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Fr. Julio González C. OCD TIEMPO DE PASCUA 2008 PALABRA Y ESPIRITUALIDAD Pastoral de Espiritualidad Frailes Carmelitas Viña del Mar – Chile |
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SEXTA SEMANA DE PASCUA CICLO
A LUNES MARTES MIERCOLES JUEVES VIERNES SABADO Lecturas: a.- Hch. 8,
5. 8. 14-17: Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo. b.- 1Pe.
3,15-18: Cristo murió y volvió a la vida por el Espíritu. c.- Jn.
14,15-21: Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor. d.- San
Juan de Dentro del
tiempo de Pascua, comenzamos a vislumbrar la presencia del Espíritu Santo
prometido por el Señor Jesús. La tarea de Felipe de evangelizar se ve
recompensada con la adhesión de los samaritanos a la fe en Jesucristo, el
Señor. La figura del mago, que creía tener un poder divino, nos enseña cómo
también él se somete al único poder que salva: la fe, puesto que termina
reconociendo el bautismo y se convierte por la palabra de Felipe. Fue una
conversión en cierto modo por interés, pero que termina con un
arrepentimiento, por no haber comprendido bien las cosas desde el comienzo (Hch.
8, 19-24). Pedro y
Juan, son enviados a Samaría, ante lo ocurrido y oran por este grupo de
nuevos convertidos para que recibieran el Espíritu Santo, ya que sólo habían
sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. La imposición de manos y el don
del Espíritu Santo lo reciben con abundancia en su nueva vida de cristianos.
La presencia de estos dos apóstoles habla del interés de Lucas de dejar clara
la preocupación de La
presencia de los apóstoles además de dar el visto bueno o verificar los
efectos de ella, completa la misión de Felipe, con la imposición de las manos
y la efusión del Espíritu Santo que ellos realizan. Si bien eran bautizados y
habían recibido el Espíritu Santo, lo que faltaba ahora era su efusión, una
nueva Pentecostés: el don de lenguas, el don de profecía, etc. En este
sentido, Lucas, deja claro que la efusión del Espíritu es por la imposición
de manos de los apóstoles y no efecto de la magia, como creía Simón, el mago.
Esta
presencia apostólica viene a confirmar que el Evangelio ha sido predicado en
Samaría, que han recibido el Espíritu Santo y la unión que debe existir entre
Uno de los
nombres del Espíritu Santo que le da el propio Jesús es “Consolador”.
Verdaderamente es adecuado este nombre para el momento en que los apóstoles
experimentan la tristeza por su eminente partida de este mundo al Padre. La
promesa de enviar al Defensor, al Paráclito, al Abogado entraña una presencia
viva, eficaz, perenne que sostenga a la comunidad eclesial en todos los
avatares que le esperan a lo largo de la historia. El Espíritu Santo,
revelador del misterio de Cristo Jesús, es garantía de infalibilidad en Será el
Espíritu Santo quien introduzca a la comunidad eclesial en todo la verdad,
cumpliendo la obra del Hijo, por la cual todas las generaciones de creyentes
tendrán acceso al Padre. Conocerán su voluntad, la que el Hijo nos comunicó y
que Guardar los
mandamiento y amar a Jesús, aseguran el don del Espíritu en su existencia
cristiana; lo mismo se puede decir de la fe y la obediencia en el creyente
(Jn. 14, 21. 23-24; 15, 10-14). Este Espíritu de la verdad, es el Espíritu
que continua revelando la verdad plena
de Jesús; es el Espíritu que comunica la verdad de Jesús, y ÉL es la verdad.
El mundo no recibe este Espíritu porque no lo conoce, por lo mismo se puede
considerar como el espacio de los no creyentes. Sólo podrán seguir viendo a
Jesús sus discípulos, porque creen en ÉL, lo aman, y poseen el Espíritu en su
interior, no así el mundo que no lo verá más, una vez que vuelva al Padre. Esta es la
visión de la fe que debemos cuidar, la que da vida porque la transforma,
existencia que nace del misterio pascual de Jesucristo. La perspectiva del
evangelio es de lo que vendrá, “aquel día” (v. 20) de la muerte y
resurrección de Cristo, donde los discípulos comprenderán que el Padre y el
Hijo son Uno, que hablaba y actuaba en su nombre para la salvación de la
humanidad. En definitiva comprenderán “que yo estoy en mi Padre y vosotros en
mí y yo en vosotros” (v. 20), unión y comunión de amor a la que participaron
ellos y nosotros gracias a Jesús. El Espíritu
Santo de Dios, enseña Juan de LUNES Lecturas Hch. 16,
11-15: San Pablo en Filipos. Jn. 15,
26-27; 16,1-4: Testimonio del Espíritu y del creyente. San Juan de
La estadía
de Pablo en Filipos, fue fructuosa por la predicación y por los resultados,
como la conversión de la familia de Lidia. El hospedaje al que consiente
Pablo, nace de la invitación que hizo esta noble dama y por otra parte es el
tributo a Dios, por la palabra y el bautismo recibidos, de parte de Pablo en
su evangelización de esas personas. Vemos como lo humano y lo divino se une
en admirable convivencia, haciendo del hombre y de la mujer en este caso,
mejores personas. El
evangelio nos habla del testimonio que el Espíritu Santo y el creyente están
llamados a dar a favor de Jesucristo, el Señor. Su testimonio de entrega a la
voluntad del Padre, su misterio pascual es con lo que cuente el discípulo a
la hora de dar testimonio, sobre todo, en la persecución de la que también
habla Juan. Pero ahora se agrega al testimonio cristiano, la fuerza del
Espíritu Santo de Dios, verdad que procede del Padre. La
presencia del Espíritu asegura, entre los discípulos, la palabra de la
verdad, que en la voz del discípulo se hace presente en la sociedad y sobre
todo a los enemigos de la fe cristiana, que de alguna forma, prolongan el
juicio del mundo contra el propio Jesús, en la vida de su Iglesia y de sus
discípulos. El
cristiano, tiene que estar preparado para la persecución, a causa de su
adhesión a Jesucristo. Las palabras que pueda decir en su defensa las pondrá
el Padre en su boca, “porque el espíritu de vuestro Padre hablará en
vosotros” (Mt. 10, 19ss). Hoy más que nunca se necesita el testimonio de
quien conoce realmente a Jesucristo, para saber defender o proponer, si es el
caso, su visión del hombre y de la realidad, ante la mentira que propone la
sociedad en que vivimos. “Os he dicho esto para que no os escandalicéis. Os
expulsarán de las sinagogas. E incluso
llegará la hora en que todo el que os
mate piense que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí.
Os he dicho esto para cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo
había dicho” (Jn. 16, 1-4). La ignorancia religiosa puede ser en buena parte
culpable de esta situación de persecución, pero cuando daña a las personas e instituciones
y se abandona lo racional o el derecho, se puede caer en el caos más
absoluto. Será la
oración constante la que asegure el testimonio del cristiano y la fuerza del
Espíritu Santo que también da testimonio de Cristo Jesús, la que mantendrá al
discípulo en pie y como hizo ÉL, vencerá al mundo y sus mentiras. La vida
teologal que plantea el místico pasa por la obra que el Espíritu Santo hace
en el alma del creyente, lo que significa que las tres virtudes teologales de
fe, esperanza y caridad, armen al cristiano, no sólo para el combate sino
para vivir el evangelio en todas las circunstancias de su existencia. Las
tres facultades del hombre: entendimiento, memoria y voluntad, quedan al
servicio de la vida teologal. Es la fuerza del Espíritu la que transforma la
vida de Lecturas a.- Hch.
16,22-34: Pablo y Silas en la cárcel. b.- Jn. 16,
5-11: Si no me voy, no vendrá el Paráclito. c.- San
Juan de La
actuación de Pablo, librar a una esclava posesa de un espíritu adivinatorio,
le trae como consecuencia la cárcel y la flagelación junto a Silas. Le había arruinado el negocio a sus dueños,
en el arte de adivinar, que les dejaba buenos dineros. La reacción fue
acusarlos de perturbadores y de predicar costumbres no aptas para romanos (v.
21). El terremoto, que aflojó los cerrojos, y las puertas se abrieron,
produjo el estupor del carcelero, que pensó hasta quitarse la vida, pensando
que los presos habían escapado. Pablo, le impide hacerse daño, y el carcelero
pide el bautismo para él y toda su familia. La reacción de Pablo como
ciudadano romano que era, hacer valer sus derechos, que habían sido
vulnerados al flagelarlo, hace que pide que sea el pretor quien los deje
libre y no los lictores. Finalmente el pretor les ruega dejen la ciudad y
estos van a casa de Lidia. Por predicar el evangelio y liberar a esa joven
esclava del poder de Satanás, sufrieron la cárcel y la flagelación, pero la
conversión del carcelero y su familia, los llenó de gozo a ellos y a los
recién convertidos. La tristeza
embarga el corazón de los discípulos, por la pronta ida de Jesús a vivir su
misterio pascual y su regreso al Padre. Sin embargo, nuevamente promete el
Espíritu Santo, de ahí que les convenga que el se marche (v.7). Importante es
la tarea que le asigna al Espíritu Santo convencer al mundo de la realidad y
significado del pecado y su relación con la justicia y el juicio que recaerá
sobre los que lo ignoran y actúan como si no existiera. El Espíritu
demostrará que el pecado está condenado y proscrito. La fidelidad de los
apóstoles y de Si no
estamos atentos a lo interior, podemos caer también en la falta de fe en la
palabra de Jesús y el testamento de sus valores del reino de Dios. En cambio,
la vida cristiana intensa hecha de palabra y sacramentos, eucaristía y
comunidad, todo ungido por la oración asegura la presencia del Espíritu Santo
y la mayor comprensión del misterio de Cristo en su Iglesia. San Juan de Lecturas a.- Hch.
17, 15. 22-34; 18,1: Discurso de Pablo en Atenas. b.- Jn. 16,
12-15: El Espíritu Santo os guiará hasta la verdad plena. c.- San
Juan de En su
discurso Pablo, parte de la realidad que contemplan sus ojos: los atenienses
son un pueblo religioso, desde ahí comienza su ascenso hasta el Dios
desconocido, al que proclama conocer. “Pues bien lo que adoráis sin conocer,
eso os vengo yo a anunciar” (v. 23). Les presenta al Dios creador en el nos
movemos y existimos, por lo mismo cercano al hombre para lo encuentre y no lo
busque en los ídolos. Somos linaje de Dios, pues ha creado al humano a su
imagen y semejanza. La conversión es
urgente porque dejando Dios pasar el tiempo de la ignorancia viene el juicio
de cada hombre, según la justicia de Aquel que ha resucitado de entre los
muertos. Algunos aceptaron la fe predicada por Pablo, otros, sin embargo, lo
dejaron para más tarde, sobre todo el tema de la resurrección de muertos. La otra
tarea del Espíritu, además de juzgar, es la de enseñar, introducirnos en el
misterio de Cristo Jesús. “Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no
podéis con ello. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta
la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os
anunciará lo que ha de venir” (vv. 12-13). La verdad plena consiste en
introducir a los hombres de fe en el misterio de Cristo en forma personal,
por la que la tarea del Espíritu es continua con cada creyente. El no
revelará nada que Jesucristo no nos haya enseñado; reveló todo cuanto el
Padre le confío y nos lo comunicó (Jn. 15,15). La labor del Espíritu es
recordarnos su Palabra y ayudarnos a asumirla en la existencia cristiana de
cada día. Profundizar Guiados por
el Espíritu, el creyente alcanza la verdad plena y completa en cuanto alcanza
a ir comprendiendo el misterio de Cristo, de su Evangelio, de La labor de
la comunidad eclesial, además de la liturgia, es reconocer que posee los
elementos para evangelizar y guiar a los cristianos a comprender el
significado profundo del misterio de Cristo y del propio ser humano en la
visión cristiana de la realidad concentrando todo este significado en el
misterio pascual. La liturgia despliega a lo largo de todo el año el misterio
de Jesucristo, de ahí la importancia de asistir dominicalmente a En su
Cántico espiritual, Juan de Lecturas: a.- Hch. 18,1-8: Fundación de b.- Jn. 16, 16-20: Jesús anuncia su pronto
retorno. c.- San
Juan de La
predicación de Pablo, con la que inaugura la presencia cristiana en Corinto,
terminó mal puesto que los judíos no aceptaron su palabra, no aceptaron que
Jesús era el Cristo. La reacción de Pablo fue marcharse a predicar a los
gentiles: “Como ellos se opusiesen y profiriesen blasfemias, sacudió sus
vestidos y les dijo: Vuestra sangre recaiga sobre vuestra cabeza; yo soy
inocente y desde ahora me dirigiré a los gentiles” (v. 6). Sin embargo, junto
a Palabras
enigmáticas las de este evangelio, cuando se lee sin considerar el contexto
en que fueron pronunciadas. “Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro
poco me volveréis a ver” (v. 16). Se viene sobre ÉL su pasión, muerte y
resurrección. Jesús desaparece y reaparece con su Resurrección. Es su
misterio pascual que lo ocultará a los ojos de los discípulos, pero la
resurrección y exaltación a la diestra del Padre y la venida del Espíritu
Santo lo vuelven a hacer presente a
sus discípulos y al mundo entero. En este nuevo orden los crean entrarán
comunión con el Padre y el Hijo. Esta
terminología: “dentro de poco” era conocida en la en el AT así hablaban los profetas y también en el
NT (cfr. Ap. 6,11). Importante es
comprender que las palabras de Jesús se referían al futuro inmediato de su
muerte y resurrección, pero también se pueden entender a su retorno glorioso
como Juez de la historia al final de los tiempos. El
evangelista usa dos verbos distintos para cada vez que habla de “ver”. El
primero se refiere a lo corporal y el segundo ver se refiere al creer, es
decir, ver a Jesús desde la fe, que cambiará la tristeza de su partida por el
gozo de reencontrarlo resucitado y glorioso. Del mismo modo que Jesucristo
venció la muerte y el pecado, así el cristiano comienza a vivir su nueva
condición de pasar de la tristeza y del sufrimiento a la alegría de una vida
nueva en Cristo Jesús. Este
“dentro de poco” del tiempo de Es el
Espíritu quien nos comunica la vida de Cristo resucitado. Cuanto más unidos
estemos a una muerte como la suya, también lo estaremos en una resurrección
como la de Cristo, enseña Pablo (Rm. 6, 5). Esta experiencia crea en cada
creyente la razón de su fe y de su esperanza, como también enseña Pedro (1 Pe
3,15). Quizás deberíamos potenciar nuestra forma de expresar el gozo y la
alegría que el Espíritu Santo deja en nuestro espíritu después de su visita,
luego de la oración. Debemos dejarnos guiar por el Espíritu para revivir esa
condición de hijos que grita Dios: Abbá. Evitemos el temor, que nos cierra el
camino al amor, Jesús ya lo dijo, no temáis yo he vencido al mundo. Saber donde
está el Amado del alma, Jesucristo, dentro de cada creyente es fundamental,
tan cerca para buscarle y tan dentro para unirse a ÉL. Son motivos para estar
contento y alegre, enseña el místico, pues ahí encuentra todo su bien, toda
su esperanza, hasta llegar no poder vivir sin ÉL porque ha encontrado toda su
alegría y gozo en esta vida y en la que ya vislumbra por medio de la fe. VIERNES Lecturas a.- Hch.
18, 9-18: Pablo ante el tribunal de Galión. b.- Jn. 16,
20-23: Vuestra tristeza se convertirá en gozo. c.- Juan de
El apóstol
se ve envuelto en una manifestación en su contra por parte de los judíos. El
Señor, si embargo, le había dicho que no dejara de predicar, estaba con él
(v.10). Galión procónsul de Acaya, no se quiere inmiscuir en un juicio sobre
temas de religión y los despacha del tribunal. La acusación era que Pablo
predicaba que se adorase a Dios, en
forma contraria a La alegría
de la que habla Jesús, nace del dolor de la separación de no verle ya sobre todo por su muerte y resurrección.
Pone el ejemplo de la mujer que da a luz, se olvida del dolor, una vez que ha
nacido un varón para el mundo (v. 21). Imagen común o recurrente en la
literatura del AT y de los profetas donde también en los evangelios queda de
manifiesto que al día del Señor le precederá una gran tribulación para los
elegidos, preludio del gozo y alegría que vivirán al final, lo mismo que la
mujer dolorida por el parte, da a luz una vida nueva, se llena de alegría. La causa de
nuestra tristeza y luego de nuestra alegría, es la muerte y resurrección de
Jesucristo, sobre el pecado, la muerte y el demonio. Su nuevo modo de estar
presente entre sus discípulos por medio de la acción del Espíritu Santo es
también motivo de alegría para la comunidad eclesial. Presencia que
reconforta al creyente, en el dolor o
persecución, que puede sufrir por el odio del mundo contra Jesucristo, el Señor. Este
binomio dolor y alegría también están presente en la vida del cristiano que
quiere imitar a Jesucristo desde su propia condición de hijo de Dios, pero
que se ve sujeto a sus propias debilidades, de sus pasiones que le causan
dolor, si las deja gobernar su vida. Si las vence con la oración y negación
del gusto y apetito en que se ceba la voluntad, produce la alegría de verse
libre para amar y vivir la unión con Dios. El misterio pascual de Jesucristo
supuso el parto de una nueva humanidad, nueva creación, mediante la
resurrección del que es el hombre nuevo. Adán nos trajo la muerte, Jesucristo
es el nuevo Adán, enseña Pablo a los romanos, nos trae la vida (Rm. 5). Es el
Paráclito quien recrea la vida del resucitado en la vida de los fieles y
donde reside la alegría de éstos al saberse justificados por Cristo ante el
Padre. Esa vida nueva, ganada por su misterio pascual, ahora es de los que
son de Cristo, y la guardan del mal y la corrupción a la que se ve acechada
por el pecado. La alegría y el gozo de la fe, es el mejor antídoto contra el
desánimo en las cosas de Dios y de la
vida cristiana. Si se trata
de configurarnos a Cristo, que vivió bajo la guía del Espíritu Santo toda su
existencia, también nos debe guiar a nosotros a tomar conciencia de nuestra condición de
hijos de Dios. Así como el Espíritu movió a Jesús a tomar conciencia de su
condición de Mesías y Ungido para la
redención del mundo, así también, el Espíritu Santo hoy nos mueva a tomar
conciencia de nuestra condición de profetas, reyes y sacerdotes como
bautizados que somos. El Espíritu
Santo, está más presente de lo que pensamos en la vida de El
cristiano consciente de su vocación trinitaria por la inhabitación en la que
vive, es un hombre siempre en fiesta, porque posee a Dios en su interior y
comparte su vida y su amor su felicidad, anticipo de vida de la gloria
sempiterna. Gloria que comienza en esta vida, como enseña el místico
carmelita, con la alegría del conocimiento que viene de la fe, y el amor que
infunde la presencia del Espíritu Santo en la vida del orante contemplativo. Lecturas a.- Hch.
18, 23-28: Apolo, un cristiano a medias. b.- Jn. 16,
23-28: Pedid en mi nombre. El Padre os quiere porque me queréis a mí. c.- San
Juan de Fruto de
vivir la comunión con Jesús y con su Padre y de los discípulos entre sí
surgen la oración confiada y un mayor conocimiento del mismo Jesús como
revelador del Padre. Son varias
las veces que Jesús, asegura que cuanto pidamos al Padre en su Nombre se
cumplirá (vv. 23. 24. 26.). Es consciente que todavía no ha sido glorificado,
por eso todavía los discípulos no han pedido nada y porque no han recibido el
don del Espíritu Santo, fruto precisamente de haber subido a la diestra de su
Padre Dios. Así como nos enseña a pedir en su Nombre, también del Padre se
recibe en su Nombre. De ahí la oración no debe ser siempre sobre los
problemas de la vida sino mirar a la comunión con Dios y la meta de la vida
eterna donde se alcanzará la alegría perfecta (v. 24). Esta
intimidad con el Hijo y con el Padre ha ido pedagógicamente de las parábolas
hasta el conocimiento claro acerca del Padre. ¿Qué quiere decir Jesús? Hasta
ahora ha usado parábolas para comunicar su mensaje de salvación y para hablar
de su Padre. He llegado la hora de hablar claro de su relación con su Padre,
al cual, por medio de ÉL, también nosotros tenemos acceso, pues nos considera
sus hijos en Cristo (v. 25). El motivo de que el Padre nos ama y nos
concederá cuanto le pidamos, es que amamos a su Hijo y creemos que salió del
Padre (v. 27). Es importante entonces para vivir esta comunión con el Hijo y
con el Padre, reconocerlo como Hijo de Dios y amarlo como lo ama su Padre. La oración
será la mejor herramienta, la mejor llave para mantener la comunión con
Cristo. La eficacia de la misma radica en que hay que hacerla en su Nombre;
es fruto de la comunión vital del discípulo con Jesús, en quien cree
firmemente, ama con profundidad y cuya palabra guarda en su corazón, haciendo
de su existencia un templo de Si bien
Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres deja abierta la
posibilidad que los hijos acudan directamente al Padre por la confianza y el
amor que el Hijo y el Espíritu Santo han infundido en el alma del creyente.
“Aquel día pediréis en mi nombre y no
os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere,
porque me queréis a mí y creéis que
salí de Dios”. (vv. 26-27). Esto se entiende desde la perspectiva de saber
que la relación la relación de amor de los creyentes es tan fuerte por la
presencia de Jesús en sus vidas por la obra que realiza el Espíritu Santo que
se dirigen directamente al Padre por
el amor con que sienten que los ama, el mismo amor con que ama a su Hijo
desde siempre. Pedirá, no por ellos sino con ellos al Padre, en su nueva vida
de resucitado en la gloria y en su Iglesia. Se forma una unidad de vida y
amor entre Desde esta
visión se comprende que la oración del discípulo, es también la oración y la
alabanza de Jesucristo al Padre. Somos escuchados y atendidas nuestras
peticiones precisamente porque oramos con el Hijo y con el Espíritu, cuando
no sabemos pedir lo que nos conviene. Lo hace con gritos inefables (Rm. 8,
26) resonando su voz en el cielo y en el corazón del hombre. El Llama de
amor viva, San Juan de Fr. Julio
González C. OCD |
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