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ASCENDENCIA, NACIMIENTO E INFANCIA DE MARIA Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
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I. Buscando
antecedentes Hoy día y como siempre, no ha dejado ser interesante buscar
antecedentes de la ascendencia, del nacimiento y de la infancia de María, Conocemos más a María, porque sentimos su amorosa presencia que
por antecedentes escritos sobre su vida, quizás alguien podría decir que con
eso basta, y no deja de tener razón, pues he oído testimonios de personas muy
desprovistos de recursos de lectura y casi sin una gran preparación en los
conocimientos de la cultura y las letras, hablar con tanta propiedad de
nuestra Virgen María, que pareciera que han realizado un profundo estudio
sobre ella. Pero para que ir más lejos, uno de sus hijos, allá en Méjico, un
día sábado de II. Maria en los
Evangelios Al leer los Evangelios, nos sorprende al encontrar tan poco sobre
María, Santos, beatos, teólogos, religiosos y hombres interesado han tratado
de alumbrar esta oscuridad de María, algunos dicen que se habla muy poco de
ella y otros que es suficiente por que encuentran que esta mencionada ocho
veces, entonces toda la gran historia sobre nuestra Señora Madre de Dios,
esta inspirada en muchas ocasiones, por el amor de los hombre y por tener el espíritu
de sentir su maternal presencia en nosotros, y hemos hecho a través de los
años una hermosa narración literaria. III. El Protoevangelio Proto, es un elemento compositivo prefijo que
significa «primero o anterior», por ejemplo protohistoria, su etimología es
del griego, prôtos. Entonces Protoevangelio, lo entendemos como anterior a los
Evangelios, pero en cuanto a las historia que se narra, debido a que la fecha
que se le conoce a este, es que data de finales del siglo II. Por otra parte, se le conoce también a esta narración, como
apócrifa, palabra que literalmente se entiende como algo falso, supuesto o
fingido, así se habla en algunos términos de un autor apócrifo. Sin embargo,
para este Protoevangelio apócrifo, lo hacemos para referirnos a un libro de
materia sagrada, que se atribuye a un autor sagrado, pero que no está
incluido en la lista de los libros reconocidos por IV. La ascendencia de
David, Según el Evangelista San Lucas San Lucas, nos entrega información sobre la ascendencia de María
de V. Sus padres El nombre del padre de María, Heli, coincide con el nombre del
padre de Nuestra Señora según una tradición basada en la narración del
Protoevangelio de Santiago, un Evangelio apócrifo que data de finales del
siglo II. Según este documento, los padres de María eran Joaquín y Ana. VI. Joaquín Padre de
Maria Ahora bien, el nombre de Joaquín es sólo una variante de Heli o Eliachim, sustituyendo un nombre divino (Yahvé) por otro
(Eli, Elohim). Según el protoevangelio, sabemos que consta en las historias de
las doce tribus de Israel que había un hombre llamado Joaquín, este era rico
y aportaba ofrendas dobles, diciendo: “El excedente de mi ofrenda será para
todo el pueblo, y lo que ofrezca en expiación de mis faltas será para el
Señor, a fin de que se me muestre propicio”. Habiendo llegado el gran día del
Señor, los hijos de Israel aportaban sus ofrendas. Así es, como Rubén se puso ante Joaquín, y le dijo: No te es
lícito aportar tus ofrendas el primero, porque no has engendrado, en Israel,
vástago de posteridad, entonces Joaquín se contristó en gran medida, y se
dirigió a los archivos de las doce tribus de Israel, diciéndose: “Veré en los
archivos de las doce tribus si soy el único que no ha engendrado vástago en
Israel”. Entonces buscando minuciosamente halló que todos los justos habían
procreado descendencia en Israel. Luego se acordó del patriarca Abraham, y de
que Dios, en sus días postrimeros, le había dado por hijo a Isaac. Joaquín había quedado muy afligido, y no se presentó a su mujer,
entonces se retiró al desierto, allí
monto su tienda, y ayunó cuarenta días y cuarenta noches, diciendo entre sí:
“No comeré, ni beberé, hasta que el Señor, mi Dios, me visite, la oración
será mi comida y mi bebida”. Muchos han escrito, basado en este protoevangelio el nacimiento
de María se consiguió gracias a las fervientes oraciones de Joaquín y Ana
cuando ya tenían una edad avanzada. VII. Ana madre de Maria Así como Joaquín pertenecía a la familia real de David, también
se supone que Ana era descendiente de la familia sacerdotal de Aarón; por
ello decimos que Jesucristo, el Eterno Rey y Sacerdote, descendía de una
familia real y sacerdotal. Ana, la mujer de Joaquín, se deshacía en lágrimas, y lamentaba su
doble aflicción, diciendo: “Lloraré mi viudez, y lloraré también mi
esterilidad”. Sin embargo habiendo llegado el gran día del Señor, se le
acerco Judith, su sierva, y le dijo: ¿Hasta cuándo este abatimiento de tu
corazón? He aquí llegado el gran día del Señor, en que no te es lícito
llorar, pero toma este velo, que me ha dado el ama del servicio, y que yo no
puedo ceñirme, porque soy una sierva, y él tiene el signo real”, sin embargo
Ana le respondió “Apártate de mi lado, que no me pondré eso, porque el Señor
me ha humillado en gran manera”. En su tristeza Ana le dijo luego “Acaso
algún perverso te ha dado ese velo, y tú vienes a hacerme cómplice de tu
falta”. Pero Judith no quería nada malo de Ana, por eso luego le respondió: ¿Qué mal podría desearte, puesto
que el Señor te ha herido de esterilidad, para que no des fruto en Israel? Pero Ana, se encontraba apenada, triste, sumamente afligida,
entonces se despojó de sus vestidos de duelo, y se lavó la cabeza, se vistió
con su traje nupcial, y a cierta hora propicia se fue a su jardín, para
pasear, en eso se fijo en laurel y se colocó bajo su sombra, allí medito y
rogó al Señor, diciendo: “Dios de mis padres, bendíceme, y acoge mi plegaria,
como bendijiste las entrañas de Sara, y le diste a su hijo Isaac” VIII. Las lamentaciones de
Ana madre de Maria . Ana se lamentaba al ver su realidad, pero no por ello, no dejaba
de tener esperanza, pues su fe en Dios, no la abandona, y confiada en que es
oída, ella expresaba su dolor en palabras, así un día levantando los ojos al
cielo, vio un nido de gorriones, y lanzó un gemido, diciéndose: “¡Desventurada de mí! ¿Quién me ha engendrado, y qué vientre me
ha dado a luz? Porque me he convertido en objeto de maldición para los hijos
de Israel, que me han ultrajado y expulsado con risa y burla del templo del
Señor”. “¡Desventurada de mí! ¿A quién soy semejante? No a los pájaros
del cielo, porque aun los pájaros del cielo son fecundos ante ti, Señor”. “¡Desventurada de mí! ¿A quién soy semejante? No a las bestias de
la tierra, porque aun las bestias de la tierra son fecundas ante ti, Señor”. “¡Desventurada de mí! ¿A quién soy semejante? No a estas aguas,
porque aun estas aguas son fecundas ante ti, Señor.” “¡Desventurada de mí! ¿A quién soy semejante? No a esta tierra,
porque aun esta tierra produce fruto a su tiempo, y te bendice, Señor” IX. La promesa divina Dios no ha dejado nunca de escuchar los ruegos de sus hijos, es
así como una un ángel del Señor apareció, se le apareció a Ana y le dijo:
“Ana, Ana, el Señor ha escuchado y atendido tu súplica. Concebirás, y
parirás, y se hablará de tu progenitura en toda la tierra.”, Ana, se sentía
maravillada con la noticia, como no iba a estarlos, después de tantos años,
de haber sido humillada en burla por su condición, recibía de buena fuente la
mejor y la esperada de sus noticias buena, por eso Ana respondió a ángel:
“Tan cierto como el Señor, mi Dios, vive, si yo doy a luz un hijo, sea varón,
sea hembra, lo llevaré como ofrenda al Señor, mi Dios, y permanecerá a su
servicio todos los días de su vida” Se encontraba Ana esperando por su esposo, cuando dos mensajeros
llegaron a ella, diciéndole: “Joaquín tu marido viene a ti con sus rebaños”.
Noticia muy buena y alegre para Ana, que estaba ansiosa de compartir con su
esposo las buenas novedades, y más feliz aún cuando los mensajeros le
dijeron; “Un ángel del Señor ha descendido hasta él, diciéndole: Joaquín,
Joaquín, el Señor ha oído y aceptado tu ruego. Sal de aquí, porque tu mujer
Ana concebirá en su seno. Inmediatamente Joaquín salió, y llamó a sus pastores, diciendo:
Traedme diez corderos sin mácula, estos es sin mancha, y serán para el Señor mi Dios; y doce
terneros, y serán para los sacerdotes y para el Consejo de los Ancianos; y
cien cabritos, y serán para los pobres del pueblo” Así fue como Joaquín llegó con sus rebaños, y Ana, que lo
esperaba en la puerta de su casa, lo vio venir, y, corriendo hacia él, le
echó los brazos al cuello, diciendo: “Ahora conozco que el Señor, mi Dios, me
ha colmado de bendiciones; porque era viuda, y ya no lo soy; estaba sin hijo,
y voy a concebir uno en mis entrañas.”, entonces Joaquín entró a su hogar y
guardó reposo en aquel primer día. X. El nacimiento de
María, consideraciones En lo referente al lugar de nacimiento de Nuestra Señora Madre,
existen tres tradiciones diferentes que hay que considerar. Primero, se ha situado el acontecimiento en Belén. Esta opinión
se basa en la autoridad de los siguientes testigos: ha sido expresada en un
documento titulado "De nativ. S. Mariae"
incluido a continuación de las obras de San Jerónimo; es una suposición más o
menos vaga del Peregrino de Piacenza, llamado erróneamente Antonino Mártir,
que escribió alrededor del 580 d. de J.C.
finalmente, los Papas Pablo II (1471), Julio II (1507), León X (1519),
Pablo III (1535), Pío IV (1565), Sixto V (1586) e Inocencio XII (1698) en sus
Bulas referentes a Una segunda tradición situaba el nacimiento de Nuestra Señora en
Seforis, unas tres millas al norte de Belén, La tercera tradición, dice que María nació en Jerusalén, es la
más probable de las tres. Hemos visto que se basa en el testimonio de San
Sofronio, de San Juan Damasceno. XI. Concepción de María Según el Protoevangelio de Santiago, sabemos que Joaquín al día
siguiente, presentó sus ofrendas, diciendo entre sí de esta manera: “Si el
Señor Dios me es propicio, me concederá ver el disco de oro del Gran Sacerdote”.
Entonces sucedió que una vez presentada sus ofrendas, fijó su mirada en el
disco del Gran Sacerdote, cuando éste subía al altar, y no notó mancha alguna
en sí mismo, en ese instante Joaquín dijo: “Ahora sé que el Señor me es
propicio, y que me ha perdonado todos mis pecados”, y salió justificado del
templo del Señor, y volvió muy conforme a su casa. Los meses de Ana se fueron cumpliendo, hasta llegar al noveno mes
y dio a luz. Podemos imaginar cual fue la alegría de Ana, cunado sintió el
primer llanto, y sin preocuparse del normal instante de dolor físico del
parto preguntó a la partera: ¿Qué he
parido? La partera contestó: Una niña, suponemos que la tomo en sus brazo, la
acarició tiernamente, es lo que toda madre hace naturalmente al nacimiento de
su hijo, entonces Ana expresó: “Mi alma se ha glorificado en este día”.
Imaginemos ahora entonces, que Ana acostó a la niña en su cama y cuando fue
prudente le dio el pecho a la niña, y entre eso la llamó María. XII. La casa de Maria Según San Lucas [Lc 1,26] Al sexto mes el ángel Gabriel fue
enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, [Lc 1,27] a una
joven virgen que estaba comprometida en matrimonio con un hombre llamado
José, de la familia de David. La virgen se llamaba María. Entonces, por este
evangelista sabemos que María vivía en Nazaret, ciudad de Galilea, todo esto
en el momento de Una determinada tradición sostiene que fue concebida y nació en
la misma casa en la que el Verbo se hizo carne. Otra tradición, basada en el
Evangelio de Santiago, considera Seforis como la primera casa de Joaquín y
Ana, aunque se dice que después vivieron en Jerusalén, en una casa llamada
Probática por San Sofronio de Jerusalén. Probática, un nombre que
probablemente procedía de un estanque llamado Probática o Betzata en San Juan
(5:2), cercano al santuario. Aquí fue donde nació María. Alrededor de un
siglo después, sobre el 750 d. de J.C., San Juan Damasceno afirma de nuevo que María nació en
Probática. Se dice que, ya en el siglo V, la emperatriz Eudoxia construyó
una iglesia en el lugar en que nació María, y donde sus padres vivieron en su
ancianidad. La actual iglesia de Santa Ana se encuentra a una distancia de
menos de XIII. El primer año Conocemos por el protoevangelio, que la niña se fortificaba de
día en día y cuando tuvo seis meses, su madre la puso en el suelo, para ver
si se mantenía en pie, y se dice que la niña dio siete pasos, y luego avanzó
hacia el regazo de su madre, que la levantó, diciendo: “Por la vida del
Señor, que no marcharás sobre el suelo hasta el día que te lleve al templo
del Altísimo”. Luego de esto estableció un santuario en su dormitorio, y no
le dejaba tocar nada que estuviese manchado, o que fuese impuro, y como ayuda,
llamó a las hijas de los hebreos que se conservaban sin mancilla, esto es sin
deshonra o desprestigio y ellas se dedicaban a atender y a entretener a la
niña con sus juegos. Cuando la pequeña María, llegó a la edad de un año, Joaquín
celebró un gran banquete, e invitó a él a los sacerdotes y a los escribas y
al Consejo de los Ancianos y a todo el pueblo israelita, en ese encuentro
presentó la niña a los sacerdotes, y ellos la bendijeron, diciendo: “Dios de
nuestros padres, bendice a esta niña, y dale un nombre que se repita siglos y
siglos, a través de las generaciones”. Y todo los asistente, todo el pueblo
dijo: “Así sea, así sea”. Así fue, como Joaquín la presentó a los príncipes
de los sacerdotes, y ellos la bendijeron, diciendo: “Dios de las alturas,
dirige tu mirada a esta niña, y dale una bendición suprema”. Poéticamente se dice que su madre la llevó al santuario de su
dormitorio, y le dio el pecho y luego entonó un cántico al Señor Dios,
diciendo: “Elevará un himno al Señor mi Dios, porque me ha visitado, y ha
alejado de mí los ultrajes de mis enemigos, y me ha dado un fruto de su
justicia a la vez uno y múltiple ante Él. ¿Quién anunciará a los hijos de
Rubén que Ana amamanta a una hija? Sabed, sabed, vosotras las doce tribus de
Israel, que Ana amamanta a una hija, después, dejó reposando a la pequeña
María en el santuario del dormitorio, y salió, y sirvió a los invitados,
terminado el convite, todos salieron llenos de júbilo, y glorificando al Dios
de Israel. XIV. Según Éxodo 13:2 y 13:12, todo primogénito hebreo debía ser
presentado en el Templo. Dicha ley llevaría a los padres judíos piadosos a
observar el mismo rito religioso con otros hijos favoritos. Ello hace suponer
que Joaquín y Ana presentaron a su hija, obtenida tras largas y fervientes
oraciones, en el Templo. En cuanto a María, S. Lucas (1:34) nos dice que respondió al
ángel que le anunciaba el nacimiento de Jesucristo: "cómo podrá ser
esto, pues yo no conozco varón". Estas palabras difícilmente pueden ser
entendidas, a menos que supongamos que María había hecho voto de virginidad,
ya que cuando las pronunció estaba desposada (prometida en matrimonio) con
San José. La ocasión más adecuada para tal voto fue su presentación en el
Templo. Del mismo modo que algunos Padres admiten que las facultades de San
Juan Bautista fueron desarrolladas prematuramente por una intervención
especial del poder divino, se puede admitir la existencia de una gracia
similar para con la hija de Joaquín y Ana. Sin embargo, todo lo referido anteriormente no supera la certeza
de la probabilidad de unas conjeturas piadosas. La consideración de que
Nuestro Señor no podía rehusarle a su bendita Madre cualquier favor que
dependiera exclusivamente de su magnificencia, no tiene un valor mayor que el
de un argumento a priori. La certeza sobre esta cuestión debe depender de
testimonios externos y de las enseñanzas de Ahora bien, el Protoevangelio de Santiago (7-8) y el documento
titulado "De nativit. Mariae"
(7-8), afirman que Joaquín y Ana, cumpliendo un voto que habían hecho,
presentaron a la pequeña María en el Templo cuando tenía tres años de edad;
que la criatura subió sola los escalones del Templo, y que hizo su voto de
virginidad en dicha ocasión. San Gregorio de Nyssa y S. Germán de Constantinopla aceptaron
este testimonio, que también fue seguido por pseudo-Gregorio de Naz. en su "Christus
patiens". Además, XV. Consagración de María
en el templo Los meses se sucedían para la pequeña María, y cuando llegó a la
edad de dos años, Joaquín su padre, dijo: “Llevémosla al templo del Señor,
para cumplir la promesa que le hemos hecho, no sea que nos la reclame, y
rechace nuestra ofrenda”. Sin embargo Ana, su madre estimo que aún era pronto
y respondió: “Esperemos al tercer año, a fin de que la niña no nos eche de
menos”. Joaquín, comprensivo y buen esposo, siempre daba respuesta que
mostraban la unidad y el acuerdo matrimonial,
acepto y cariñosamente le respondió “Esperemos”. Entonces, un año mas tarde, cuando la niña María llegó a la edad
de tres años, se dispusieron a cumplir con lo prometido, así fue que Joaquín
dijo: “Llamad a las hijas de los hebreos que estén sin mancilla, y que tome
cada cual una lámpara, y que estas lámparas se enciendan, para que la niña no
vuelva atrás, y para que su corazón no se fije en nada que esté fuera del
templo del Señor”. La hijas de los hebreos, hicieron lo que se les mandaba,
hasta el momento en que subieron al templo del Señor. Allí esperaba y fue
recibido por el Gran Sacerdote, quien recibió a la niña, la
tomo en sus brazos, la bendijo, y exclamó: “El Señor ha glorificado tu nombre
en todas las generaciones. Y en ti, hasta el último día, el Señor hará ver la
redención por Él concedida a los hijos de Israel”. Luego del recibimiento,
hizo sentarse a la niña en la tercera grada del altar, y el Señor
envió su gracia sobre ella, y ella danzó sobre sus pies y toda la casa de
Israel la amó. XVI. Las escrituras apócrifas a las que nos hemos referido en el los
párrafos anterior afirman que María permaneció en el Templo después de su
presentación para ser educada con otros niños judíos. Allí ella disfrutó de
hermosas visiones y visitas diarias de
los santos ángeles. Cuando ella contaba doce años, el sumo sacerdote quiso enviarla a
casa para que contrajera matrimonio. María le recordó su voto de virginidad,
y confundido, el sumo sacerdote consultó al Señor. Entonces llamó a todos los
hombres jóvenes de la estirpe de David y prometió a María en matrimonio a
aquel cuya vara retoñara y se convirtiera en el lugar de descanso del
Espíritu Santo en forma de paloma, San José fue el agraciado en este proceso
extraordinario. Esto habría sucedido así: Joaquín y Ana, sus padres, salieron del templo, llenos de admiración,
y glorificando al Omnipotente, porque la niña no se había vuelto atrás. Y
María permaneció en el templo del Señor, nutriéndose como una paloma, y
recibía su alimento de manos de un ángel. San Gregorio de Nyssa, San Germán de
Constantinopla y pseudo-Gregorio Nacianceno parecen admitir estas leyendas.
Además, el emperador Justiniano permitió que se construyera una basílica en
la plataforma del antiguo Templo, en memoria de la estancia de Nuestra Señora
en el santuario; la iglesia fue llamada Por otra parte, Cuando llegó a la edad de doce años, los sacerdotes se
congregaron, y dijeron: He aquí que María ha llegado a la edad de doce años
en el templo del Señor. ¿Qué medida tomaremos con ella, para que no mancille
el santuario? Y dijeron al Gran Sacerdote: Tú, que estás encargado del altar,
entra y ruega por María, y hagamos lo que te revele el Señor. El Gran
Sacerdote, poniéndose su traje de doce campanillas, entró en el Santo de los
Santos, y rogó por María. Y he aquí que un ángel del Señor se le apareció, diciéndole:
Zacarías, Zacarías, sal y reúne a todos los viudos del pueblo, y que éstos
vengan cada cual con una vara, y aquel a quien el Señor envíe un prodigio, de
aquel será María la esposa. Y los heraldos salieron, y recorrieron todo el
país de Judea, y la trompeta del Señor resonó, y todos los viudos acudieron a
su llamada. Se consideraba que las doncellas judías habían alcanzado la edad
del matrimonio cuando cumplían doce años y seis meses, aunque la edad de la
novia variaba según las circunstancias. El matrimonio era precedido por los
esponsales, después de los cuales la novia pertenecía legalmente al novio,
aunque no vivía con él hasta un año después, que era cuando el matrimonio
solía celebrarse. Todo esto coincide con el lenguaje de los evangelistas. San
Lucas (1:27) llama a María " una virgen desposada con un varón de nombre
José"; S. Mateo (1:18) dice "Estando desposada María, su madre, con
José, antes de que conviviesen, se halló haber concebido María del Espíritu
Santo". Como no tenemos noticia de ningún hermano de María, debemos
suponer que era una heredera, y estaba obligada por la ley de Números 36:3 a
casarse con un miembro de su tribu. La ley misma prohibía el matrimonio entre
determinados grados de parentesco, de modo que incluso el matrimonio de una
heredera se dejaba más o menos a su elección. Según la costumbre judía, la unión de José y María tenía que ser
concertada por los padres de José. Uno se puede preguntar por qué María accedió
a sus esponsales, cuando estaba ligada por su voto de virginidad. De la misma
manera que ella había obedecido la inspiración divina al hacer su voto,
también la obedeció al convertirse en la novia prometida de José. Además,
hubiera sido un caso singular entre los judíos el rehusar los esponsales o el
matrimonio, ya que todas las doncellas judías aspiraban al matrimonio como la
realización de un deber natural. María confió implícitamente en la guía de
Dios, y por ello estaba segura de que su voto sería respetado incluso en su
estado de casada. XVII. La presencia de José Cuan José recibió la noticia, abandonando sus herramientas, salió
para juntarse a los demás viudos, y, todos congregados, fueron a encontrar al
Gran Sacerdote. Este tomó las varas de cada cual, penetró en el templo, y
oró. Cuando hubo terminado su plegaria, volvió a tomar las varas, salió, se
las devolvió a sus dueños respectivos, y no notó en ellas prodigio alguno.
Luego José tomó la última, y he aquí que una paloma salió de ella, y voló
sobre la cabeza del viudo. Asombrado el Gran Sacerdote dijo a José: Tú eres
el designado por la suerte, para tomar bajo tu guarda a Entonces José, lleno de temor, recibió a María bajo su guarda,
diciéndole: He aquí que te he recibido del templo del Señor, y que te dejo en
mi hogar. Ahora voy a trabajar en mis construcciones, y después volveré cerca
de ti. Entretanto, el Señor te protegerá. XVIII. El velo
del templo He aquí que los sacerdotes se reunieron en consejo, y dijeron:
“Hagamos un velo para el templo del Señor. Y el Gran Sacerdote dijo: Traedme
jóvenes sin mancilla de la casa de David. Y los servidores fueron a
buscarlas, y encontraron siete jóvenes. Y el Gran Sacerdote se acordó de
María, y de que era de la tribu de David, y de que permanecía sin mancilla
ante Dios. Luego, los servidores
partieron, y la trajeron. Introdujeron a las jóvenes en el templo del Señor,
y el Gran Sacerdote dijo: Echad a suertes sobre cuál hilará el oro, el
jacinto, el amianto, la seda, el lino fino, la verdadera escarlata y la
verdadera púrpura. Entonces la verdadera escarlata y la verdadera púrpura
tocaron a María, que, habiéndolas recibido, volvió a su casa. Así fue, como
en este momento, Zacarías quedó mudo, y Samuel lo reemplazó en sus funciones,
hasta que recobró la palabra. Y María tomó la escarlata, y empezó a hilarla. Bibliografía Protoevangelio de Santiago Enciclopedia Catolica Caminando con Jesús |
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María, madre mía, eres dueña de mi corazón Pedro Sergio Antonio
Donoso Brant |