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(Historia creada en
homenaje a Maria) Autor: Pedro Sergio
Antonio Donoso Brant |
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I. UNA BELLA FLOR GERMINA En la soledad de las áridas
tierras, junto con el ulular del viento, se oye la súplica de dos fieles de
Dios, implorando, ahí esta Ana y Joaquín tomados de la manos, ojos cerrados
¡Señor, mi único Dios, no puedo impedir una lágrima, por saber si puedo
germinar una semilla en mi, este desierto es mezquino con la vida, pero tu
eres lo mas grande, podrías hacer florecer cada pedacito de este estéril
suelo, escucha mi suplica y haz florecer en mi una flor, para que sea alegría
en tu jardín. Confiamos en que nos escuchas, ¡OH! Dios, tus fieles hijos
esperan confiados en ti. Sin perder la confianza en
Dios, Joaquín y Ana, esperan confiados y cuidan de su vida cultivando en sus
corazones la buena tierra, donde Dios hará germinar la flor mas bella de su
Jardín, solo El Sabe porque y para que.
Así fue, llegó el día, en
el cual se aromatizó el aire con perfume celestial, las estrellas brillaron
como nunca, el viento silencio su aullido y se presentó un ángel de Dios
donde Ana, diciéndole: «Ana, Ana, el Señor ha escuchado tu ruego”, y ella
junto sus manos entrelazando los dedos, sin poder contener un emocionado
suspiro cerro sus ojos para disponerse a oír al Ángel que agrego “ concebirás
y darás a luz y de tu prole se hablará en todo el mundo.» Ana, quien ama a
Dios intensamente no tarda en responder; «Vive el Señor, mi Dios, que, si
llego a tener algún fruto de bendición, sea niño o niña, lo llevaré como
ofrenda al Señor y estará a su servicio todos los días de su vida.» Contemplando al horizonte,
impaciente por comunicar a Joaquín, tan admirable, extremadamente buena
y extraordinaria y subliminal visita
angelical, observa con atención a dos mensajeros que a toda prisa se acercan
a su casa, y emocionados llegan hasta ella diciéndole; Ana, Joaquín, tu
esposo, está de vuelta con sus rebaños, pues el ángel de Dios ha descendido
hasta él y le ha dicho: Joaquín, Joaquín, el Señor ha escuchado tu ruego;
baja de aquí, ve a tu casa, tu mujer, va a concebir en su seno.» Entonces Ana, preparó una
ambientación de extraordinaria alegría para recibir a Joaquín, su esposo
amado, sin dejar de entonar salmos de agradecimiento a Dios, y acompasados
con el latir de su corazón, el cual no disimulaba su animada excitación del
gozo placentero de la noticia. Joaquín, llegó a casa
emocionado por tan grato acontecimiento, con los brazos extendidos hacia Ana,
ella al verlo venir, no pudo esperar en la puerta, corrió hasta él, se
abalanzó sobre su cuello, diciendo; “ Joaquín ahora veo que Dios me ha
bendecido copiosamente, pues deje de ser estéril, voy a concebir en mi seno.», juntos bendiciendo Dios, y extendiendo sus manos
hacia EL, entraron en casa, las puerta del hogar resplandecía como
nunca. Luego de reposar, Joaquín
vio como sus pastores celebraban con
emocionada alegría la visita del Ángel mensajero de Dios, y no dejaban
escapar el perfumado aire que se respiraba, presintiendo la presencia de
Dios, entonces Joaquín, les mandó a que le trajeran diez corderitos
hembra, sin mancha, diciendo; «Y
éstas, serán para el Señor Dios»,
luego mando por doce terneras de leche
y les encomendó; «Y éstas, serán para
los sacerdotes y el sanedrín»; y, finalmente, cien cabritos para todo el
pueblo. Pasado ya los meses que
había que esperar, Ana, le manifestó a Joaquín que había que preparar la
casa, este poso su cabeza sobre el vientre de Ana, y exclamó, «Se respira
perfume de ángeles, esta por nacer, alabado sea Dios» Toda la casa estaba
agitada, Joaquín mando por leña, había que temperar el hogar, las hermanas y
cuñadas, llegaban a casa, una preparó de comer, otra una suave cama en el
piso, otras atendían y animaban la futura madre, alguien se atrevió a decir,
“Los Ángeles de Dios están cuidando la casa, lo presiento”, los pastores
acercaron el rebaño y se sentaron cerca en las afueras, silenciosos en espera
de oír el llanto amoroso del recién
nacido. En un instante, el silencio reinó por todo el lugar, y en
los emocionados brazos de la comadrona una recién nacida le abre sus ojos,
hace un gesto de sonrisa y estalla en llanto, ella agitada y feliz grita, una
niña, es una niña. Ana la recibe en sus
brazos y deja a su recién nacida sobre su pecho, exclamando que hermosa flor,
¡OH! Dios, haz que sea la más hermosa de tu jardín. Tres años han pasado, la niña
juega feliz con sus padres, Joaquín prepara unas candelas, es tiempo de ir al
templo, pide la asistencia de unas doncellas sin mancilla, les pide que
enciendan las candelas, y les acompañen, hay que llevar la niña, para que su
corazón no sea cautivado por alguna cosa fuera del templo de Dios. Y así lo hicieron, y
marcharon al templo, acompañados por cantos de bellos salmos de alabanzas. Mientras iban
subiendo al templo de Dios, la recibió el sacerdote, este toma la niña en sus
brazos, y la observa cariñosamente, se estremece frente a su hermosura, y a
la dulzura de sus ojos, la besa, la bendice, y exclama; «El Señor ha
engrandecido tu nombre por todas las generaciones, pues al fin de los tiempos
manifestará en ti su redención a los hijos de Israel.» Luego, le toma de sus
manos y camina hasta la tercera grada del altar y la sienta. La niña manifiesta como El Señor derramó su gracia, sonríe,
mira con sublime dulzura, y luego danza,
entusiasmando y haciéndose querer de toda la casa de Israel. Feliz regresaron Joaquín y
Ana, sus padres, embargados por la emoción, llenos de admiración, alabando al
Señor Dios porque la niña no se había vuelto atrás. Dicen que María permaneció
en el templo como una paloma, recibiendo alimento de manos de un ángel. Nueve años después, al
llegar a los doce años de edad, los sacerdotes se reunieron para deliberar,
diciendo: «He aquí que María ha cumplido sus doce años en el templo del
Señor, ¿qué habremos de hacer con ella para que no llegue a mancillar el
santuario?» Entonces fueron donde el
sumo sacerdote y le dijeron: «Tú, que tienes el altar a tu cargo, entra y ora
por ella, y lo que te dé a entender el Señor, eso será lo que hagamos.» Así fue como el sumo
sacerdote, se viste con el manto de las doce campanillas, y entró en el
sancta sanctorum y oró por ella. Horas mas tarde, seguía
orando, cuando un ángel del Señor se apareció, diciéndole: “Zacarías,
Zacarías, sal y reúne a todos los hombres del pueblo”, este asombrado, escucha al Ángel que le pide, “Diles que
venga cada cual con una vara, en uno de ellos, se fijara el Señor Dios, sobre
quien el Señor haga una señal portentosa, será esposo de esta joven”. Por toda Judea salieron en
su búsqueda, y a cuanto varón dieron la noticia, así fue que al sonar la
trompeta de Señor, todos acudieron. Un buen hombre, algo
viejo, viudo, labraba madera en casa, y daba forma a nobles muebles,
carpintero, y llamado José, dejo sus herramientas y presintió que Dios le
invitaba a asistir, tomo su vara y caminó con su sencillez y humildad
habitual, su corazón presentía que no debía faltar, sus manos eran limpias,
su corazón, era hábitat de la pureza, su rostro, aunque algo cansado, era
reflejo de la bondad de su alma y de la obediencia al Señor. Así fue, como se unió a
los demás al llegar al templo, José oro en el, y dedico sus plegarias a Dios,
y como siempre ofreció su sometimiento, obediencia, y todo su corazón para
que sea colmado de su gracia. Una vez terminada su
plegaria, José fue por su vara, en
ninguna de las que estaba apiladas, aparecía señal alguna, pero al coger José la suya que era la última, sale agitando sus alas una paloma y
se puso a volar sobre su cabeza, ante el asombro, el sacerdote corre hasta
José, y le dice, “hombre bueno, tienes una gran misión, a ti te ha cabido la
gracia de recibir bajo tu custodia a II. UN ÁNGEL EN EL JARDÍN Era sexto mes, Maria, ya
esta desposada con José, como todas las madrugadas, el frío se apodera del
término de la noche, sin embargo ese día el aire era algo distinto, se
escuchaba el silencio en todo Nazaret, y el estrellado cielo hacia notar que
algo muy importante se anunciaba en En un instante de ese
amanecer, María siente la presencia de algo hermoso, el Sol aún no enseña sus
primeros matices, pero la habitación resplandece, enviado por Dios el ángel
Gabriel se hace presente. María, no disimula su
emoción, frente a tan bella presencia, junta sus manos, entrelaza sus dedo,
apega sus manos en el pecho y se dispone con gran recogimiento a oír al Ángel
quien la mira con dulzura del amor de quien lo ha enviado, este hace una
pausa y le dice tiernamente, Maria, «Alégrate, llena de gracia, el Señor está
contigo.», María, sin dejar de inquietarse, se concentra en si para meditar
un segundo sobre estas palabras, es necesario reflexionar acerca de este
saludo para llegar a comprenderlo y para encontrar una respuesta, pero la paz
del Ángel se adueña del ambiente, y para enternecer el encuentro, suavemente
le dice, Maria, «No temas, si, María, porque has hallado gracia delante de
Dios”. Maria, aprieta sus manitos de joven inocente al pecho, su corazón no
disimula la emoción, el Ángel Gabriel continua, “vas a concebir en el seno y
vas a dar a luz un hijo”, un hijo, murmura suavemente Maria, “si Maria un
hijo a quien pondrás por nombre Jesús”, continua el Ángel. María, no quiere alterar
nada, oye atentamente, y sigue al Ángel Gabriel, “Maria, Él será grande y
será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su
padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá
fin.» María, abre sus ojos,
mirando a Gabriel, como diciendo ¿puedo preguntar algo?, unos pequeños
pasitos para disimular la inquietud, y enfrenta sonriendo al Ángel y
pregunta, «¿Cómo será esto, puesto que no conozco
varón?» El ángel le mira, le sonríe, y entiende lo que le ocurre a Maria, entonces le
responde: Maria “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te
cubrirá con su sombra”, Maria, silenciosa demuestra en su actitud que
comprende el plan de Dios, además es hora de cumplir una vez más con la
ofrenda de Ana, y Joaquín sus padres, María, es un ser humano libre, capaz de
decisión y destinado a la responsabilidad. Maria debía consentir en el plan
eterno de Dios. El saludo del ángel fue para María la revelación de un
decreto celestial y a la vez la invitación al consentimiento. El Ángel,
vuelve sus ojos a Maria y le asegura, “el que ha de nacer será santo y será
llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo
en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril,
porque ninguna cosa es imposible para Dios.» María, busca las palabras en su
corazón, palabras de respuesta a Dios, suspira un instante, sonríe, y dice
amorosamente, «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»
El Ángel, se llena de gozo y satisfacción, por tan bello encuentro, la mira dulcemente, y se va. Pasan algunas horas, y
Maria ha estado orando sin levantar la cabeza, su disposición a Dios es
total, esta aún asombrada por todo, algo menos inquieta, recuerda al ángel
cuando le hablo de su prima Isabel, entonces
se apresura para visitarla, y se dirige a la casa de esta, llena de
alegría, todo el Espíritu la desborda. Apenas se asoma a la
puerta de la casa de Isabel, cuando se produce el encuentro, parecía que se
estaban esperando, ambas primas sonrieron, parecían saber todo lo que a las dos le alegraba, se
abrazaron y se miraron en silencio, Maria toco suavemente el vientre de
Isabel y se emociono al sentir esa tierna patadita de bebe que
impacientemente espera su día señalado. Isabel, la invito a
sentarse bajo un limonero, a disfrutar del día a la sombra del aromático
frutal, hablaron de Raquel, de Rebeca, de Ana la madre de Samuel, de Sara, de
la oraciones de Isabel y de las infinitas noches que desahogo su corazón ante
Dios, y de la incrédula sonrisa entregada a
Zacarías cuando volvió mudo del santuario y trató de hacer entender
que las oraciones de ellos, habían sido escuchada, y de cómo no fue capaz de
creerlo hasta que tuvo la certeza de que en su seno se había alumbrado la
vida. Dios se había acordado de Isabel lo mismo que de ambas madres de ellas
y les había visitado con el don de la fecundidad. “Así es prima Maria, le
dice Isabel, por eso necesité esconderme muchos meses: tenía que dar tiempo a
mi corazón para agradecer en el silencio y la soledad que el Señor me había
desatado el sayal de luto para revestirme de fiesta”. Isabel observa deslumbrada
a María, que esta resplandeciente, llena de gracia y reconoce en ella a la
elegida de Dios, convocada a la alegría, ella es la flor elegida para ser el orgullo del jardín de
su pueblo. Isabel respira
profundamente, y le brota una alabanza, que le nace del corazón: "¡Bendita seas entre
todas las mujeres, bendito el fruto de tu vientre!” María le oye enternecida,
y su prima le agrega “Dichosa tú que te has
fiado de Dios como nuestro padre Abraham…”, María, recibe las palabras
de Isabel con su habitual actitud de joven servidora de Dios, y responde a su
prima "Es a él a quien tenemos
que dirigir la bendición, que se ha
inclinado a mirar a la más pequeña de sus hijas, es que en mí ha visto a todos los que como yo, que no
poseen ni pueden nada y se apoyan solamente en El”. Que bien entienden ambas,
el porque cuando alguien confía en el amor de Dios, El hace maravillas, cosas
grandes y lo sienta a su mesa, y como
lamentan a los que son orgullosos y se creen algo, porque Dios los aleja de
su presencia. Isabel, agrega Maria, “yo
sólo era un jardín vacío y pobre pero él se ha pronunciado sobre mí, su
palabra, y el Ángel Gabriel ha llegado a mi jardín como en la primera mañana
del primer día de la creación,
entonces hizo brillar la luz de un nombre nuevo, el del hijo que ya está creciendo dentro de
mí”. “Que feliz me encuentro
prima, Dios se ha acercado tanto, le pertenezco, como esa semillita a la
tierra, especialmente por lo que ha hecho germinar, no podía hacer otra cosa,
es así como de mi corazón broto una respuesta breve, pero de entrega total
"Aquí estoy, hágase…" y deje atrás cualquier inquietud. Maria continúa. “Ahora,
Isabel, yo no sé cómo va a suceder todo esto, y entonces miro al que habita
en los cielos, levanto mis ojos, como los de los siervos que miran la mano de
sus amos, y como los ojos de la sierva miran la mano de su ama, así miro a
nuestro Dios, hasta que tenga Compasión de mi (Salmo 123,1-2), María se encuentra
adherida plenamente al plan de Dios, ella es mujer de fe pura, su prima
aprecia la grandeza de la fe de María, que no pidió ningún signo especial al
contrario, acepto la voluntad divina, motivada sólo por su amor a Dios, fue
invitada a creer en una maternidad virginal. Se esta ya cumpliendo
la profecía de Isaías, que culminara
con el nacimiento de Jesús, «He aquí
que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por
nombre Emmanuel» (Is 7,14 Tiempo después, Maria
sentada junto al ventanal buscaba con su mirada a José, y se preguntaba que
habrá soñado su esposo carpintero, que aún no se acercaba a comentárselo, a
el encantaba hablar de sus sueños, admiraba los sueños de Jacob y los
comentaba, y siempre le decía, Maria: “Me gusta lo que hace Dios, me entrego
a EL, cada vez que el descanso me obliga a cerrar mis ojos, y espero confiado
que Dios me hable en sueños” José, no se sale de su
humildad, su sencillez, es un hombre que habla con un corazón alimentado de
la sabiduría que le entrego el Padre Bueno, en el cual reconoce su mejor
consejero, y tiene la convicción plena, que es sólo con la sabiduría del
corazón como se conoce bien a Dios. María esperaba el saludo
matinal de su esposo José, que al venir a visitarla por la mañana, le decía:
“Dios nuestro Padre, nos ayude y nos Bendiga, que bella haz amanecido hoy”
ella se llenaba de alegría de su respetuoso esposo, se sentía cuidada por
él. Pero ahí estaba ya José,
con su delantal de carpintero, había comenzado a trabajar temprano, estaba
algo confundido, pero sabía que Dios le estaba encomendado algo muy
importante, Maria lo llama sonriente, “ven José, recemos juntos al Señor” José, recordaba como
sintió el llamado del Señor, cuando tomo su vara y fue al templo, como la
paloma que salio de ella se poso sobre él, sin embargo, su corazón humano
había sentido la desolación y la angustia cuando supo del embarazo de
María, pero ya había abandonado esa
ansiedad, se acercó a su esposa, y luego de un instante de silencio la miró
con los ojos de siempre, amoroso, y emocionado y tratando de disimular que
había estado inquieto. María, “me llegó El anuncio del ángel, en
el sueño de José, le hizo comprender precisamente, que debía asumir la
paternidad legal sobre el Niño que María lleva en su seno, cuyo carácter
mesiánico viene de esta manera asegurado. Estas palabras del ángel
son la ocasión y el momento para que
José ratifique responsablemente su voluntad
de seguir unido en matrimonio a María, pero, con una particularidad,
que María va a ser Madre. Así, José, hombre justo
que en el espíritu de las más nobles tradiciones del pueblo elegido amaba a María vuelve a sonreír, y
le dice a José, “ven José, recemos
juntos al Señor” José extiende su mano e
invita: “además, cantémosle salmos de alabanzas” III. María había respondió
libremente a los designios de Dios, y José
con gran respeto hacia ella, en quien el Espíritu Santo ha obrado
grandes cosas, deja todo en las manos de Dios. Así fue que en el momento
decisivo, se le apareció en sueños un ángel del Señor y le dijo: No temas
recibir en tu casa a María, tu esposa" (Mt 1,20). José, no es el padre
carnal del hijo de María, él recibe la misión de hacer de padre a Jesús.
José, acogiendo la voluntad de Dios, actúa como esposo de María y como padre
legal de Jesús. En José, encontramos un
hombre sencillo, de gran respeto, humilde, que supo acoger en secreto este
misterio de la acción de Dios en María y así fue que el hizo lo que el ángel
del Señor le había mandado, recibir a su esposa, respetarla, cuidarla,
acompañarla siempre y participar del nacimiento del Hijo. Pero Maria de Nazaret,
también es una mujer sencilla, campesina, y digo llena de sabiduría, no por
mucho leer o aprender, porque sabiduría es sabor, y quien a probado el sabor
de la presencia de Dios, se llena de sabiduría, ahora la amada, favorecida, y en cinta en espera del Hijo
de Dios. María se mira así misma,
ella fue mujer conciente, de forma libre asumió esta responsabilidad ante Dios,
respondiendo ante El, con todo su yo humano, femenino, en la misión más
importante encomendada por Dios a una persona
y cuenta con un esposo que la respeta, cree y confía en ella. Solo Dios sabe porque y
para que y como de que manera enteramente
libre actúa para escoger a la madre de su Hijo, de entre tantas mujeres,
“bendita es entre todas la mujeres”. Que gran orgullo para Ahí esta Maria, preparando
su ropa, la de su hijo que pronto va nacer y la de su esposo, hay que ir a
Belén para asistir al censo, el viaje será agotador, por caminos desérticos,
pero la confianza en Dios Padre, y el deseo de someterse a la voluntad de El,
le permite hacer su preparativos con alegría, buena ocasión para catarle a
Dios, Salmos de Alabanzas. Mientras José, su leal y
tierno esposo, prepara el asno, noble animal que a paso suave llevará sobre
si a ¡Vamos María!, exclamo
José, al entrar a buscarla, y agregó, ¿estas dispuesta a este duro viaje?,
María, siguiendo esa inspiración divina tan especial, asienta con su cabeza
la aprobación de partir. José, lamentándose un poco
por el sacrificio que tendrá que hacer su esposa embarazada, comenta, Maria,
tenemos que obedecer el decreto de César Augusto que ordena un
empadronamiento general, allá vamos. El empadronamiento, había
atraído a multitud de extranjeros a Belén, María y José sufrían las
consecuencias de tanto visitante y no encuentran alojamiento, pero hay que
encontrar un lugar para descasar, y proteger a María por avanzado embarazo,
así, fue como llegan a alojarse en una gruta que servía de refugio para los
animales. En una de esas noches,
"Estando allí, se cumplieron los días de su parto" (Lucas 2:6);
alrededor varios pastores “estaban velando las vigilias de la noche sobre su
rebaño" (Lucas 2:8). José fue por una comadrona y elementos de ayuda, y
luego regreso junto a su amada, tomo un paño, y secó el sudor de su esposa y
le entregó su confianza como esposo, y rezo para pedir a Dios protección. Algo especial se notaba de
nuevo en esa noche, las estrellas entregaban todo su resplandor, entre ellas
había una que se destacaba mas que las otras, de pronto el viento dejo de
ulular, se oía el silencio, Maria recordó el día en cual se le presento el
Ángel, por su parte José, se apoyaba en su vara y recordaba como salio la
paloma de entre otras que no era la suya, y presintiendo la presencia de
Dios, elevo su mirada al Cielo, como buscado hablar con el Padre, para
ratificar su lealtad y fidelidad. Las manos de José
terminaban de preparar con la paja de los animales un humilde pesebre, cuando
escuchó el llanto del niño recién nacido, entrelazo los dedos junto a su
pecho como tratando de calmar los latidos del corazón, y se acerco a Maria,
su joven y Virgen esposa, quien cansada como toda mujer que ha tenido un
parto, pero sin ninguna muestra de dolor y debilidad, ella con ese don de su
condición femenina y de Madre, le
sonríe, y le enseña al Hijo. Después de dar a luz a su
Hijo, María "le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre"
(Lucas 2:7). Mientras José y Maria,
contemplaban al niño, se oyeron unas voces que se acercaban, y unos pequeños
borregos que balan, eran los pastores que hacía vigila en los alrededores
cuidando su rebaño. Mira, mira es un niño
exclamo al llegar un pastorcillo cerca, las candelas de la gruta alumbraban
intensamente, y el resplandor que había casi los encandilaban. Es una noche de Jubilo
exclamo alguien casi cegado por la luz, me invade una alegría desmesurada
dijo otro. Pasados ocho días, Maria y
su esposo, llevaron al Recién nacido a María había comenzado a
cumplir ahora su rol de Madre, entregando toda la natural ternura de mujer
madre a su Hijo, preocupándose de la alimentación, de la muda y de cariño al
recién nacido. Como te siente, pregunto
José, muy bien, le responde María, y agrega, he observado que esa estrella
que esta al oriente, brilla y brilla mas que todas las otras, así es le
responde José, pero nada brilla tanto como el Niño, y tu estas bellísima,
eres la mas hermosa flor del jardín del Señor, ella sonríe, mira al niño,
luego a su esposo diciendo gracias José, adoremos al Hijo de Dios. Arrodillado junto al Niño
se encontraban José y María, cuando se escucho la llegada de visitantes,
alguien dijo ¡son reyes de oriente!, ¡vienen a adorar al recién nacido! , ¡son tres y le traen regalos! Maria y José, sabían que
toda madre judía de un varón hebreo tenía que presentarse cuarenta días
después de su nacimiento para su purificación legal, costumbre judía, el
primogénito tenía que ser presentado en esa misma ocasión, ellos acataron la
ley, y como pobres en vez de ofrecer un cordero, presentaron el sacrificio de
los pobres, este consistía en un par de tórtolas o de pichones. Terminaban los ritos de la
ceremonia, cuando sorprendido Simeón toma
al Niño en sus brazos y da gracias a Dios por el cumplimiento de sus
promesas, hace una llamada de atención
sobre la universalidad de la salvación que iba a venir a través de la
redención mesiánica "la que has preparado ante la faz de todos los
pueblos; luz para iluminación de las gentes y gloria de tu pueblo,
Israel" (Lucas 2:31 sq.). María y José comenzaron
ahora a conocer más plenamente a su divino Hijo; ellos "estaban
maravillados de las cosas que se decían de El" (Lucas 2:33). Sin embargo, como si
quisiera preparar a su Bienaventurada Madre para el misterio de la cruz, el
santo Simeón le dijo: "Puesto está para caída y levantamiento de muchos
en Israel y para blanco de contradicción; y una espada atravesará tu alma
para que se descubran los pensamientos de muchos corazones" (Lucas
2:34-35). Al oír estas palabras,
María entristeció, experimento un gran dolor en el corazón, y se retiro
triste junto a José, estaba asombrada, ¿que habrá querido decir Simeón? Algo estaba ocurriendo en
el reino de Herodes, oscuros propósitos se vislumbraban, así fue que mientras
dormía Maria, se acerco hasta ella José, diciéndole, ¡Maria tenemos que
partir lejos!, Sucedió que Poco después
de la partida de los magos, José recibió el mensaje del ángel del Señor,
había que huir: "Levantándose de noche, tomó al niño y a la madre y
partió para Egipto" (Mateo 2:14). Así fue, rápidamente, José
obedeciendo al Ángel, hizo los preparativos para la huida, Maria tomo a Jesús
en Brazos, en actitud de protección, y comento que los judíos perseguidos
siempre habían buscado refugio en Egipto (cf. III Reyes 11:40; IV Reyes
25:26); ¡Vamos José, son numerosos los Judíos que habitan en el Nilo! Vamos, Maria, contesto
José, el Señor esta con nosotros, confiemos en El, hasta que llegue el día
del retorno, el ya debe saber para cuando y nos dará la señal para
regresar. María vuelve a subir a su
asno y con su Hijo en Brazo, como toda buena Madre, le dar calor y
protección, José sonríe, la mira y le dice ¡Maria, buena
Madre, Selecta Flor, porque para el es considerada la mejor en relación con
todo, es IV. MARÍA, UNA FLOR QUE NO SE
MARCHITA “Maria, necesito
hablarte”, y se acerco junto a ella José inmediatamente llegada la mañana,
<<Buenas noticias, regresamos a Nazaret>>. Después de la muerte de
Herodes, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo:
20«Levántate, toma contigo al niño y a su madre y regresa a la tierra de
Israel, porque ya han muerto los que querían matar al niño». 21José se
levantó, tomó al niño y a su madre, y volvieron a la tierra de Israel. 22Pero
al enterarse de que Arquelao gobernaba en Judea en lugar de su padre Herodes,
tuvo miedo de ir allá. Conforme a un aviso que recibió en sueños, se dirigió
a la provincia de Galilea 23 y se fue a vivir a un pueblo llamado Nazaret.
Así había de cumplirse lo que dijeron los profetas: Lo llamarán ''Nazareno''. Así fue como <<Vamos hijo, llego
la hora de regresar>>, le dijo a su niño, y le preparó para el viaje
por el desierto, hubo que preparar alimentos agua y abrigo, <<llevamos
el burrito >>, pregunto el hijo, mientras los niños vecinos, los amigos
y amigas de la familia se acercaba a despedirse. Es así, como de pronto al
lento paso del animal, caminaba ya José, había que unirse a las caravanas de
los viajeros que viajaban a Jerusalén y otros lugares de Judea, María
abrazaba a su Hijo, ya montada sobre el asno y pensaba con ilusión el volver
a ver su familia, a la familia de José su esposo, así como Jose dabas gracias
a Dios, por el retorno. Animando el viaje, se oye
cantar dulcemente a Maria, El Señor es mi pastor; nada me Faltará, en prados
de tiernos pastos me hace descansar. Junto a aguas tranquilas me conduce.
Confortará mi alma y me Guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.
Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú
Estarás conmigo. Tu vara y tu cayado me Infundirán aliento. Preparas mesa
delante de Mí en presencia de mis adversarios. Unges mi cabeza con aceite; mi
copa Está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me Seguirán todos
los Días de mi vida, y en la casa del Señor, moraré por Días sin fin. La vida en Galilea es
tranquila y las fiestas importantes se realizan en Jerusalén, y en las
Fiestas de Pascua, y otras importantes actividades, el país se moviliza por
largas distancias, los hombres se preparan para sus caminatas junto al noble
asno, que transporta a sus esposa o madres, los niños caminan junto a su
padre. Es así, como María ya ha
hecho todos lo preparativos para partir, Jesús ya ha cumplido los 12 años, y
esta deseoso, ir a la ciudad siempre es muy interesante, recorrer las calles
con sus mercados, ver gente nueva, ver personas que llegan de tantos lugares,
y las alegres situaciones que van sucediendo en el camino, especialmente los
momentos de descanso y comida dentro de la ruta, generalmente compartidos con
otros peregrinos. Falta poco por llegar, las
últimas estrellas están por desaparecer y se ven a lo lejos las altas
techumbres de la ciudad, María le cuenta a su Hijo como se vive allí con
tanto gentío, especialmente los días de fiesta, y le agrega las últimas
recomendaciones, Jose escucha atentamente y asienta con la cabeza, mira,
sonríe y aporta con sus sencillos consejos. María, presiente al igual
que toda madre, que es importante advertir las situaciones que generalmente
ocurren hasta hoy día con los hijos cuando se esta de visita en la gran
ciudad, que llevados por su interés, y por la natural distracción de los
padres, a los que también les llama la atención las cosas novedosas, de
repente no están juntos. Además, Jesús ya tiene
personalidad y conciencia de su misión, es así como el se va sólo a la casa
del Padre, significado de una entrega completa a Dios, que ya había
caracterizado su presentación en el templo. Maria, será preparada como
madre para el misterio de María esta angustiada,
donde esta mi hijo se pregunta, al igual que José, sufre los primeros tres
minutos de dramatismo, luego las tres primeras horas. Según el relato de
Lucas, en el viaje de regreso a Nazaret, María y José, después de unas horas
de viaje, preocupados y angustiados por el niño Jesús, lo buscan inútilmente
entre sus parientes y conocidos. ¡OH!, Dios Padre, donde
estará mi Hijo, se angustia María, mientras la consuela su esposo José, y así
pasan tres días dramáticos. “Jesús, al dejar partir a su madre y a José hacia
Galilea, sin avisarles de su intención de permanecer en Jerusalén, Jesús los
introduce en el misterio del sufrimiento que lleva a la alegría, anticipando
lo que realizaría más tarde con los discípulos mediante el anuncio de su
Pascua (JP II)”. De regreso en Jerusalén y
después de buscarlo por todas partes, María y José ingresan al templo, y
quedan asombrados, ahí esta su Hijo, «sentado en medio de los doctores,
escuchándoles y preguntándoles» (Lc 2, 46). María esta algo extrañada por su
conducta, José lo observa y se sienta, esta algo cansado, han transcurridos
tres días intensos, pero esta feliz, porque tiene frente a sus ojos a Jesús,
«Todos los que lo oían estaban estupefactos por su inteligencia y sus
respuestas» (Lc 2, 47). Jesús, manifestando una sabiduría que asombra a todos
los oyentes, comienza a dar a conocer ese diálogo, que será una
característica de su misión salvífica. Sin embargo para María,
como su madre, es necesario preguntarle, «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto?
Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando» (Lc 2, 48). Ella
reacciona como la verdadera madre que es, muestra el sufrimiento que le causa
no saber de su Hijo. «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía
ocuparme de las cosas de mi Padre?» (Lc 2, 49)., «Mi Padre», refiriéndose al
Padre celestial, ambos miran con cariño a José, quien entiende, a su hijo, y
le hace saber su preocupación, en efecto, el esposo de María, reconoce la
ascendencia divina de su hijo, pero no deja de lado su responsabilidad como
padre que ha criado al niño, que le ha enseñado el arte de la carpintería,
que ha jugado con él tantas veces, han cantado junto, ha vigilado su sueño,
se ha preocupado de la calidez de hogar. Pero, Jesús, le pide a sus padres, le permitan cumplir su misión donde
lo lleve la voluntad del Padre celestial. «Pero ellos no comprendieron la
respuesta que les dio» (Lc 2, 50). María vivió profundamente
este episodio,«conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón» (Lc
2, 51), así ella vincula los acontecimientos al misterio de su Hijo, tal como
se le reveló en Así comienza una nueva
etapa en el caminar de Maria, una madre que se pone al servicio de <<Vamos amada mía,
dice José>>, mostrando nuevamente lo justo que es, el no encuentra
obstáculo en las cosa y obras de Dios, así han de estar dispuestos los
hombres de Dios, colaborar, trabajar, vivir, convivir, por Dios y para Dios,
de manera generosa. Así los esposos, solo
piensan lo importante es el plan de Dios, entonces siguen viviendo en
Nazaret, con el día a día natural, el de madre que cuida de su Hijo según va
creciendo, y atiende a su esposo hasta el día que la antecede y es llamado
por el Padre. Maria, hace sol sus
labores rutinarias, esta la oración, la conversación con su Hijo, conserva en
su corazón las cosas anunciadas, y con mucho amor sabe que esta haciendo el
trabajo para Dios, por Dios y por la obra de Dios. El señor plantó en este
bello jardín terrenal, una bella flor, fue la mas bella que se ha conocido,
El sabia para que y porque, hoy nuestros ojos se rinden ante su pureza, su
corazón, su ternura, sencillez y nobleza, así eres, flor de belleza, brindas
felicidad al verte, produces paz el mirarte, eres pétalos de ternura, eres
poema de hermosura, el aire se congratula de tenerte, el agua, se emociona al
rociarte, la luz se emotiva al alumbrarte, eres flor que no se marchita,
pétalos que no se caen, raíces que jamás se secan, en el jardín te veneran. V. EPÍLOGO Ciertamente, Maria, no
solo fue Maria educa y enseña las tradiciones
de su pueblo a Jesús, le enseña a cantar Salmos, le habla de Moisés, le
prepara de comer, le da calidez al hogar, cuida de su sueño y luego de ser
madre y educadora, se hace la mas humilde de las discípulas de su Hijo, he
ahí la grandeza de la tarea encomendada a María nunca deja de ser
Madre, Madre de Cristo, Madre de los cristianos, Madre Nuestra, así lo
dispuso Dios, el Espíritu Santo ha querido que quedase escrito, para que
constase por todas las generaciones. En efecto, Nuestra Madre
María, acompaña a su Hijo paso a paso, día a día, solidaria y apasionada por
su misión redentora, alegre y luego sufrida, amando intensamente a su hijo,
ocupándose de El. Acordémonos del relato de
las bodas de Caná, imaginemos esa casa de campesinos, con mucho invitados, la
música y el canto alegre de una boda, el baile, la alegría del evento, la
amena charla y participación de los invitados que han caminado horas y
algunos días para llegar a tan hermosa ceremonia que une a los amigos y
familias, ahí entre ellos esta María y su Hijo, Ella como buena ama de casa,
amable y dedicada para atender a los invitados, se da cuenta sola, y en
seguida, “falta vino”, dice, algo muy propio de una buena mujer preocupada
del hogar, pronta a advertir los pequeños detalles, que hace tan agradable la
vida familiar, así es Maria. Es así, como Maria,
presente siempre en la vida de Jesús, especialmente en el comienzo de la vida
pública de su Hijo, porque no, preparando la cena de Jesús y sus amigos, o
con el dolor en el camino al calvario. Hasta el último día, Jesús
confió plenamente en su madre, así lo demuestra cuando a Juan, discípulo que
la había amado, y que había aprendido a querer a María como a su propia madre
y era capaz de entenderla, antes de expirar, allí al pie de la cruz, le dice
a su madre: <<Mujer, ahí tienes a tu hijo>> Después, dice al
discípulo: <<Ahí tienes a tu madre>>. Jesús nos invito de esta
manera a que pongamos a Santa Maria, su Madre Virgen en nuestras vidas, y
nosotros nos acercamos a Ella con confianza, como nuestra Madre, y Ella tan
dulce y tierna, tan amorosa no se hace de rogar y nos atiende, incluso se
adelanta a nuestras súplicas, su gran maternidad le hace conocer nuestras
necesidades y no tarda en acudir en nuestra ayuda. Ella Elegida por Dios,
como Madre de Jesús, y entregada por Jesucristo a nosotros como nuestra
Madre. Tenemos miles y miles de
motivos para sentirnos de una manera especial, que somos hijos de María. “Nos acogemos bajo tu
protección, Santa Madre de Dios: no desprecies las súplicas que te dirigimos
en nuestra necesidad, antes bien sálvanos siempre de todos los peligros,
Virgen gloriosa y bendita” |
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María, madre mía, eres
dueña de mi corazón Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |