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Caminando
con Jesus www.caminando-con-jesus.org Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant |
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"Recurrid a
Yavé y a su potencia, buscad su rostro siempre (Sal 105,4). El cristiano y, sobre
todo, el religioso son personas que oran. Hasta tal punto es verdadera esta
afirmación que el cristiano y el religioso no son tales si no oran.
Para ellos el rezar es como el respirar para la vida orgánica. La
persona que no respira no tiene vida. El cristiano y el religioso que no oran
no tienen vida espiritual. Tienen vida biológica, como el animal y la
planta. Pero espiritualmente están muertos. El hombre se define
como un ser que no puede vivir en equilibrio psicológico si no ama y
no es amado. El amar y el ser amado son para su vida psicológica tan
indispensables como el respirar para su vida biológica. El hombre es
el más perfecto de los seres creados. Participa al mismo tiempo de la
vida vegetativa de las plantas (el hombre físico), de los animales (el
hombre orgánico), de los seres racionales (el hombre
psicológico) y de la vida espiritual de Dios. Es un ser
físico-orgánico-psicológico-espiritual. Retirad de
él todas las sustancias químicas, y ya no existe. Si le
quitaseis todas sus funciones orgánicas, se reduciría a materia
inerte. El hombre privado de sus funciones psicológicas es semejante a
un animal. Privadlo de sus funciones espirituales, y no pasará de ser
un animal racional. El hombre es
plenamente humano en la medida en que manifiesta por lo menos estos cuatro
aspectos de su ser ontológico: vida física, vida
orgánica, vida psicológica y vida espiritual. La vida
espiritual existe y se manifiesta por medio de la oración. En la
oración es donde se manifiesta la fe viva y el amor a Dios. Esas son
las condiciones de vida del cristiano y del religioso. El religioso o el
cristiano que no reza está espiritualmente muerto. Porque la
oración es vida, es respiración espiritual, es alimento de la
vida del espíritu. Es amar a Dios y ser amado por él; es amar a
los hombres y ser amado por ellos. Sin la
respiración y sin la alimentación física no hay vida
biológica. Sin la relación interpersonal de amor no hay vida
psicológica. Sin la oración no hay vida religiosa o espiritual.
Orar es relacionarse amorosamente con Dios que nos ama. Sólo saben
hablar bien de Dios aquellos a los que Dios habla. Para oír hablar a
Dios es necesario saber escucharlo. Nuestros modos de relacionarnos con Dios
y con los demás están recíprocamente condicionados. Las
buenas relaciones humanas facilitan la relación con Dios, y viceversa.
El que no ama a los hombres no puede amar a Dios. El que ama mucho a Dios no
puede menos de amar también a los hombres. Por eso mismo la dificultad
de orar tiene muchas veces su causa más profunda en unas malas
relaciones interpersonales. Estas constituyen un obstáculo importante
para la oración. La caridad fraterna
ayuda extraordinariamente a orar de verdad, con total sinceridad. La persona
egoísta, encerrada dentro de si misma, incapaz de dialogar, de aceptar
una crítica, de darse, incapaz de amistad, siempre tiene muchas
dificultades para abrirse a Cristo en una oración auténtica. El
que confía en los demás acoge y acepta ser acogido en una
relación de amistad; y de este modo tiene capacidad para establecer
una relación vital con el Señor. Es que la oración es
ante todo una relación personal con Dios. Por eso nuestra capacidad de
orar está en proporción con nuestra capacidad de darnos al
Señor. Donde predomina la
mentalidad utilitarista y el eficientismo es difícil que pueda darse
una verdadera oración. No existe clima favorable para ella. Acoger
gratuitamente a la persona del otro por lo que es, saber escucharlo, estar en
unión con él, ofrecerle nuestro tiempo y nuestros talentos son
actitudes que facilitan el encuentro gratuito con Dios en la oración.
El autosuficiente, aquel que no siente la necesidad del otro, tampoco siente
la necesidad de Dios. Sólo el verdaderamente pobre de espíritu
puede realizar un encuentro intimo con el Señor. La oración es
como el amor: un arte que se está siempre aprendiendo... |