles. Y puesto que el arrepentimiento indica el cambio de voluntad,
Dios no se arrepiente en aquel en que, según el beneplácito eterno, no
puede querer otra cosa distinta de lo que quiso...«Honramos, pues, el día
en que fuimos consagrado obispo, ya que piadosa y verdaderamente confesamos
que, en todas las cosas que hacemos rectamente, Cristo es quien realiza la
obra de nuestro ministerio» (Sermón 5, 3-4).–Volvemos a cantar el
sacerdocio de Cristo con el Salmo 109: «“Tú eres sacerdote eterno, según el
rito de Melquisedec”. Oráculo del Señor a mi Señor: “siéntate a mi derecha
y haré de tus enemigos estrado de tus pies”... El Señor lo ha jurado y no
se arrepiente: “Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec”».El
sacrificio de la Misa es una reactualización sacramental del sacrificio
redentor del Calvario. Jesús en él se da a Sí mismo y se entrega sin
límites a los hombres, como Sacerdote y Víctima. Toda su vida ha sido una
donación continuada. Él «vino para dar su vida» (Mt, 20,28), y en la hora
suprema consumó su donación en el sacrificio de la Cruz.
Años pares
–1 Samuel 17,32-33.37.40-51: David
venció al filisteo Goliat. Comenta San Agustín:«El enemigo te da la muerte
con tu misma espada; con tus mismas armas te vence y te asesina. Acepta el
precepto, sabiendo que no es un arma con la que el enemigo te da muerte,
sino con la que tú se la das a tu enemigo. Pero no presumas de tus fuerzas.
Contempla al joven David contra Goliat: contempla al pequeño contra el
grande; pequeño pero presumiendo del nombre de Dios: “Tú con escudo y
lanza; yo en nombre del Señor omnipotente”. Así, así y no de otra manera
has de luchar; no hay otra manera de derrotar al enemigo. Quien presume de
sus fuerzas, antes de la lucha ya está derrotado» (Sermón 153,11).–David es
pequeño e insignificante, pero va hacia el enemigo «en el nombre del Señor
de los ejércitos». Dios que es Roca, Alcázar, Baluarte, Escudo y Refugio,
es el único que da la victoria. Esto se cumple siempre, pero más en el
Reino de Cristo, en la Iglesia. Los que confían en el Señor alcanzan la
salvación. Pasan los perseguidores, pasan los herejes, pasan los que niegan
a Cristo, pero Él sigue reinando y reinará siempre, y con Él también su
Iglesia. Lo proclamamos con el Salmo 143:«Bendito el Señor, mi Roca, que
adiestra mis manos para el combate, mis dedos para la pelea. Mi Bienhechor,
mi Alcázar, Baluarte donde me pongo a salvo, mi Escudo y mi Refugio, que me
somete los pueblos. Dios mío, te cantaré un cántico nuevo, tocaré para Ti
el arpa de diez cuerdas; para Ti, que das la victoria a los reyes y salvas
a David, tu siervo. Defiéndeme de la espada cruel».–Marcos 3,1-6: ¿Está
permitido en sábado salvar a un hombre o dejarlo perecer? Sigue el problema
de la legislación mosaica ante el mensaje de Cristo, que viene a salvar a
todos los hombres. Los contemporáneos de Jesús no quieren recibir la
verdad, no aceptan el verdadero sentido de la ley, no reconocen la hora del
amor supremo que Cristo viene a instaurar. No entienden que Jesucristo, con
su doctrina y con su conducta, aunque aparentemente rompe el orden
religioso de Moisés, «no viene a abrogar la Ley, sino a consumarla» en el
amor (Mt 5,17). Es ésta una de las características más auténticas de la
vida cristiana. Dice San Bernardo:«El amor basta por sí solo, satisface por
sí solo y por causa de sí. Su mérito y su premio se identifican con él
mismo. El amor no requiere otro motivo fuera de él mismo, ni tampoco ningún
provecho; su fruto consiste en su misma práctica. Amo porque amo, amo para
amar. Gran cosa es el amor, con tal que se recurra a su principio y origen,
con tal que vuelva siempre a su fuente y sea una misma emanación de sí
mismo» (Sermón 83). San Agustín
decía: «cuanto más amo, me siento todavía más deudor» (Carta 192).
JUEVES
Años impares
–Hebreos 7,25–8,6: Cristo, ofreciéndose
a sí mismo, ofreció su sacrificio de una vez para siempre. En clara
distinción respecto del sacerdocio del Antiguo Testamento, Jesús, único y
eterno Sacerdote, que vive por siempre junto al Padre para interceder en
favor de nosotros, ofreció un sacrificio único, la ofrenda que hizo de sí
mismo en el Calvario. San Fulgencio de Ruspe dice muy bellamente:«Él es
quien en Sí mismo hace lo que era necesario para que se efectuara nuestra
redención. Es decir, Él mismo es el sacerdote y el sacrificio; es Dios y
templo; es el sacerdote por cuyo medio nos reconciliamos y el Dios con
quien nos hemos reconciliado. Ten, pues, por absolutamente seguro y no
dudes en modo alguno, que el mismo Dios unigénito, Verbo hecho carne, se
ofreció por nosotros a Dios en olor de suavidad, como sacrificio y hostia.
«El mismo, en cuyo honor, en unidad con el Padre y el Espíritu Santo, los
patriarcas, profetas y sacerdotes ofrecían en tiempos del Antiguo
Testamento sacrificio de animales; Él mismo es aquél a quien ahora, en el
tiempo del Nuevo Testamento, en unidad con el Padre y el Espíritu Santo,
con quienes comparte la misma y única divinidad, la santa Iglesia católica
no deja nunca de ofrecer por todo el universo de la tierra, como sacrificio
del pan y del vino, con fe y caridad» (De fide ad Petrum 22).–Como en días
anteriores, también hoy empleamos el Salmo 109: Oh Cristo, «tú eres
sacerdote eterno, según el orden de Melquisedec».
Años pares
–1 Samuel 18,6-9; 19,1-7: Mi padre,
Saúl, te busca para matarte. Saúl siente envidia del éxito logrado por
David entre el pueblo. Pero Jonatán, su hijo, que es amigo íntimo de David,
le previene del peligro. Sobre la amistad nos ofrece el Beato Elredo estas
palabras:«Esta es la verdadera, perfecta, la estable y constante amistad:
la que no se deja corromper por la envidia; la que no se enfría por las
sospechas; la que no se disuelve por la ambición; la que, puesta a prueba,
no cede; la que a pesar de tantos golpes, no cae; la que batida por tantas
injurias, se muestra inflexible» (Tratado sobre la amistad espiritual 3).Y
San León Magno:«Amándonos Dios, nos restituye a su imagen. Y para que halle
en nosotros la imagen de su bondad, nos concede que podamos hacer lo que Él
hace, iluminando nuestras inteligencias e inflamando nuestros corazones, a
fin de que no solamente le amemos a Él, sino también a cuanto Él ama. Si
entre los hombres se da una firme amistad cuando los ha unido la semejanza
de costumbres (aunque sucede muchas veces que la conformidad de costumbres
y deseos conduce a malos afectos), ¡cuánto más debemos desear y esforzarnos
por conformarnos con aquellas cosas que Dios ama!» (Sermón 12, 1 sobre el
ayuno del mes de diciembre).–Por muy grande que sea la persecución y por
mucho que aumenten las dificultades, el alma piadosa confía siempre en
Dios. Confesamos, por eso, con el Salmo 55: «En Dios confío y no temo.
Misericordia, Dios mío, que me hostigan, me atacan y me cercan todo el día;
todo el día me hostigan mis enemigos, me atacan en masa. Anota en tu libro
mi vida errante, recoge mis lágrimas en tu odre, Dios mío... En Dios, cuya
promesa alabo, en Dios confío y no temo. ¿Qué podrá hacerme un hombre? Te
debo, Dios mío, los votos que hice; los cumpliré con acción de gracias».Esa
confianza inalterable, aún en medio de las mayores angustias, se fundamenta
en la amistad del alma con Dios. Así dice San Gregorio Magno:«¡Qué grande
es la misericordia de nuestro Creador! Ni siquiera somos siervos dignos
suyos, y nos llama amigos. ¡Qué grande es la dignidad del hombre al ser
amigo de Dios! » (Homilía 27 sobre los Evangelios).–Marcos 3,7-12: Los
espíritus inmundos gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios». Aquellos espíritus,
reconociendo su derrota, manifestaban el poder salvífico de Jesucristo.
¿Reconocen ese poder cuando nos tientan a nosotros? ¿Por qué permite Dios
nuestras tentaciones? Porque nos son útiles. Oigamos a San Juan
Crisóstomo:Permite Dios que seas tentado, «primero, para que te des cuenta
de que ahora eres ya más fuerte. Luego, para que tengas moderación y
humildad y no te engrías por los dones recibidos, pues las tentaciones
pueden muy bien reprimir tu orgullo. Además de eso, la malicia del demonio,
que acaso duda de si realmente le has abandonado, por las pruebas de las
tentaciones puede tener certidumbre plena que te has apartado de él
definitivamente. Hay un cuarto motivo: las tentaciones te hacen más fuerte
que el hierro mejor templado. Y un quinto: te hacen comprobar mejor lo
preciosos que son los tesoros que se te han confiado, porque si no viera el
demonio que estás ahora constituido en más alto honor, no te hubiera
atacado» (Homilía 13 sobre San Mateo).El Pastor de Hermas dice que«el
diablo no puede dominar a los siervos de Dios que de todo corazón confían
en El. Puede, sí, combatirlos, pero no derrotarlos» (Hermas 2).Nosotros no
confiemos en sus halagos y fascinaciones. A veces «el mismo Satanás se
disfraza de ángel de luz» (2 Cor 11,14).
VIERNES
Años impares
–Hebreos 8,6-13: Cristo es Mediador de
una alianza mejor. El tema de la alianza es central en la Carta a los
Hebreos. Allí se encuentra esa palabra más veces que en los demás libros
del Nuevo Testamento. La comparación entre las dos alianzas, la Antigua,
dada a Moisés y grabada en piedra, y la Nueva, dada por Cristo y grabada en
la inteligencia y en el corazón de los fieles por el Espíritu Santo,
desarrolla el texto de Jeremías (Jer 31,31-34), donde el profeta anuncia la
alianza interior de Yavé con su pueblo. Orígenes comenta:«Todos los que
hemos recibido la palabra del Señor somos “linaje escogido, sacerdocio
real, nación santa, pueblo adquirido” (1 Pe 2, 9). Si, pues, alguno de
nosotros, que hemos sido constituidos en el orden de la estirpe real, ha
sido llevado por el diablo cautivo, sin duda ha sido trasladado del cortejo
real a Babilonia y hace alianza con Nabucodonosor porque despreció la
alianza con Dios.«Es imposible que el hombre viva sin una u otra alianza.
Si mantienes en ti el testamento de Dios, Nabucodonosor no puede hacer
alianza contigo. Y si rechazaste el testamento de Dios, por la
prevaricación de sus mandatos, has hecho pacto con Nabucodonosor. Pues está
escrito: “hizo con él un pacto” (Ez 17,13), y “se vistió como un traje la
maldición” (Sal 108,18)» (Homilía 12,17 sobre Ezequiel).–Lo que fue promesa
se ha hecho ahora realidad en Jesucristo, y lo que fue anuncio de la
constante misericordia de Dios se ha manifestado plenamente en Cristo con
el carácter de lo definitivo. Él es al mismo tiempo misericordia y
fidelidad. Celebramos orantes ese misterio de gracia con el Salmo
84:«Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación. La salvación
está ya cerca de sus fieles y la gloria habitará en nuestra tierra... La
justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra y la justicia
mira desde el cielo».
Años pares
–1 Samuel 24 3-21: No extenderé la mano
contra él, porque es el ungido del Señor. Saúl persigue a muerte a David. Y
cuando éste lo encuentra solo y lo tiene a su merced, sin embargo, no
levanta la mano contra él por respeto al ungido del Señor. No se venga.
Saúl conoce por esto y por otros signos que David es el elegido del Señor,
pero no por eso cambia hacia él sus sentimientos. Pueden más en él la
envidia y la soberbia. El perdón otorgado por David a su mayor enemigo es
un ejemplo perfecto. Pudo vengarse y no lo hizo, guardado del mal por temor
de Dios. También San León Magno exhorta al perdón:«Amadísimos, acordándonos
de nuestras debilidades, que nos han hecho caer en toda clase de faltas,
guardémonos de descuidar este remedio primordial [del perdón] y este medio
tan eficaz en la curación de nuestras heridas. Perdonemos, para que se nos
perdone; concedamos la gracia que nosotros pedimos. No busquemos la
venganza, ya que nosotros mismos suplicamos que se nos perdone. No nos
hagamos el sordo a los gemidos de los pobres; otorguemos con diligente
benignidad la misericordia a los indigentes, para que podamos encontrar
también nosotros misericordia el día del juicio» (Sermón 39,6).–El ejemplo
de David, acosado y salvado, nos mueve a elevar a Dios un canto de
confianza con el Salmo 55. La fuerza protectora de Dios es más poderosa que
la acción de los enemigos: «En Dios confío y no temo. Misericordia, Dios
mío, que me hostigan, me atacan y me acosan todo el día; todo el día me
hostigan mis enemigos, me atacan en masa. Anota en tu libro mi vida
errante, recoge mis lágrimas en tu odre. Que retrocedan mis enemigos cuando
te invoco y así sabré que eres mi Dios. En Dios, cuya promesa alabo, en el
Señor, cuya promesa alabo, en Dios confío y no temo; ¿qué podrá hacerme un
hombre? Te debo, Dios mío, los votos que hice; los cumpliré con acción de
gracias».–Marcos 3,13-19: Llamó a los que quiso y los hizo sus compañeros.
Jesús elige a sus apóstoles para que estén siempre con Él y para enviarlos
a predicar. No es posible ser apóstol de Cristo si no se está unido
íntimamente a Él. Difícilmente se podrá misionar si no estamos llenos de
Cristo por la oración. San Agustín insiste en ello con frecuencia:«Antes de
permitir a la lengua que hable, el apóstol debe elevar a Dios su alma
sedienta, con el fin de dar lo que hubiese bebido y esparcir aquello de que
le haya llenado» (Doctrina Cristiana 1,4). El cristiano, «para que aprenda
a amar a su prójimo como a sí mismo, debe antes amar a Dios como a sí
mismo» (Comentario al Salmo 118).Y San Ambrosio:«Recibe a Cristo para que
puedas hablar a los demás. Acoge en ti el agua de Cristo... Llena, pues, de
esta agua tu interior, para que la tierra de tu corazón quede humedecida y
regada por sus propias fuentes» (Carta 2,1-2).En fin, San Gregorio:«San
Juan Bautista escuchaba en su interior la voz de la Verdad para manifestar
al exterior lo que oía» (Homilía 20 sobre los Evangelios).Ésta ha sido la
doctrina constante de la Iglesia: de la unión vital con Cristo depende la
fecundidad de todo apostolado. Si no «estamos con Él», no podemos ser
«enviados a predicar».
SÁBADO
Años impares
–Hebreos 9,2-3.11-14: Entró una vez
para siempre en el Santuario con su sangre. Gran diferencia entre el
sacerdocio de Cristo y el sacerdocio de Aarón: no hay en la Cruz sangre de
cabritos, sino la suya; no se ofrece muchas veces el sacrificio, sino una
sola vez. Es la eficacia infinita del sacerdocio y sacrificio de Cristo.
Comenta San León Magno:«Oh admirable poder de la Cruz... En ella está el
tribunal del Señor, el juicio del mundo, el poder del Crucificado. En ella
“atrajiste a todos hacia Ti”, Señor, a fin de que el culto de todas las
naciones del orbe, celebrara, mediante un sacrificio pleno y manifiesto, lo
que se realizaba en el Templo de Judea como sombra y figura. Ahora, en
efecto, es más ilustre el orden de los levitas, más alta la dignidad de los
ancianos, más sagrada la unción de los sacerdotes; porque tu Cruz es la
fuente de toda bendición, el origen de toda gracia. Por ella, los creyentes
reciben de la debilidad la fuerza, del oprobio la gloria y de la muerte la
vida» (Sermón octavo sobre la Pasión 4).–La lectura anterior nos mueve a
cantar con el Salmo 46 la exaltación de Cristo en la Cruz. Es el Misterio
Pascual: Pasión, Muerte, Resurrección y Ascensión del Señor a los cielos.
Jesús se anonadó y Dios lo exaltó: «Dios asciende entre aclamaciones, al
son de trompetas... Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con grito
de júbilo; porque el Señor es sublime y terrible, emperador de toda la
tierra..., porque el Señor es el Rey del mundo: tocad con maestría. Dios
reina sobre las naciones. Dios se sienta en su trono sagrado».
Años pares
–2 Samuel 1,1-4.11-12.19.23-27: Lealtad
de David ante la muerte de Saúl y Jonatán. Emotiva y bella elegía de David:
«¡cómo cayeron los valientes!»... Saúl es y sigue siendo el ungido del
Señor, y es gravemente escandaloso que un hombre elegido por Dios tenga
semejante destino. Serán necesarios todavía muchos siglos antes de que la
humanidad aprenda a unir en Jesucristo unción divina y muerte escandalosa.
Pero, en realidad la muerte de Jesús no es vergonzosa, sino sublime. Reina
Cristo desde la Cruz. Destruye en ella el pecado y la muerte. San Teodoro
Estudita escribe:«La Cruz es el madero al cual subió Cristo, como un Rey a
su carro de combate, para desde allí, vencer al demonio, que ostentaba el
poder de la muerte, y librar al género humano de la esclavitud del tirano»
(Sobre la Cruz).–Israel entendió siempre sus desgracias como castigo de
Dios por sus infidelidades. La voz de los elegidos se alza entonces en un
grito de socorro. El mismo pueblo, aunque humillado y castigado, continúa
siendo el pueblo de Dios. La misericordia de Dios prevalecerá sobre la
miseria de su pueblo, y lo sacará de la desgracia. Su misericordia y
fidelidad son eternas, como lo cantamos en el Salmo 79:«Que brille tu
rostro, Señor, y nos salve. Pastor de Israel, escucha; Tú que guías a José
como a un rebaño; Tú que te sientas sobre querubines, resplandece, ante
Efraín, Benjamín y Manasés. Despierta tu poder y ven a salvarnos. Señor,
Dios de los Ejércitos ¿hasta cuándo estarás airado mientras tu pueblo te
suplica? Le diste a comer llanto, a beber lágrimas a tragos: nos entregaste
a las contiendas de nuestros vecinos, nuestros enemigos se burlan de
nosotros».Así oraba Israel. Pero nosotros sabemos que Cristo vence y que
con Él venceremos también nosotros en todos nuestros peligros.–Marcos
3,20-21: Su familia decía que no estaba en sus cabales. Un grupo de
familiares de Jesús sale a su encuentro, porque corría la voz de que estaba
loco. Esa misma calumnia vuelve a ser aludida en ese mismo Evangelio. Oigamos
a San Gregorio Magno:«Un sector del pueblo enjuicia peyorativamente la obra
y el mensaje de Cristo. Al no aceptar con sencillez su excelsa doctrina lo
juzgan como a un iluso. Hasta allí llegó la humillación del Salvador, que
se agrandará en la hora de la Pasión y Muerte. Hemos de aprender de la
entereza de Cristo al sufrir tan gran difamación y calumnia.«¿Qué importa
que los hombres nos deshonren, si nuestra conciencia nos defiende? Sin
embargo, de la misma manera que no debemos excitar intencionadamente las
lenguas de los que injurian para que no perezcan, debemos sufrir con ánimo
tranquilo las movidas por su propia malicia, para que crezca nuestro
mérito. Por eso se dice: “gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es muy
grande en los cielos” (Mt 5,12)» (Sermones sobre el Evangelio 17).
SEMANA 3ª
DOMINGO
Entrada: «Cantad al Señor un cántico
nuevo, cantad al Señor toda la tierra. Honor y majestad le preceden, fuerza
y esplendor están en su templo» (Sal 96,1.6).Colecta (del Misal anterior, y
antes del Gregoriano): «Dios todopoderoso y eterno, ayúdanos a llevar una
vida según tu voluntad, para que podamos dar en abundancia frutos de buenas
obras en nombre de tu Hijo predilecto». Ofertorio (Veronense): «Señor,
recibe con bondad nuestros dones, y haz que lleguen a ser para nosotros
dones de salvación». Comunión cantamos: «Contemplad al Señor y quedaréis
radiantes, vuestro rostro no se avergonzará» (Sal 33,6). O bien: «Yo soy la
luz del mundo el que me sigue no camina vida» (Jn 8,12).Postcomunión (del
Misal anterior, y antes del Gelasiano): «Dios todopoderoso, que cuantos
hemos alcanzado tu gracia vivificadora, nos alegremos siempre de este don
admirable que nos haces».
CICLO A
Nuestro Salvador comienza a evangelizar
precisamente en Galilea, región menospreciada desde Judea y tenida por
escasamente religiosa.–Isaías 9,1-4: En la Galilea de los Gentiles el
pueblo vio una luz grande. Isaías proclama la condición mesiánica del
Emmanuel, como Luz divina destinada a disipar las tinieblas de la vida humana.
El tema de la luz es de gran importancia en la Sagrada Escritura. Aquí el
tema de la luz anuncia la liberación ya próxima de las provincias caídas en
manos de los asirios. Se trata de una liberación vinculada a la persona del
futuro Rey, que no es otro que el Mesías.La luz, elemento esencial de la
felicidad futura, significa a la vez salvación, liberación de la opresión y
del pecado, participación en la gloria del personaje mesiánico. Como
veremos en la lectura evangélica, esa profecía la ve cumplida San Mateo
cuando comienza la predicación de Jesucristo en Galilea.–Con razón, pues,
cantamos con el Salmo 26: «El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién
temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Una cosa
pido al Señor, eso buscaré: habitar en la Casa del Señor por todos los días
de mi vida; gozar de la dulzura del Señor contemplando su templo. Espero
gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé
valiente, espera en el Señor».–1 Corintios 1,10-13.17: Poneos de acuerdo y
no andéis dividido |